Maite Otondo, Presidenta de la Fundación Lavandería Industrial 21: “En inclusión, hay una parte de la sociedad que no está cumpliendo”

Nueve años cumplió la Lavandería Industrial 21 nacida al alero del Arzobispado de Concepción. Más de 50 personas con Síndrome de Down han pasado por ella, haciendo realidad algo que parecía imposible: conseguir un puesto de trabajo en alguna institución o empresa de la zona.


Por Carolina Astudillo M.

En 2014, 10 jóvenes fueron el claro ejemplo de la inclusión laboral, en un espacio inédito en Concepción. Era la Lavandería Industrial 21, iniciativa impulsada por el Arzobispo de Concepción, Monseñor Fernando Chomali, que reunió a personas y organizaciones de distintas áreas para promover de manera concreta la inclusión laboral de personas con Síndrome de Down.

Hoy, esta Fundación es referente en la materia, y desde entonces, 55 jóvenes han vivido distintas experiencias de inclusión: contrato de trabajo o prácticas laborales en empresas de la comuna. Hoy 17 jóvenes están trabajando en la Lavandería, y otros 20 en empresas externas. 

En 2018 se implementó la Ley 21.015 sobre inclusión laboral de personas con discapacidad, -debiendo las empresas con 100 o más trabajadores disponer del 1% de su dotación para ellos-, y esto ha motivado aún más a promover la inclusión desde la Fundación. Maite Otondo, su presidenta y académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de la Santísima Concepción -institución comprometida con esta iniciativa desde el primer día-, destacó que en la zona hay sectores que han estado muy presentes, como las clínicas y la hotelería, no obstante, indica, la respuesta ha sido lenta. Asimismo, reflexiona en torno a las claves para que la inclusión sea una realidad.

-¿Cómo evalúan estos 9 años de trabajo en la Fundación?

-Estos 9 años tienen de dulce y de agraz, pero como tenemos una mente positiva, es más el sabor dulce. La Lavandería ha vivido experiencias hermosas, muy significativas, y podemos tener alguna autoridad en contar nuestras experiencias, porque han sido únicas. Pero también hemos tenido algunas experiencias que no son tan buenas, y que tienen que ver con la respuesta frente a los requerimientos que tiene la inclusión laboral de la discapacidad, no solo respecto a la normativa -de hecho nosotros partimos sin normativa, pues no existía entonces la Ley de Inclusión laboral-. Tienen que ver más bien con cómo ha sido el comportamiento cultural y social, y también desde el punto de vista de las instituciones.

-Lavandería 21 ha sido ejemplo de un modelo de trabajo, prácticamente inédito en el año de su creación, uniendo Iglesia, Universidad, empresa, sociedad civil, sector público y privado. ¿Cómo analizan ustedes esta red de trabajo colaborativa?

-Como experiencia chilena es bastante poco frecuente o inexistente en aquella época. Cuando llegó Monseñor Chomali a la arquidiócesis, comenzamos a trabajar en 2011, y recogimos experiencias internacionales respecto a la inclusión. Los países en desarrollo tienen algunas respuestas. Pero ¿Cómo aterrizamos esas experiencias a lo local? Era bien difícil, y se nos ocurrió hacer esta metodología de trabajo que relaciona empleo con apoyo, pero teniendo en perspectiva que la Lavandería se constituyera en un enclave hacia el exterior, para lograr la inclusión laboral plena.

Fuimos bastante revolucionarios e innovadores, porque eso era distinto: se trata de una empresa, Lavandería Industrial 21, donde trabaja una cierta cantidad de jóvenes, aplicamos nuestra metodología, y nuestra apuesta era que ellos fueran a la empresa externa para insertarse en empleos nuevos. Esto lo empezamos a hacer con las obras sociales propias del Arzobispado -Casa Betania, Café 440, el Invernadero-, y con la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Esos eran espacios laborales que conocíamos. Luego de experiencias exitosas en ellos, nos atrevimos a ir a las empresas externas. Ahí nos ha costado más, porque la respuesta empresarial e institucional es muy lenta.

“Hemos tenido apoyo de empresas locales, que han sido muy buenos colaboradores, pero la mayoría aún no está convencida de que la inclusión es una parte natural de nuestra sociedad, porque la diversidad es lo común. Lo homogéneo no es lo común”

Como Fundación, tenemos dos aristas: la de inclusión laboral directa en empresas externas, y ley de donaciones. A nivel nacional, la expresión de la Ley de Inclusión Laboral, es mínima a nivel industrial. De las organizaciones que tienen más de 100 trabajadores, el 30% nacional cumple con la ley.

Hemos tenido apoyo de empresas locales, que han sido muy buenos colaboradores, pero la mayoría aún no está convencida de que la inclusión es una parte natural de nuestra sociedad, porque la diversidad es lo común. Lo homogéneo no es lo común. 

En Concepción tenemos todo un cordón industrial, del que aún no hemos tenido respuesta.

Incluso, para impulsarlo, hemos creado diseños interesantes: este año es obligatorio, en cada empresa que tenga más de 100 trabajadores, tener contratado un gestor en inclusión. Por ello hemos diseñado y creado un diplomado para certificar al gestor de inclusión laboral en la UCSC. Este diplomado está certificado con Chile Valora. Hemos recurrido  a cuanta empresa lo debería requerir, y la respuesta ha sido muy lenta.

Asimismo, mucha empresa que no tiene a personas con algún tipo de discapacidad entre sus trabajadores, podría optar por la Ley de Donaciones, y tampoco lo hace. Esa es la parte agria de esta realidad, pero es superada por las buenas experiencias.

-¿Qué le falta a la sociedad para que la inclusión sea un tema más fluido?

-Es un tema transversal. Tiene que ver con declaraciones públicas, culturales, que no sean solo una política escrita. Nuestro país está trabajando en una nueva Constitución, y es el momento propicio para promover temas como la inclusión, la diversidad y la discapacidad, pues son absolutamente relevantes como sociedad. Ese es un gran paragua que define la ruta del país. 

También lo que nos falta está en los mandos intermedios: cómo regulas. Hay una Ley de Inclusión. ¿Cómo es que sólo un 30% cumple la Ley? Además, hoy sólo un 5% de las empresas tiene gestores en inclusión. ¿Qué pasa? ¿Dónde fallamos? Fallamos en tener una declaración transversal y posteriormente en tener cómo aplicarla y lo que se necesita para regularla. Existe capacidad para hacer la reversa del tema, debe haber entes reguladores de las políticas públicas, seguimiento, monitoreo.

-No solo se debe tratar de un tema normativo, sino también cultural, sobre cómo la comunidad trata a sus pares, pues muchas veces se mal entiende la solidaridad con una caridad, de “hacer un favor” a alguien más desvalido.

-Falta una definición de país, sobre qué país es el que queremos ¿Un país más inclusivo? ¿Un país segregador? Eso permea a toda la sociedad y su cultura. Muchas veces se entiende la acogida con lo caritativo: doy lo que me sobra. Eso es tremendamente pernicioso, porque la persona a la que se le da, se acostumbra a que le den lo que sobra, y no lo que merece su dignidad y condición de ser persona. El trabajo dignifica a la persona, y esas son las definiciones que hay que tomar como país para permear y sentir que este es el rayado de cancha que se tiene para moverse.

“A nivel nacional, la expresión de la Ley de Inclusión Laboral, es mínima a nivel industrial. De las organizaciones que tienen más de 100 trabajadores, el 30% nacional cumple con la ley”

-¿Qué esperan como equipo en el futuro de la Fundación?

-Lo hemos conversado bastante como directorio. La experiencia nos da autoridad para hablar más fuerte: claramente aquí hay una parte de la sociedad que no está cumpliendo. Y no vamos a esperar oportunidad para decirlo. 

Espero que Dios nos dé fuerza para seguir perseverando, y lo novedoso que tenemos es que estamos creciendo en espacios, y podremos hacer una sala de simulación laboral para preparar a los jóvenes para otros campos de trabajo, como garzonería y hotelería. 

También queremos insistir, y seguir ampliando los soportes, donde agradecemos la colaboración de la Vicerrectoría de Vinculación con el Medio de la UCSC, que fue clave para concretar el Diplomado. Con ello tenemos oferta académica. Si una empresa dice que no tiene dónde capacitarse, podemos también responder a la empresa con la instancia de capacitación que requieren para tener gestores de inclusión.