Prevenir la violencia en los colegios

Inquietud han generado los numerosos casos de violencia ocurridos en colegios de la región en el último tiempo. Pareciera que los estudiantes están más agresivos, porque volvieron a reencontrarse presencialmente, no obstante, los datos revelan que en pandemia aumentó la violencia a través de redes sociales, lo que muchas veces es invisible para el mundo adulto, pues los niño/as y jóvenes no lo comparten con sus padres ni profesores. 

El fenómeno de la violencia escolar tiene explicaciones en distintos niveles. Algunas relacionadas con las características individuales y familiares; sabemos que el encierro aumentó los índices de violencia intrafamiliar en pandemia, pero este no es un fenómeno unicausal, también se explica por los modelos y el tipo de sociedad que hemos construido, así como por el tipo de gestión de la convivencia escolar que promueve cada establecimiento educativo.

En este contexto, es importante que los adultos estén muy pendientes de las dinámicas que ocurren al interior de la sala de clases y en los hogares. Prestar atención a los subgrupos en las aulas, las dinámicas de comunicación que existen entre ellos y las formas de microviolencia, además de las maneras de interacción en otros espacios escolares como el patio. Lo anterior otorga luces sobre quién puede necesitar apoyo, ya sea porque se trata de un niño o niña que está siendo víctima de maltrato o de aquel que está ejerciendo violencia. Asimismo, es relevante que los padres, estén muy pendientes de las actitudes de los niño/as en los hogares (aislamiento, somatizaciones, ansiedad entre otras señales), además de aprender y monitorear el uso de las redes sociales.

En cuanto a la prevención, cobra relevancia el modelo de gestión de la convivencia escolar que impulse el establecimiento, idealmente debe ser uno en que cualquier manifestación de maltrato o violencia no sea tolerada y en que el diálogo con los estudiantes sea la forma de resolución de los conflictos. 

La disciplina punitiva no necesariamente cumple el objetivo de formar a los estudiantes en cómo convivir; en ese sentido, los modelos disciplinarios restaurativos en los que se promueve la reparación del daño causado son una buena manera de abordar los conflictos. La educación emocional que se impulsa desde el hogar y en la escuela, desde edades muy tempranas, también es una buena forma de prevenir la violencia futura.

Lisette Bazignan Guerrero

Directora Diplomado de Gestión de la Convivencia Escolar 

Universidad San Sebastián