Vocación marcada por el testimonio

Los sacerdotes Oscar García, y Bernardo Álvarez, asumirán el próximo 30 de abril como Obispos Auxiliares de la Santísima Concepción, acompañando en la tarea pastoral al Arzobispo, Monseñor Fernando Chomali.

Carolina Astudillo M.

La ceremonia de Ordenación Episcopal de los dos Obispos Auxiliares de la Santísima Concepción, Padre Bernardo Álvarez y Oscar García, se efectuará el próximo 30 de abril, luego que el Papa anunciara públicamente en febrero esta importante decisión para la arquidiócesis. Se trata de dos sacerdotes con una joven pero vasta trayectoria pastoral, y que conocen ámbitos de relevancia para la tarea evangelizadora de la Iglesia: el mundo de los jóvenes, la iglesia rural, y la zona de Arauco.

Inspirado por el amor al próximo

El Padre Oscar García, actual párroco de la iglesia San José, en Curanilahue, nació en una familia católica de ocho hermanos en el pueblo de Tala, Uruguay. Desde pequeño observó como sus abuelos y padres, descendientes de italianos y españoles, cultivaban la tradición cristiana a lo largo de las generaciones. Ello y también gracias al testimonio de un padre querido en el pueblo, el sacerdote Santiago Borrazas, se vio motivado a dar el paso al sacerdocio. 

Antes de ese proceso y como todo joven, quiso formar una familia y estudiar abogacía, a pesar de que no era el deseo de su padre, porque era el único de los hijos que iba quedando junto a ellos. Finalmente, el día que falleció el sacerdote Borrazas, Oscar García comenta que tuvo una experiencia particular: sintió que el Padre Santiago le pasaba la posta. El Obispo decidió enviarlo a un seminario menor, desde donde profundizó en su discernimiento para la consagración, descubriendo la espiritualidad de la Congregación de los Pobres Siervos de la Divina Providencia, a la que se integró. En 1994 hizo la profesión religiosa, para el año siguiente llegar a Chile a abrir la casa de la congregación, y luego partir a Argentina. El 14 de agosto de 1999 se ordenó sacerdote en su pueblo natal, tras varios años en distintos países y una estadía en Italia para educarse como formador, en 2008 vuelve a nuestro país donde en enero de 2022 asumió como párroco de San José de Curanilahue y vicario episcopal para la zona de Arauco.

-Padre, usted pudo descubrir el llamado de la vocación en su familia y el sacerdote de su pueblo, tras procesos de preguntas y cuestionamientos, ¿es difícil hoy para los jóvenes tener ese espacio de reflexión ante los estímulos y ruidos de la sociedad?

-“Cuando se habla sobre la vocación y porqué hay pocos, hay que entender que Dios llama siempre, pero hay crisis de respuesta a una entrega generosa y total por el bien de las almas. Se está muy invadido de contrapropuestas, en un lenguaje común, la gente dice que “para que va a embarrarse la vida, no va a disfrutar”, y es porque no se ha descubierto el verdadero sentido de la vocación y la alegría de responder de manera plenamente feliz. El joven no se da tiempo para preguntarse qué es lo que Dios quiere de uno, para qué estoy en el mundo. Ahí no hay búsqueda de respuesta ni de discernimiento. Se requiere una ayuda, no es fácil, es una respuesta de coraje y heroica, en todos los tiempos, porque es consagrar tu vida, dejar proyectos humanos, para vivir el proyecto de Dios. No siempre se entiende tan bien, porque requiere discernimiento, tiempo de oración, de meditación de la palabra para descubrir lo que Dios quiere para uno. Por otro lado, se tiene temor o miedo de fracasar, pero cuando Dios da la vocación, también da la gracia de vivirla, y depende de nosotros esa fidelidad cada día. Se necesita también la capacidad de ser cercanos, y de transmitir que somos felices, de que vale la pena dejarlo todo para seguir a Jesús, porque es el mayor tesoro”. 

-¿Cómo asume el desafío de esta nueva tarea pastoral y qué es lo que quisiera transmitir a las personas a través de ella?

-“Cuando fui nombrado obispo auxiliar junto al padre Bernardo fuimos convocados por el Arzobispo para informar esta decisión. La misión encomendada era poder acompañar muy de cerca -algo que ya estaban haciendo como párroco-, a los sacerdotes y la vida consagrada, al pueblo de Dios, y a encausar y caminar junto con ellos, en representación del obispo titular. Es un gran desafío, en una realidad sociocultural que no es fácil, por todos los conflictos que hemos vivido, especialmente en la zona de Cañete y Tirúa donde trabajo”. 

“Las diversas situaciones que han acontecido, como la crisis de la iglesia, el secularismo en la sociedad, las manifestaciones y demandas sociales, generan un escenario de desafío para anunciar el evangelio, y ese escenario nos invita a dejarlo todo y seguir a Jesús”, Pbro. Bernardo Álvarez.

El Padre Oscar señala que ha generado una muy buena relación con el pueblo de la zona, en comunión y ecumenismo con evángelicos, especialmente en temas en común como son el conocimiento de Cristo, la paz y la justicia. 

El sacerdote vivió la violencia en primera persona, tras el incendio a diversas capillas de la zona de Arauco, y conoce el dolor que viven personas que son inocentes. “Hay muchas personas pacíficas que abogan por la reivindicación de tierras. Como pastor he tratado de acompañar a todos quienes he podido, sin embargo, hay momentos en que es muy difícil por los cortes de rutas. Hay cosas que escapan a nosotros, no tenemos la respuesta que depende de otras dimensiones. Lo importante es que la gente se pueda sentir acompañada por la Iglesia como tal”.

El Padre García invita a todos a caminar y a contar “con este humilde servidor que busca el reino de Dios y su justicia, y a pesar de las debilidades, ser fiel amando a Dios, a la Iglesia y a las personas que Dios pone en el camino, siendo un pastor con olor a oveja, y que solo puede ser pastor si las ovejas caminan con él”.

Vocación que ganó su corazón

Bernardo Álvarez es un joven sacerdote de 41 años, nacido en Talcahuano el 4 agosto de 1980, en una familia católica. Son tres hermanos, y uno de ellos es el padre Víctor, Director de Pastoral de la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Como todo joven, pensó en formar una familia, y estudió Ingeniería Civil Industrial, proyecto que también acompañaba con actividades participando desde la niñez en la Parroquia Santa Cecilia. Al igual que el Padre Oscar, el párroco de su parroquia, aquí Carlos Fuentes, le inspiró para ir descubriendo su vocación, en misiones realizadas en Cañete y Tirúa: “En segundo año de carrera empecé a experimentar el llamado, preguntándome por el sentido de mi vida”. 

En esa época un hecho marcó a los Álvarez Tapia. Su hermano Víctor entró al seminario menor, experimentando un grado de contradicción, pues nadie en su familia estuvo de acuerdo en ese momento al ser un adolescente. No obstante, Bernardo, durante la Vigilia Pascual de Semana Santa mientras vivía una nueva Misión en la parroquia de Cañete, pensó “¿Y si esto fuera toda mi vida?”. Ese pensamiento fue ganando su corazón. Siempre tuvo claro que quería ser ingeniero y tenía proyectos de ser padre de familia, hasta que llegó un punto en que esa pregunta se la formuló más directamente. Tras verse conmovido por vivir la fe en el mundo rural a través de las Misiones, se relacionó con el ministerio sacerdotal, primero en jornadas vocacionales y luego ingresando al seminario mayor, paso que dio junto a su hermano Víctor. “Fueron 7 años bonitos, compartiendo con otras personas afiatando una vida comunitaria. A pesar de algunos se fueron retirando en el camino, mantuvimos el contacto con muchos de ellos” En 2009 fue enviado al Santuario de San Sebastián en Yumbel, siendo ordenado sacerdote el 21 de noviembre de ese año. 

-¿Cómo ver el desafío de evangelizar en una sociedad como la actual, especialmente desde la vocación sacerdotal, y tras conocer el mundo rural, la fe en Yumbel o el mundo de los jóvenes?

-He tenido la oportunidad de vivir una variedad de experiencias, conociendo varios santuarios de Chile y del mundo, la vida universitaria, el trabajo con los jóvenes, tanto en la parroquia de Yumbel como en el decanato rural. La evangelización es desafiante en una perspectiva positiva. Las diversas situaciones que han acontecido, como la crisis de la iglesia, el secularismo en la sociedad, las manifestaciones y demandas sociales, generan un escenario de desafío para anunciar el evangelio, y ese escenario nos invita a dejarlo todo y seguir a Jesús, lo que implica una vivencia de la Iglesia que es la misma de siempre, pero que se renueva en el modo de transmitir el evangelio, en cercanía al lugar que le corresponde ocupar hoy a la Iglesia, dedicándose más al anuncio del Evangelio de manera más cercana, más libre de los lugares de poder, despojada de él, en línea con el evangelio, sin apellido.

-¿Qué rol le cabe entonces a la Iglesia y a la tarea pastoral que les llega como Obispos Auxiliares, en una zona como la de Arauco, que para el mundo urbano parece tan alejada, y a veces queda tan sola?

-Los diversos conflictos que se viven en la Araucanía, o en distintos aspectos de la sociedad, llaman a todas las entidades a una apertura permanente a conocer bien las causas. Hay una profunda ausencia de una reflexión sobre lo que ha llevado a la existencia de la violencia. Para la iglesia, la cercanía con quienes la padecen debe ser de un grado muy grande, sin color político. Todo lo que afecta a la dignidad de la persona humana nos debe provocar la necesidad de ser cercanos a ellos. 

“Como pastor he tratado de acompañar a todos quienes he podido, sin embargo, hay momentos en que es muy difícil por los cortes de rutas que hay en Arauco. Hay cosas que escapan a nosotros, no tenemos la respuesta que depende de otras dimensiones. Lo importante es que la gente se pueda sentir acompañada por la Iglesia como tal”. Pbro. Oscar García.

Desde el punto de vista del Evangelio debemos ser actores de diálogo. Cuando no hay capacidad de poner las cosas sobre la mesa y buscar puntos de acuerdo conociendo la raíz de los conflictos, hay que estar atentos a la contingencia del momento. Cuando hay dificultades y conmoción social, se generan aprovechamientos de diversa índole, por lo cual debemos estar con los ojos abiertos a quienes se aprovechan de estas situaciones y desvían la atención de las verdaderas circunstancias. 

-¿Por qué son dos Obispos Auxiliares y por qué usted y el Padre Oscar pueden cumplir esta misión?

-Hago un acto de fe ante la elección. Soy relativamente joven, es la mediación de la iglesia frente al querer de Dios. El Espíritu Santo, reconozco, se manifiesta a través de la mediación de la Iglesia. Quisiera disponer lo mejor de mí para lo que el señor me pida en beneficio y del mejor servicio a su pueblo, con humildad. No tengo todas las respuestas a las situaciones del momento, y en ese sentido pido mucha colaboración a la iglesia y fuera de la Iglesia, para ser un aporte al anuncio del Evangelio y también al bien general de la sociedad. 

 No fue fácil responder y decir sí a esta llamada. Requerí mucha oración a la hora de discernirlo. Un texto me marcó mucho: Jesús llama en el Evangelio de San Lucas a sus primeros discípulos: “navega mar adentro y echa las redes”. Poder situarme en seguimiento de Jesús, escuchar su voz, lanzándome detrás de él y hacer ese gesto en nombre de Dios, de echar las redes en el mundo que nos toca vivir. Entender cómo anunciar el Evangelio para que las personas puedan conocer al Señor con las características propias de la cultura y la sociedad actual.