Dejar el nido: universitarios lejos de casa

Muchas veces, el ingreso a la educación superior va de la mano con tener que cambiar de ciudad y/o región, lo que lleva a los estudiantes a vivir solos y asumir cambios que incluso pueden afectar el rendimiento académico.


Por Érico Soto M.

Hasta poco antes de cumplir 18 años, Alejandro no conocía Concepción. Eso, hasta antes de matricularse en la carrera de Ingeniería en la U. de Concepción, a comienzos del año pasado. En esa ocasión viajó desde Coyhaique, junto a su mamá, no solo para realizar los trámites de acceso a la Universidad, que bien pudo hacerlos de manera virtual, sino que sobre todo encontrar y el lugar donde comenzaría a vivir a contar de marzo. Con el desafío que implicaba llegar a una nueva ciudad y acomodarse un nuevo estilo de vida.

Una pensión, cercana al Barrio Universitario de Concepción, fue el lugar escogido después de una búsqueda que se extendió dos días, y al que finalmente se decidieron por la cercanía y las opciones de comida que incluía el pago mensual. Finalmente, Alejandro solo estuvo medio año en esa pensión, pues el segundo semestre se cambió a un departamento con otros dos compañeros, privilegiando la economía y afinidad con sus cohabitantes, pero requiriendo de su parte mucha más autonomía.

Así como él, una buena parte de los estudiantes que año a año ingresan a la educación superior deber “dejar el nido” que supone la vida junto a los padres, y emprender su propio rumbo en el primer año de universidad. En algunos casos, por primera vez se cambian de ciudad y pasan a vivir solos, ya sea en pensión o con compañeros. Aquí es donde puede verse afectado el rendimiento académico.

“La sensación de pertenencia y conexión con el lugar son factores fundamentales, sin embargo, lograr eso requiere cierta flexibilidad ante lo desconocido”

Rosa Escobar, especialista CEADE UCSC.

Redes y recursos

La psicóloga especialista del área de desarrollo personal de Centro de Acompañamiento del Estudiante Ceade de la UCSC, Rosa Escobar, confirma que ingresar a la Educación Superior y mudarse a una nueva ciudad por primera vez, puede ser una experiencia emocionante, pero a la vez desafiante. Esto porque una adaptación positiva a la vida universitaria es un proceso único que requiere una serie de ajustes, por lo que los estudiantes tienen que disponer de un conjunto de recursos cognitivos, socioemocionales, financieros, culturales y académicos para lograr que su transición, desde la educación media hacia la universidad, sea lo más favorable posible.

“Lamentablemente, no todos los estudiantes cuentan con estos recursos, lo que, probablemente, puede tener implicaciones negativas en su rendimiento académico, comprometiendo seriamente su proceso de adaptación (que puede extenderse a los dos primeros años de universidad), su permanencia e, incluso, la posibilidad de titularse de manera oportuna de su carrera. Por ejemplo, la mudanza, conocer una nueva ciudad y su entorno cultural, pueden llevar tiempo y generar estrés por el cambio. La sensación de pertenencia y conexión con el lugar son factores fundamentales, sin embargo, lograr eso requiere cierta flexibilidad ante lo desconocido y estar abierto a experienciar situaciones novedosas para lograr la adaptación”, señala Escobar.

La profesional también apunta otro de los desafíos al que pudiese enfrentarse un estudiante universitario: disponer de una red de apoyo sólida, especialmente para aquellos que se mudan solos, pues la ausencia de personas cercanas, que acompañen y brinden contención, podría afectar la motivación académica y personal.

“Los estudiantes que ingresan a la universidad suelen ser independientes, en comparación con la educación media. Gestionar su tiempo, planificarse y tener la capacidad para manejar su libertad horaria son verdaderos retos de los primeros años de vida universitaria que, además, van de la mano con la presión académica, ya que hay una mayor carga asociada a la cantidad y complejidad de las asignaturas y, en general, desafíos más exigentes”, agrega la especialista de CEADE UCSC.

Recomendaciones

Gabriela Neira, trabajadora social y jefa (s) de Bienestar Estudiantil de la Dirección de Servicios Estudiantiles de la Universidad de Concepción, coincide en el cambio que supone mantener un equilibrio académico y personal, entrega recomendaciones como: contar con un buen grupo de amigos, redes de apoyo, mantener contacto con la familia, realizar otras actividades a parte de las académicas, socializar y conocer gente nueva, mantener una disposición a realizar nuevos planes, pedir ayudar si es necesario y no encerrarse en sí mismos, si tienen un mal día, sino que hablar con alguien sobre lo que está pasando.

Asimismo, advierte que siempre hay que estar atento a algunas situaciones. “Baja académica y la desmotivación que genera obtener una mala calificación y cómo afecta en otros aspectos de la vida, si no se cuenta con redes de apoyo, no sociabiliza con los compañeros o cercanos, estar de manera seguida deprimido/a y aislarse, ver que no se preocupa de su aspecto personal (aseo, vestimenta, entre otros) y no contar con la disposición de acompañar en nuevos planes o actividades académicas o extraprogramáticas y sociales”.

“Hay recomendaciones como contar con un buen grupo de amigos, redes de apoyo, mantener contacto con la familia, realizar otras actividades a parte de las académicas, socializar y conocer gente nueva”

Gabriela Neira, jefa (s) de Bienestar Estudiantil U. de Concepción.

Testimonios

Maximiliano Jerez entró el 2023 a estudiar Psicología en la Universidad Católica de la Santísima Concepción, proveniente de Curanilahue. Y lo hizo viviendo solo, primero junto a su hermano, a un departamento en Hualpén, pero quedó solo a los pocos meses.

“Para mí no fue tan traumático, porque ya me había hecho la idea de que tenía que venirme a estudiar solo. Lógicamente, no fue lo mismo que vivir en mi casa, con todas las comodidades y muy cerca de todo, donde me iba caminando al colegio. También se hecha de menos a la familia. Una complicación fue el tema de la movilización, porque debía tomar dos buses para llegar a la Universidad. Entonces, me vine una semana antes para conocer más la ciudad y saber cómo iba a ser esa ruta. En lo académico, si bien no me fue mal, creo que me afectó un poco el cambio, sobre todo en los primeros meses. Se notó que la exigencia era distinta, mucho mayor, y sufrí como un bajón de notas. Pero logré recuperarme, con metodología de estudio, y pude repuntar para pasar todos mis ramos”, cuenta.

Kiria Parra, en tanto, llegó a Concepción para estudiar Medicina, proveniente de Coquimbo. En su caso, apenas se enteró que quedó en la UCSC, supo que venía fue un cambio radical, que incluía cambio de ciudad y región.


“El primer año fue súper difícil para mí, significó una serie de cambios en mi vida. El hecho de cocinarte sola, ver tus tiempos y estar lejos de la familia, todo era muy distinto. Cuando recibí el resultado me puse rápidamente a buscar un lugar donde vivir, ya fuese con una roomie, un departamento o casa. Busqué por Instagram y Facebook y fue recién a inicios de febrero que viajé con mi mamá a buscar arriendo, y me quedé en una pensión junto a más estudiantes, después de buscar mucho, pero por suerte les quedaba una habitación. Comenzaron los días de clases y estaba súper nerviosa, las materias eran difíciles y casi no tenía tiempo para nada, por lo que el chat con mis papás era solo un hola cómo estás, y chao. En un momento me vi bastante agobiada y con ganas de querer dejar la carrera y devolverme. El clima también fue un factor clave porque dónde yo vivía llovía una vez al año, y acá pasaba días lloviendo, y todos estaban acostumbrados menos yo, por lo que pasé muchos meses resfriada. En base a mi experiencia, siento que lo que más me ayudó fue el apoyarme con mis compañeros, y poder ayudarnos tanto en el sentido académico como emocional. Además, algo que me motivó a seguir adelante y no rendirme fue el propósito por el cual estaba allí, era la carrera de mis sueños y sabía que en un futuro todo este esfuerzo traería recompensas”.