Diálogo

Dra. Verónica Valenzuela Favre, directora del Colegio Itahue:“Tuve el ejemplo diario de un excelente médico”

Médico, esposa y madre de siete hijos asumió el desafío de dirigir el Colegio Itahue, porque es una apasionada por la Educación. Dice que cada día se esmera por tratar de ser mejor en cada faceta de su vida.


Médico, esposa y madre de siete hijos asumió el desafío de dirigir el Colegio Itahue, porque es una apasionada por la Educación. Dice que cada día se esmera por tratar de ser mejor en cada faceta de su vida.


Por Cecilia Díaz R.

– Al recordar su infancia, ¿cuál es la primera imagen que viene a su memoria?

– Las vacaciones en Lican Ray con mis papás y hermanos. Por muchos años arrendamos alguna cabaña cerca del lago. A veces nos cansábamos del mismo lugar y partíamos a alguna otra zona de Chile; pero siempre volvíamos al año siguiente.

– ¿Quién fue su héroe (heroína) de infancia?

– Mi papá. Además de que tenía una forma muy particular de educarnos a través de “sus sermones”; su profesión, la cual compartía conmigo en conversaciones o viendo películas de cirugías que realizaba, me cautivó desde muy temprana edad. Hoy, de adulta, sé que detrás de cada gran hombre, hay una gran mujer, y sé que mi mamá siempre supo estar ahí apoyando.

– ¿Qué huella dejó en usted la formación en el Lycée Charles de Gaulle?

– En lo humano, un extraordinario grupo de compañeros con el cual me sigo reencontrando una vez al año y whatsappeando. Es como esa familia que pocas veces ves, pero que sabes que siempre está ahí. En lo formativo, la responsabilidad, perseverancia y fortaleza para el estudio. Era un colegio bien exigente.

Vocación de servicio

– ¿Por qué estudió Medicina?

– Con un papá médico y una mamá enfermera, el área de la salud viene un poco por genética. Pero más allá, tuve el ejemplo diario de un excelente médico, con vocación de servicio, cercano, que no sólo veía enfermos, sino que detrás de ellos veía a la persona y a su familia.

– De su formación en la U. de Concepción, ¿a qué profesor recuerda con admiración?

– Recuerdo con mucho cariño al Dr. Hernán Sotomayor, internista y docente por muchos años. Su calidad humana y su respeto por el paciente no me cabe duda de que marcaron a muchos de los estudiantes que rotamos con él.

– ¿Los chilenos estamos más enfermos del cuerpo o del alma?

– Quizás un poco de ambos… Creo que debemos partir por sanar el alma para seguir adelante.

– ¿Cuál es la clave de una buena relación médico-paciente?

– Pienso que hay muchos factores; pero me parece que la empatía es la clave. Entender el fondo de lo que nos quiere transmitir cada paciente, a veces va más allá del solo dolor físico. Muchas veces, el darle tiempo y escucharlo, soluciona el motivo de consulta.

– ¿Cuál es el secreto para lograr un matrimonio sólido y feliz?

– Como en muchos aspectos de la vida, es vital la buena y permanente comunicación. Tener claro que el cónyuge es siempre lo primero, que el amor se puede acabar si no lo cuidas y, en mi caso, que en mi matrimonio somos tres: Dios, mi marido y yo.

– ¿Es una mamá exigente?

– Bueno… habría que preguntarles a mis hijos… Para Tirso (mi marido) y para mí, la educación de nuestros hijos ha sido un tema del cual nos hemos preocupado y ocupado. Hemos tratado de formar bien a nuestros hijos; a veces ha significado dar un “NO” con el dolor de mi alma, pero visto lo que hoy son cada uno de ellos, creo que no lo hemos hecho tan mal. Cada uno de ellos es un orgullo para mí.

Educación diferenciada

– Por su experiencia en el Itahue, ¿qué beneficios tiene la educación diferenciada por sexo?

– Hombres y mujeres somos naturalmente diferentes, basta ver lo más evidente en el aspecto biológico, pero además tenemos ritmos de madurez diferentes, y diferencias en lo funcional y afectivo: cómo nos comunicamos, cómo aprendemos, cómo nos relacionamos. Hombres y mujeres hacen lo mismo, pero de distinta manera; por lo cual, lo más lógico, es respetar esas diferencias naturales. Por otro lado, favorece la igualdad al permitir que hombres y mujeres se destaquen a la par en toda la gama de actividades curriculares y extracurriculares que se desarrollan en un colegio.

– ¿Cuál ha sido su máxima satisfacción como directora del Colegio Itahue?

– Creo que no puedo decir sólo una. Al cabo de cada día, siempre hay algo que me enorgullece y me llena el corazón de alegría; el logro de una alumna, el agradecimiento de algún papá, el desafío alcanzado de alguna profesora. Siempre hay algo.

– Si le dieran a elegir, ¿opta por la Medicina o la Educación?

– ¡Qué difícil! ¡Ambas me apasionan! Hoy, como directora del Colegio Itahue y del Programa de Educación de la Afectividad y Sexualidad de la USS, digo que me dedico a la Medicina Preventiva.

Virtudes y defectos

– ¿Cuál es hoy su desafío pendiente?

– Creo que todavía me falta aprender mucho para ser mejor, mejor persona, mejor esposa, mejor mamá, mejor profesional, mejor católica y sigo sintiendo que me falta el tiempo para hacerlo.

– ¿Qué situación le genera máxima plenitud?

– Los logros de mi marido y de cada uno de mis hijos. No hay nada mejor que ver la cara de alguien que ha hecho su mejor esfuerzo y ha alcanzado una meta.

– ¿Cuál considera que es su mayor virtud? ¿Su peor defecto?

– Es tan fácil encontrar las virtudes y tan difícil ver los defectos. Empiezo por los defectos, la falta de humildad para verlos con facilidad (y poder corregirlos). Virtud, me considero una persona muy paciente, no sé si conmigo misma, pero sí con el resto.

– ¿Rock, pop o música clásica?

– Sin duda el pop, me da la oportunidad de pasarlo muy bien con mis hijas.

– ¿Con qué nos encontraremos después de la muerte?

– Trabajo día a día por encontrarme cara a Dios; pero creo que me falta mucho trabajo por delante para ser mejor persona y espero tener el tiempo suficiente para prepararme.