Fernando Bonete, doctor en Comunicación Social: “La objetividad es ahora la objetividad del que se impone”

Autor del libro “Cultura de la cancelación, no hables, no preguntes, no opines”, alerta sobre el escaso interés por la lectura que trasciende las generaciones y plantea que a docentes y estudiantes solo deberían preocuparles tres cosas: conocer la verdad, indagar en ella y ayudar a transmitirla.


Por Cecilia Díaz R.

Rechazado socialmente, boicoteado en el ámbito laboral y aniquilado en las redes sociales. Esas podrían ser las consecuencias extremas para aquél que sufre la llamada cancelación. Un fenómeno que surge en tiempos de posverdad y relativismo, que lesiona la libertad de expresión y, finalmente, empobrece nuestra cultura.

Cantantes, actores, deportistas e intelectuales de nuestra época han sido víctimas, pero la cancelación incluso se ha expandido a artistas que ya no tienen ni siquiera la chance de defenderse, pues murieron dejando una valiosa obra que no los salva del desprestigio. Pablo Picasso, Pablo Neruda, Agatha Christie y Diego Rivera son algunos de los creadores caídos en desgracia. En el ámbito local, el reciente caso del periodista y escritor Patricio Fernández es un ejemplo de cancelación.

Hace algunos años un grupo de más de 150 artistas, académicos y escritores publicaron una carta para llamar la atención sobre este fenómeno, que ha deteriorado -dijeron- el debate de ideas y la tolerancia. Para abordar este tema, Fernando Bonete Vizcaíno, doctor en Comunicación Social, director del Grado en Humanidades y profesor de la Universidad CEU San Pablo, España, escribió el libro “Cultura de la cancelación, no hables, no preguntes, no opines” (Ciudadela, 2023).

Vía correo electrónico, el académico, graduado en Humanidades y Periodismo, abordó los alcances de la cancelación y los efectos del relativismo imperante en estos tiempos de posverdad.

– ¿Qué factores han propiciado la posverdad?

– Tras casi cincuenta años de relativismo, es decir, de una actitud de desconfianza y sospecha hacia la verdad y los grandes relatos que nos dotaron de una identidad, que nos brindaron los principios que hicieron de la sociedad occidental la más avanzada, no es de extrañar que el problema se haya agravado, y ahora no solo dudemos de la posibilidad de una verdad común a todos, sino que incluso dudemos de la existencia de una realidad única. La posverdad posibilita no solo la negación de la verdad, sino de los acontecimientos mismos, para inventar otros nuevos y hacer pasar esa ficción por hechos reales.

– Desde su perspectiva observamos un deterioro en la capacidad de análisis en las nuevas generaciones, ¿a qué se debe?

– Se debe a dos ausencias y a una presencia. Primero, a una ausencia de interés por conocer la realidad. Como decía antes, si la realidad puede construirse en cada momento según el interés de cada cual, y puede ser la que cada uno quiera según su conveniencia, ¿qué interés puede tener entonces interesarse por conocer lo que ocurre fuera de nosotros mismos?

Una segunda ausencia tiene que ver con el desconocimiento de los grandes libros. Se lee muy poco, aunque no diría que esta es una carencia que afecte solo a las nuevas generaciones. Es, más bien, un mal endémico de nuestra sociedad. Cuanto menos se lee, menos se piensa.

Y una presencia, que tiene que ver con las redes sociales, plataformas que generaciones anteriores no utilizaron, y que han conquistado y anulado la atención de nuestros jóvenes hacia cualquier cosa que no ocurra dentro de una pantalla, es decir, que han anulado la capacidad de atender la realidad y dejarse sorprender por ella.

“La cancelación, a diferencia de otras censuras, aspira a lograr la autocensura del individuo. Que la presión social y el miedo a expresar ciertas ideas sea tal, que la propia persona, sin necesidad de la intervención de terceros, ponga límites a aquello que quiere ya no solo expresar, sino pensar”

– En Chile, la pandemia generó una grave crisis en educación, ¿los bajos niveles de aprendizaje afectarán la capacidad de discernir entre verdad y mentira en las nuevas generaciones?

– Sin duda. Todas las grandes distopías de la literatura universal contienen la misma advertencia. El poder se sirve del empobrecimiento del lenguaje y de la incomprensión o borrado del pasado para imponer un pensamiento único. Lo que no se comprende no se puede evaluar ni enjuiciar. Todo vale ante lo que no se conoce. Existe una relación proporcional entre el grado de incomprensión y las posibilidades de manipulación.

Rol de la academia

Autor y coautor de investigaciones publicadas en revistas científicas y libros, Fernando Bonete es investigador del proyecto “Iberian Digital Media Research and Fact-Checking Hub” del European Digital Media Observatory de la Comisión Europea, y del proyecto I+D+i del Ministerio de Ciencia e Innovación “Politainment ante la fragmentación mediática: desintermediación, engagement y polarización”.

– ¿La llamada cultura de la cancelación tiene su origen en el extremo relativismo de la verdad?

– Es uno de sus orígenes más evidentes. La posverdad legitima a quienes tienen la capacidad de imponerse la acción de negar cualquier acontecimiento o afirmación que no compartan. Además, pueden hacerlo sin mediar discusión o comprobación alguna, dado que la objetividad es ahora la objetividad del que se impone. A cambio, obligan a los demás a aceptar los acontecimientos y afirmaciones que quienes imponen han considerado y decidido que tienen que ser verdad.

– ¿Qué rol debe cumplir la academia para enfrentar la cultura de la cancelación?

– El que siempre le ha correspondido según su naturaleza y misión: asegurar que se dan las condiciones para emprender la búsqueda de la verdad, reconociendo para ello que dicha verdad existe, y que es tarea de todos aspirar a conocerla, en especial de profesores, alumnos e investigadores. La academia debe recuperar su compromiso ineludible con la verdad, lo que implica defenderla en la esfera pública, es decir, salir de la comodidad de las aulas y las revistas académicas para hacerla presente.

“El revisionismo artístico es otro atentado más contra la libertad de expresión. Hoy está de moda ejercerlo de manera retroactiva. Me refiero a los clásicos del arte, la música y la literatura. Un atentado cobarde, pues el autor perjudicado no puede decir ya nada al respecto”

– ¿Qué grupos han sido más afectados por la cultura de la cancelación?

– Las figuras públicas que disfrutan de cierta fama o notoriedad son las que corren más riesgos de ser sometidos y cancelados. ¿Por qué ellos? Porque la cancelación necesita de casos ejemplarizantes, chivos expiatorios con los que visualizar el castigo al que nos exponemos el resto en caso de desafiar lo que se considera “correcto”.

– ¿Se corre el riesgo de la autocensura en ambientes académicos?

– A docentes y estudiantes solo deberían preocuparles tres cosas: conocer la verdad, indagar en ella y ayudar a transmitirla. Sin embargo, los primeros están más preocupados de ganar puntos para su promoción, y los segundos de obtener la vida más cómoda posible. Eso conduce a que ambos acaben por ceder y faltar a su misión para con la verdad. Se muerden la lengua para quedar bien, para no complicarse la vida, para no ser señalados. Después dejan de pensar, ¿para qué pensar lo que no se acabará expresando nunca? Mientras tanto, el ambiente intelectual se va degradando.

Revisionismo artístico

– ¿Qué opina sobre la revisión de obras que no cumplen con los estándares de la ideología imperante?

– El revisionismo artístico es otro atentado más contra la libertad de expresión. Hoy está de moda ejercerlo de manera retroactiva. Me refiero a los clásicos del arte, la música y la literatura. Un atentado cobarde, pues el autor perjudicado no puede decir ya nada al respecto. Un atentado grave, pues va en contra del patrimonio universal de la humanidad. La obra de un artista es resultado del ejercicio de su libertad creativa, y cualquier modificación rompe con su originalidad y propósito.

– ¿La cancelación ha deteriorado la libertad de expresión?

– No hay duda, y en grado superlativo, dado que la cancelación, a diferencia de otras censuras, aspira a lograr la autocensura del individuo. Que la presión social y el miedo a expresar ciertas ideas sea tal, que la propia persona, sin necesidad de la intervención de terceros, ponga límites a aquello que quiere ya no solo expresar, sino pensar.