Rol de los padres y riesgos asociados a un mal uso: Niños y sobreexposición a las pantallas

El período de vacaciones escolares asoma como el momento indicado para un descanso también de los dispositivos electrónicos, además de plantear el control efectivo por parte de los adultos.


Por Érico Soto M.

“Nativos digitales” es el término para referirse a la actual generación de escolares que evidencian desde muy temprana edad conocimiento sobre los dispositivos tecnológicos. Celulares, computadores, tablets, consolas, entre otros, forman parte de los elementos con que aprenden a convivir, adaptándose muy rápido a su funcionamiento. Sin embargo, esto no significa que su utilización sea la óptima, ni que esta esté al margen de los riesgos implícitos de su uso reiterado.

Muchas veces, las pantallas se convierten en un gran aliado para los adultos, que logran ayudarse de la interacción de videojuegos, aplicaciones y videos, para hacer frente a las diferentes quehaceres de padres, madres y cuidadores en etapa de crianza. En ese sentido, dejarles frente a un dispositivo resulta muy tentador, sobre todo frente a la escasez de tiempo y de redes de apoyo para cuidar a los menores.

Riesgos

María Loreto Bustamante, directora de carrera de Educación Parvularia de Universidad de Las Américas sede Concepción, sostiene que en la era digital actual, los dispositivos también ofrecen valiosas oportunidades para el aprendizaje y la socialización, aunque su uso excesivo puede implicar riesgos significativos para la salud física y mental de los más jóvenes.

“La sobreexposición a las pantallas, especialmente en niños y niñas, puede conllevar varios riesgos significativos: fatiga visual, dolor de cabeza, obesidad por sedentarismo y problemas de sueño debido a la luz azul que emiten las pantallas; puede impactar negativamente en el desarrollo cognitivo y social, limitando las oportunidades para el juego interactivo con sus pares y la exploración del mundo real; la sobreexposición puede conducir a un uso compulsivo de dispositivos electrónicos, dificultando la desconexión y afectando la capacidad de atención lo que al prohibirlos o eliminarlos de manera repentina pueden generar irritabilidad, ansiedad y cambios en el estado de ánimo en nuestros niños y niñas”, señala.

“Puede impactar negativamente en el desarrollo cognitivo y social, limitando las oportunidades para el juego interactivo con sus pares y la exploración del mundo real”.

María Loreto Bustamante, directora de Educación Parvularia UDLA Concepción.

Asimismo, la experta afirma que durante períodos como las vacaciones, donde el tiempo libre aumenta, es fundamental implementar estrategias efectivas para gestionar el uso de la tecnología.

“Esto implica establecer límites claros, definir horarios específicos para el uso de pantallas y asegurarse de que se respeten; fomentar actividades alternativas, al aire libre, deportes y juegos de mesa para equilibrar el tiempo de pantalla; usar los dispositivos móviles en familia, como ver películas o jugar videojuegos juntos, para promover la interacción y supervisión;  enseñar a los niños y niñas sobre los riesgos en línea y cómo manejarlos de manera segura”, agregó Bustamante.

Recomendaciones

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los niños y niñas de 0 a 2 años no se expongan en ningún caso a pantallas; entre 2 y 5 años que la exposición sea máximo por una hora diaria; y que a partir de los 5 años, su uso sea un máximo de dos horas al día e idealmente menos. En relación al uso de redes sociales, plantean que no son recomendables, sino hasta la adolescencia.

Juan Orias Salazar, académico de Psicología de la Universidad San Sebastián, advierte que el periodo de vacaciones generalmente enfrenta a niños y adolescentes a un aumento de horas libres, muchas veces sin restricción, por lo que se ve invadido también de un aumento de horas de uso de pantallas.

“Si bien el uso de tecnologías puede facilitar la comunicación entre el hijo o hija con su grupo familiar, igualmente puede afectar su desarrollo cognitivo y social. Frente a esto es importante que se definan algunos límites, como un horario en que la familia pueda establecer un diálogo sin el uso de pantallas, como sería durante las comidas.

Otra de las opciones que resulta favorable es que la familia pueda establecer el uso de juegos de mesa, mímica, etc., en que todos los miembros de la familia participen e interactúen. Y otro aspecto importante es fijar un horario de uso, a fin de favorecer un espacio de sueño que sea confortable, reparatorio y que no se vea afectado por el exceso de pantallas durante la noche o madrugada. Es importante también modelar estas acciones con los niños y/o adolescentes, por tanto, en las actividades lúdicas o espacios de comida familiar se espera que los padres puedan estar alejados de pantallas”, señala.

“Es relevante considerar el desarrollo de actividades para la obtención de aparatos tecnológicos, por ejemplo, el desarrollo de tareas domésticas o académicas, que permitan el uso de pantallas como recompensa”.

Juan Orias, académico de Psicología Universidad San Sebastián.

El profesional añade que luego de la pandemia COVID-19, se experimentó un aumento considerable en el uso de pantallas y tecnologías. Éstas, con fines educativos y lúdicos, se instalaron en la vida de los niños y niñas en nuestro país, por lo tanto, el retiro de las tecnologías o pantallas por parte de los padres es algo que se evidencia como improbable en el escenario actual.

Sin embargo, a modo de restricción, se pueden establecer medidas como límites en tiempo de uso y horarios establecidos, por ejemplo, acceder a tecnologías después del almuerzo o hasta antes de cenar: “Esto facilita que los padres no tengan que estar pendientes a una hora específica, sino a un momento preciso del día. Por otra parte, es relevante considerar el desarrollo de actividades para la obtención de aparatos tecnológicos, por ejemplo, el desarrollo de tareas domésticas o académicas, que permitan el uso de pantallas como recompensa”.

Acuerdo para el uso del teléfono

La Fundación para la Convivencia Digital, entidad que busca “una internet libre de riesgos, que ofrezca oportunidades a los niños y jóvenes de Chile”, incluso plantea un acuerdo para el uso del teléfono celular, como una manera de establecer delimitaciones y conversar en familia. “Este compromiso no solamente mejora la comunicación, sino que fortalece la confianza y el desarrollo personal de los niños”, señala la directora Soledad Garcés, agregando que “asumimos el desafío de colaborar en la formación de la ciudadanía digital y el autocuidado en internet de niños y jóvenes, de sus familias y profesores. Proponemos actividades que favorecen la incorporación de las tecnologías en los colegios, basados en el uso ético, seguro y responsable de las pantallas”.