Erna Ugarte Romero, miembro del directorio de Trabajo para un Hermano: “No decimos pobres mujeres, decimos son poderosas y valiosas”

El foco de TPH es darles herramientas a mujeres para que logren ingresos autónomos y puedan desarrollar así sus proyectos de vida. Este año, tras varios intentos y con recursos del Gobierno Regional, han implementado un programa piloto para formar a conductoras para la locomoción colectiva.


Por Cecilia Díaz R.

Las mujeres podrían cambiarle el rostro a la locomoción colectiva de Concepción y de paso mejorar la imagen de este cuestionado servicio. Esa es la apuesta de la Fundación Trabajo para un Hermano que, tras años de intentos frustrados, logró implementar un programa piloto de capacitación para 60 conductoras. En marzo comienzan las clases para las primeras 40 privilegiadas que fueron seleccionadas entre unas 200 postulantes. Las expectativas son altas.

Erna Ugarte Romero, miembro del directorio de TPH y coordinadora del programa, derrocha entusiasmo. Cuenta que hace unos siete años empezaron con la idea de preparar a mujeres para la locomoción colectiva con la convicción de que pueden ser un tremendo aporte en el rubro. Pandemia de por medio y otras dificultades, demoraron la concreción de la iniciativa que ahora parte como un piloto.

La ingeniera comercial, con vasta experiencia en instituciones públicas y privadas, lleva 30 años ligada a TPH. En ese lapso ha vivido las transformaciones de una fundación que hoy tiene el desafío de contribuir a la inserción laboral de mujeres.

– ¿Cuál fue el foco inicial de la fundación?

– Partió como un sistema de microfinanzas, apoyando con pequeños préstamos a emprendedores y emprendedoras de espacios locales, pero estamos hablando de economías de subsistencia, el caballero que vendía carbón, la señora que vendía queques. Era como el modelo del Banco de los Pobres de Muhammad Yunus, con microcréditos, es decir, la gente devolvía la plata y con eso se les prestaba a otros, y esa misma lógica luego se implementó con Fosis. Varios años estuvimos trabajando con esa modalidad, pero en 30 y tantos años hemos hecho muchas cosas, nos dimos cuenta de que las microfinanzas no eran suficientes, que la gente necesitaba aprender a emprender.

Áreas de trabajo

En la sede de la fundación, en calle Juan de Dios Rivera, escenario de tantas historias de superación, Erna Ugarte explica las áreas que abordan. Además de la formación de conductoras, ofrecen un programa de capacitación para inserción laboral de mujeres en situación de vulnerabilidad. Consideran pastelería, manipulación de alimentos, cuidado de adulto mayor y emprendimiento. También un taller de Formación Profesional de Facilitadores y Facilitadoras en la Metodología CEFE, que significa Competencia como base de la Economía a través de la Formación de Emprendedores.

Respecto de este último, dice: “Tiene la lógica de que las personas adultas aprenden haciendo y con ese modelo TPH ha estado trabajando programas propios como formando a otros formadores, que es una fortaleza de esta institución. Nosotros formamos a otros formadores en estas metodologías”. Dice que es una manera “de apoyar a la gente que está en las comunidades, no basta que tú vayas y le pases la plata, no basta que le hagas un curso en que estén mirando la pizarra. La idea es que pongan en práctica los conocimientos que traen. Se pone en valor lo que ellos saben”.

– ¿Por qué es relevante capacitar y empoderar a las mujeres?

– Porque estamos más postergadas, tenemos brechas salariales y brechas de participación, tenemos menos oportunidades, nos toca el cuidado de los hijos, de los adultos mayores, no existe un sistema de cuidados implementado si bien se ha ido desarrollando. Por lo tanto, las mujeres tenemos menos posibilidades de generar ingresos autónomos. Apostamos a que generen sus propios ingresos, que elijan, dentro de las posibilidades, qué quieren hacer de manera autónoma

Relata que el 2013 empezaron a trabajar con fondos del Ministerio del Trabajo y con el Sence en formación en oficios. “Si bien la convocatoria era amplia, siempre quedaban mujeres, formamos a operadoras de grúa horquilla, trabajadoras para el retail, en gastronomía, panadería, pastelería, formamos en un oficio que nos pidieron las clínicas, auxiliar de nutrición y dietética, que son las personas que van a dejarle la bandeja a los pacientes”. Recalca que el foco siempre ha sido formar en oficios que tengan mercado laboral. Esa es una de las fortalezas del programa para conductoras.

“En la vida de las mujeres hay un cambio, eso es lo que pretendemos, no las tratamos como pobrecitas, no decimos pobres mujeres. No, decimos estas son mujeres poderosas, valiosas. Lo que nosotros hacemos es que ellas descubran su capacidad”.

– ¿De qué manera influye en la familia que la mujer salga a trabajar?

– Eso es una maravilla, es nuestro regalo por estar aquí, cuando las mujeres testimonian que sus hijos las ven de manera distinta, que su rol en la familia ahora es diferente. Tenemos miles de casos, pero me acuerdo siempre de una mujer que era trapecista de circo, de esos que recorren pueblos. Estaba perdiendo la tuición de sus hijos, hizo un curso con nosotros, accedió a un puesto de trabajo. Su vida se normalizó, comenzó a vivir en un departamento, empezó a trabajar y pudo mantener a sus hijos.

El enfoque de género, como elemento transversal en los programas, ha sido un sello de los últimos años, considerando la importancia de la toma de conciencia sobre las desigualdades y el empoderamiento de las mujeres.

“En la vida de las mujeres hay un cambio, eso es lo que pretendemos, no las tratamos como pobrecitas, no decimos pobres mujeres, no, decimos estas son mujeres poderosas, valiosas. Lo que nosotros hacemos es que ellas descubran su capacidad, les otorgamos elementos, las derivamos, nos hacemos cargo de una atención integral”

– Los cambios culturales son lentos y las mujeres siguen teniendo a cargo el cuidado de los hijos y la casa, ¿cómo lograr compatibilizar eso? Si bien las pueden empoderar, que logren un trabajo, siguen puertas adentro con una carga extra. ¿Cómo las ayudan en ese plano?

– La ayuda más concreta es el cambio interno, que se den cuenta de que no están obligadas a eso, que no es su destino, que pueden vivir de una manera distinta, que pueden compartir responsabilidades con los hijos más grandes, que pueden fortalecer su red de apoyo, que si están trabajando tal vez pueden contratar a alguien para que cuide a sus hijos. Es hacer conciencia de que ellas pueden vivir una vida distinta, con más alegría, con más autocuidado, con más valor.

Mujeres al volante

La formación de conductoras es el programa estrella y que los tiene expectantes. “Es nuestra joyita, es un programa que empezamos a armar hace siete años, lo hicimos con la Dirección del Trabajo, con el Sernameg, con empresarios del transporte”.

Relata que fue tan exitosa la convocatoria que recibieron 200 postulaciones en una semana. Ofrecen 60 cupos, 40 en marzo en dos cursos y luego otro a fines de año para 20 mujeres. Deben tener entre 22 y 55 años y contar con licencia clase B.

Se trata de un programa piloto. “Constituimos un comité consultivo, pensamos que es muy útil, invitamos a Sernameg, a la seremi de Transporte, a la Dirección del Trabajo, a representantes de la Federación de Dueños de Taxibuses, y a nuestra contraparte, el Gobierno Regional. El valor que tiene ese consejo es que vamos a ir recibiendo retroalimentación”.

– ¿Por cuánto se extiende el curso?

– Son 18 semanas. Hay un curso del Sence, pero esto no eso, es eso más competencias transversales. Son 200 horas de formación técnica para lo cual licitamos escuelas de conductores, pero además ofrecemos 116 horas de competencias transversales. Vamos a hablar de apresto laboral, de género, mujer y trabajo, control de estrés, atención al usuario, comunicación efectiva, legislación laboral.

– ¿Por qué es relevante que las mujeres ingresen en este ámbito?

– Porque es un servicio que tiene carencias de dotación, hace ya varios años que se hablaba de un déficit de 400 conductores. Por otra parte, es un servicio que requiere modernizarse, que no tiene una buena evaluación de parte de los usuarios, que dicen que en muchos casos prefieren esperar un taxibus que conduce una mujer.

– ¿Cuántas mujeres conducen micros en el Gran Concepción?

– Hay catastradas como 19, pero 12 están trabajando.

Ustedes van a incorporar a 60. -Si nos va bien, sí, y si los empresarios comprenden que esta es una oportunidad para cambiar su imagen, modernizarse. Nuestra meta es que ojalá las 60, pero necesitamos que el sector empresarial se comprometa.