“Mamá, quiero ser sacerdote”

Carmen Díaz y María Navarrete son madres de sacerdotes que han servido en diversas comunidades de la Arquidiócesis de Concepción. Ambas coinciden en la necesidad de orar por las vocaciones y animan a responder con generosidad al llamado de Dios. 

Por Claudia Miño 

“Los expertos me lo han dicho claramente, si hoy crucifico a un sacerdote en público voy a tener éxito y me van a dar importantes premios. Si por el contrario hablo bien de un cura, me van a crucificar a mí”. Con estas palabras dio inicio el cineasta católico Manuel Cotelo al documental La Última Cima en 2010 y si bien son palabras fuertes, ¿podemos decir que no son ciertas?

Este es el escenario que enfrenta el sacerdocio en estos tiempos, lo que sumado a la evidente disminución de ingreso al Seminario -actualmente en el de Concepción solamente hay tres jóvenes- genera preocupación y cierto grado de incertidumbre entre los fieles, ya que diversas comunidades podrían quedar sin un sacerdote en el futuro cercano. 

Las congregaciones religiosas viven una situación similar, por lo que la Iglesia Católica ha hecho un continuo llamado a orar por las vocaciones, pero ¿cuántos lo hacen pidiendo que éstas surjan en sus propias familias?

Si bien ser madre de un sacerdote o de una religiosa siempre ha implicado entrega y desprendimiento, en la sociedad actual lo es con mayor razón. Sin embargo, Carmen Díaz y María Navarrete, quienes son madres de sacerdotes, aseguran que pese a las dudas y temores que puedan surgir, es importante ponerse en oración y estar dispuestos a decirle que sí al Señor. 

Para ellas, la vocación de sus hijos ha sido un regalo y un motivo de profundo agradecimiento a Dios. 

“Mamá, me voy al Seminario”

Carmen Díaz es madre del Padre Pedro Gómez, quien pronto cumplirá 20 años de sacerdocio, y actual párroco de la parroquia Sagrados Corazones de Jesús y de María de Talcahuano. Cuando recibió el llamado al sacerdocio participaba en la P. Natividad de María en Concepción, donde “se juntaban muchos jóvenes con la esperanza de un mundo mejor, era muy bonito ese tiempo”, señala. 

“Él primero estudió, es Ingeniero de Ejecución en Industrias Forestales, y una vez que terminó dijo ‘Papá, mamá, aquí está mi título y yo ahora me voy al Seminario’ (…) Yo ya sabía que estaba en discernimiento, así que era algo que yo esperaba”, relató. 

La madre del Padre Pedro señaló que en ese tiempo vivieron diversas situaciones difíciles, pero “yo creo que el Señor lo fue preparando de a poco”, y cuando ingresó al Seminario “empezó una vida, que era muy distinta a la que nosotros pensábamos, pero siempre lo hemos acompañado en todo (…) íbamos a la Semana de la Familia en el Seminario Metropolitano, era muy hermoso y ahí conocimos a personas con mucha dedicación a la Iglesia, conocimos otro mundo”, comenta.

Por su parte, María Navarrete, es madre del Padre Ricardo Valencia, quien recientemente cumplió 12 años de sacerdocio y es el actual Párroco de la P. Inmaculada Concepción de Santa Juana. Señala que su hijo tenía solo 17 años cuando les dijo que quería ser sacerdote. 

“Yo creo que el Señor lo fue preparando de a poco”, y cuando ingresó al Seminario “empezó una vida, que era muy distinta a la que nosotros pensábamos, pero siempre lo hemos acompañado en todo (…)”, Carmen Díaz, madre del Padre Pedro Gómez.

Si bien veía a su hijo participando en la parroquia, no esperaba que de un momento a otro le dijera que un sacerdote vendría a hablar con ellos, porque se iba a ir al Preseminario, “no fue algo que estuviera pensando a largo plazo”, él estaba decidido a empezar su formación. 

“Todos nos asombramos, porque normalmente los jóvenes de esa edad no te dicen que quieren irse al Seminario, entonces es una de las cosas que no esperas que te digan. Pero nosotros estábamos contentos, asombrados, pero contentos”, señaló. 

Qué el Señor guíe su camino

Para Carmen Díaz es una alegría tener un hijo sacerdote y que “para toda mamá su hijo es la luz de sus ojos y para mí, mis tres hijos son también mis tesoros que guardo en mi corazón, porque son un regalo de Dios. Y al ser el hijo mayor, el único varón, con mayor razón”. 

En ese contexto relató que junto a su esposo y sus hijas siempre procuran estar en las comunidades donde él presta servicio, por lo que han sido feligreses en Curanilahue, Chiguayante, Pedro de Valdivia y ahora en Talcahuano. “Hemos conocido cosas muy lindas junto a él”, enfatizó. 

Además, valoró que su hijo siempre ha sido “muy obediente, generoso, leal y solidario, sobre todo en tiempos difíciles”, y destacó su capacidad de adaptarse a distintos ambientes. 

Ante los problemas que han surgido en la Iglesia, Carmen Díaz sostuvo que “nosotros estamos tranquilos, somos buenos cristianos y confiamos en el Señor y en la Santísima Virgen, por lo que sé que él está en buenas manos (…) yo nunca le he dicho ‘estás en peligro, no vayas para allá’, (…) porque él está formado y confío en que le dimos valores, como el respeto y la honestidad, que es lo más importante y él lo tiene”.

“Estoy muy feliz de tenerlo como hijo y espero que Dios guíe su camino”, afirmó. 

El Señor nos miró

Para María Navarrete, quien además tiene dos hijas y un hijo, ser padres de un sacerdote implica “un compromiso también de parte nuestra con la Iglesia en general, porque nosotros tenemos que estar siempre cerquita de Dios o trabajando por manifestar a Dios, porque tenemos a alguien que se comprometió con el Señor, entonces aparte de apoyarlo a él, uno siente el compromiso con la Iglesia”. 

En ese contexto, valoró la belleza de “ver que de alguna forma el Señor también te miró, porque llamó a alguien a quien le diste la vida, lo criaste y lo indujiste, porque uno induce a los hijos en la forma de vida que llevan (…) No en todos los hogares resulta de la mejor forma el cómo los papás pretendieron educar, criar y enseñar. Entonces es bonito saber que Dios de alguna manera te miró, pero te miró como familia”. 

La madre del Padre Ricardo sostuvo que esto también implica la responsabilidad de “estar siempre manifestando a un Cristo vivo” y reconoció que eso es un gran desafío. 

Elegidos por Dios

La madre del Padre Pedro aseveró que “es verdad que no hay tantos sacerdotes como antes o no los va a haber”, por lo que enfatizó la necesidad de que “nosotros como laicos evangelicemos con nuestro ejemplo”. 

Además indicó que algo que la ha hecho reflexionar es el que a nuestra arquidiócesis hayan llegado religiosas y sacerdotes desde otros puntos del mundo, “eso me hace pensar mucho, porque en nuestro medio no hay muchas vocaciones y tienen que venir de tan lejos y dejar todo, dejar sus familias, su país, sus costumbres. Es una cosa muy grande”. 

En ese contexto, Carmen Díaz invitó a las madres de jóvenes que están sintiendo el llamado al sacerdocio o a la vida religiosa a “tener plena confianza, porque el Señor hace las cosas”.

“Si lo ha elegido es por algo, porque ellos son elegidos. Así que a tener plena confianza en que la Iglesia lo va a acoger y nunca lo va a dejar. Eso he visto yo, que siempre ellos se están ayudando”, destacó. 

En tanto, María Navarrete explicó que cuando un hijo habla acerca de su vocación al sacerdocio o a la vida religiosa, pueden surgir inquietudes respecto a si serán felices, si les va a costar vivir porque no van a tener un sueldo, qué va a pasar si después de un tiempo deciden no seguir prestando ese servicio y no tienen una profesión para solventarse, si van a quedar desprovistos, “porque generalmente uno siempre trata de mirar a los hijos al futuro, entonces puede ser que una mamá tenga dudas en esos aspectos”. En estos casos, la madre del Padre Ricardo llamó a ponerse en oración, reflexionar y confiar en que “Dios provee. De hecho nosotros lo hemos visto”.

“Todos nos asombramos, porque normalmente los jóvenes de esa edad no te dicen que quieren irse al Seminario, entonces es una de las cosas que no esperas que te digan. Pero nosotros estábamos contentos, asombrados, pero contentos”, María Navarrete, madre del Padre Ricardo Valencia

Mientras que a aquellas madres que ya están apoyando a sus hijos en el camino del sacerdocio o la vida consagrada, María Navarrete les aseguró que “a medida que vaya pasando el tiempo, van a ir recibiendo más momentos lindos”. 

Tanto la madre del Padre Pedro Gómez como la madre del Padre Ricardo Valencia hicieron un llamado a ser generosos y también a orar como familia cristiana por el aumento de las vocaciones. Además, invitaron a “apoyar y rezar siempre por nuestros sacerdotes, nuestras religiosas y consagrados que están prestando un servicio a la Iglesia”.