El difícil regreso a la universidad

El retorno al ritmo de la actividad presencial y obligaciones propias de la educación superior, hizo que muchos estudiantes colapsaran. Esto, llevó a que la mayoría de las casas de estudio implementaran “recesos académicos”, una forma de aliviar el estrés y cansancio de quienes algunos llaman la “generación de cristal” por la baja tolerancia que tienen a la carga laboral o académica. 

Érico Soto M.

El regreso a la presencialidad después de la pandemia, dejando de lado la pantalla y las clases virtuales, se hace notar a nivel universitario. A la diferencia del formato, se suma el regreso del ritmo y obligaciones propias de la educación superior, algo que ha ocasionado más de algunas complicaciones, sobre todo a quienes no habían pisado las aulas y recién este año conocieron las salas de clases.

Diferentes casas de estudio acogieron las solicitudes de sus centros de alumnos respecto a recesos dentro del semestre en curso. La Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción (FEC) presentó una propuesta para acceder a una ventana libre, argumentando que esta situación se produce por la sobrecarga académica y el deterioro en la salud mental que significó el abrupto retorno a la presencialidad, agravado por las condiciones personales de cada estudiante.

Algo similar ocurrió en la UCSC, donde las autoridades accedieron al planteamiento de los alumnos, a través de la Federación, como una medida para enfrentar la percepción de agotamiento y estrés académico. Algo que, adelantan desde la casa de estudios, podría volver a darse durante el segundo semestre.

Cecilia Pérez, Directora de Servicios Estudiantiles (Dise) de la Universidad de Concepción, sostiene que un factor a tener en cuenta es que los alumnos deben enfrentarse a la rutina de salir de casa o de cambiarse de ciudad para, efectivamente, asistir a clases.

“Eso ya es un estresor para los estudiantes y también para las familias, sobre todo desde el punto de vista económico y también desde la separación del punto de vista emocional, de la protección que brinda el hogar. Tenemos tres generaciones que entraron de manera conjunta, lo que ha sido un desafío para los estudiantes, quienes se acostumbraron al trato virtual con sus compañeros y profesores y hoy deben hacerlo cara a cara, lo que también implica una prueba desde la interacción interpersonal para quienes son más retraídos”, señala. 

Asimismo, afirma que desde el punto de vista académico, las clases presenciales conllevan otra exigencia: “Hay mayor conversación, se producen otras dinámicas de transmisión de conocimientos y eso hace que también se eleve la carga académica, junto a la realización de asignaturas prácticas que quedaron en espera. Finalmente, una de las mayores preocupaciones de hoy, no solo en la universidad, es el bienestar integral, particularmente a partir de los impactos de la pandemia. Tenemos un aumento de las consultas psicológicas, tenemos problemas de salud porque se somatiza, la gente se enferma”, señala.

Paola Núñez, Directora de Apoyo a los Estudiantes de la UCSC, coincide en que haber estado durante más de dos años con una metodología que implicaba menos dedicación en la parte académica, generó esa sensación y percepción de recarga, sin que necesariamente la universidad haya modificado el ritmo académico con respecto a otros años.

“En el mundo, no solo acá, los estudiantes están presentando una adicción a las pantallas y a las redes sociales. Eso ocupa mucho tiempo a una actividad que finalmente es muy poco productiva, y que también genera cansancio mental. Como no había carga académica excesiva para los estudiantes, no se planificó en el programa académico un receso para este año, pero finalmente se adoptó ante el requerimiento de ellos a partir de esta percepción”, señaló Núñez.

Salud mental

La rectoría de la UCSC aprobó un plan especial para ir en apoyo de la salud mental de los alumnos. Esto, a partir de las demandas de atención y porque “las competencias sociales y psicológicas a partir de este año vienen disminuidas, desde espacios de comodidad y seguridad como son sus casas, una pantalla, y las relaciones sociales bajaron mucho”.

De esta forma, la Universidad desarrolló una propuesta para reforzar la salud mental con atenciones psicológicas clínicas, talleres terapéuticos, como también otros espacios que tienen que ver con prevención. Paola Núñez agregó que “el sistema de salud es quien debiese responder, pero nosotros como Universidad damos apoyo, vemos casos más urgentes, y establecemos un instrumento científico para priorizar la consulta”.

“Tenemos tres generaciones que entraron de manera conjunta, lo que ha sido un desafío para los estudiantes, quienes se acostumbraron al trato virtual con sus compañeros y profesores y hoy deben hacerlo cara a cara”, Cecilia Pérez, Directora de Servicios Estudiantiles UdeC.

En la U. de Concepción, a través de las unidades de Bienestar estudiantil, Salud, Actividades Extraprogramáticas y Deportes, ponen a disposición alternativas y atención integral que mire los determinantes sociales de la salud. 

“No vamos a resolver un problema de salud mental solo aumentando horas de psicólogo, en ninguna parte resulta. Lo que tenemos que construir es una forma comunitaria de enfrentar los problemas que aquejan al bienestar de los estudiantes. En este sentido, en la Dise queremos brindar una mayor integración entre las distintas unidades que son parte de nuestro quehacer. Queremos redoblar los esfuerzos para que los estudiantes conozcan el trabajo que se realiza y todas las opciones que tienen. Por otra parte, buscamos generar una sinergia para que, por ejemplo, un psicólogo que atiende a estudiantes estresados o a punto de abandonar, sepa que hay una puerta adicional, además de la terapia propia de salud, como puede ser tomar una actividad deportiva o cultural”, señaló Cecilia Pérez. 

¿Generación de “cristal”?

El término “generación de cristal” se ha acuñado para referirse a la baja tolerancia que puede presentarse por parte de la actual juventud a la hora de asumir compromisos, ya sea carga laboral o académica. Ante la pregunta de si existe una menor tolerancia al ritmo de estudio que implica la educación superior, los especialistas señalan que al menos en el ámbito escolar, las investigaciones relativas al efecto de la pandemia en los procesos de aprendizaje indican que existe un retroceso en relación al desarrollo de habilidades cognitivo-motivacionales producto del confinamiento prolongado que vivimos, lo cual sí disminuyó el nivel y la calidad de las interacciones entre las personas.

“Así como el confinamiento durante la pandemia limitó el desarrollo de habilidades socioemocionales que son útiles para vincularnos adecuadamente con el resto, se podría pensar que las habilidades vinculadas con el estudio y el aprendizaje tampoco se pudieron consolidar durante este período”, Alejandra Galdames, psicóloga USS.

Alejandra Galdames, profesora de Español, psicóloga y académica de la Universidad San Sebastián, señala que “es bastante probable que quienes trabajamos en el ámbito educativo, ya sea escolar o de educación superior, tengamos la sensación de que esto es cierto, pues durante este año hemos notado a nuestros estudiantes más desmotivados, sobrepasados y agotados que en otras ocasiones, a esta misma altura del año”. 

“Si lo pensamos bien, el caso de los estudiantes de educación superior no es tan distinto, y así como el confinamiento durante la pandemia limitó el desarrollo de habilidades socioemocionales que son útiles para vincularnos adecuadamente con el resto, se podría pensar que las habilidades vinculadas con el estudio y el aprendizaje tampoco se pudieron consolidar durante este período. Es decir, los estudiantes que no las habían desarrollado, no tuvieron muchas oportunidades durante la pandemia de hacerlo; y quienes sí las poseían, no tuvieron muchas posibilidades de fortalecerlas durante el período de la educación virtual, dadas las condiciones que este tipo de educación ofrecía, además, viviendo en un contexto donde la emocionalidad negativa fue muy fuerte”, sostiene. 

Patricio Ramírez, académico y director del Centro de Apoyo al Desempeño Académico de la UDD Concepción, apunta a estudios que muestran un retroceso de los aprendizajes esperados, una brecha que se expresa en conocimientos y también en habilidades. 

“Es claro que en la educación básica, media y universitaria se hicieron los mayores esfuerzos por llevar adelante la difícil tarea de continuar con los procesos educativos en medio de la pandemia mundial, las cuarentenas y la no presencialidad, pero bajo ningún caso se puede afirmar que se pudo llegar siempre a los niveles de logros esperados para contextos presenciales. Por supuesto que hubo estudiantes que tuvieron buenas condiciones en sus casas y que aprovecharon cada oportunidad de aprendizaje y que en general tienen buenos recursos personales para adaptarse, aprender y rendir, así como también hubo instituciones públicas o privadas que llevaron adelante la tarea en el más alto estándar, pero también es sabido que no fue lo más generalizado. Los efectos de eso, los estamos experimentando y seguirán presentes un tiempo”, señala Ramírez.

El profesional agrega que a eso hay que sumarle que, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, hubo un aumento de un 25% en la prevalencia mundial de la ansiedad y la depresión durante el primer año de pandemia, siendo el grupo de jóvenes uno de los más afectados: “Uno de los aspectos que contribuyó a esos problemas de salud mental en ese grupo de la población, está en las limitaciones que tuvieron en todas las interacciones sociales. Sabemos lo central que son esas redes con los pares en la sensación de pertenencia, en la consolidación de la identidad o en la exploración de relaciones diferentes a las que se tiene dentro del círculo familiar o íntimo, todas tareas muy importantes durante el desarrollo”.