El fracaso: salir de la vergüenza para crecer

Una sociedad exitista ha olvidado cómo las caídas son oportunidades de reinventar proyectos. El emprendimiento grafica estas instancias de aprendizaje.

Por Carolina Astudillo M.

“El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación”. Esta frase es del escritor Milan Kundera, en su libro “La insoportable levedad del ser”. En ella se refleja que el ensayo y el error son la vida misma. No hay forma de saber qué decisión es la mejor, ni de volver atrás. Y por ello, fracasar es parte del camino.

Sin embargo, siendo algo tan propio de la existencia de toda persona, la sociedad y su historia nos han hecho aprender el fracaso como si se tratara de una mancha para llevar con frustración o vergüenza. ¿No sería mejor corregir esa mirada por otra más amable -y coherente- con la vida?

“No hay nada que aprender del éxito”

El éxito está muy presente en las redes sociales, y en ellos, el mundo del emprendimiento tiene a sus íconos mundiales: Steve Jobs, Elon Musk, Mark Zuckerberg, o creadores de aplicaciones. Un aura de “glamour” rodea a estos líderes de opinión, como explica el académico de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Jorge Espinoza, y a quienes define como “empresarios que nos cayeron bien”, a diferencia de aquellos de décadas anteriores. “Sin duda han contribuido al desarrollo económico, pero son ‘improbables’. Son un caso en millones de personas”, indica.

Esto implica que el sueño de emprender, como cualquier sueño en la vida, tiene altas probabilidades de fracasar. ¿Qué hacer entonces?

El fracaso, dice la psicóloga Carla Soto-Aguilar, es la constatación de un resultado distinto al que esperaba. “Tengo la idea de algo, que va a resultar de cierta forma deseada, y cuando eso no ocurre, es negativo o adverso. Culturalmente se ha dotado al fracaso o al error de una serie de sentimientos negativos, como algo no deseable, pero desde una perspectiva más positiva, no existe el éxito o el acabado de una tarea muy exitosa sin que se hayan producido sucesivos ensayos que van perfeccionando aquello” explica. No obstante, cuando lo que ocurre no es positivo, asociamos a esos resultados sentimientos de vergüenza, abatimiento o desmotivación. “Lejos de ahí es donde las personas tenemos que relacionarnos con el logro. David Bowie dijo ‘No hay nada que aprender del éxito’. si quieres positivar las experiencias asociadas al logro, se debe resaltar que cuando vuelves sobre algo que no ha ocurrido, educas en persistencia, orientación al proceso, en vez que solo orientación al logro, que muchas veces podría llevar a malas prácticas solo con el objetivo de mostrar resultados, a cualquier costo”.

“Las personas que son capaces de reponerse a los fracasos, son aquellas que han podido conocerse a sí mismas, tener claridad respecto a sus capacidades, cierta seguridad personal, resiliencia, tolerancia a la frustración, orientación al proceso y a logros en medida equilibrada, espíritu de curiosidad y aventura”, Carla Soto-Aguilar, psicóloga.

El fracaso, a juicio de Jorge Espinoza, es dejar de involucrarte en una iniciativa, de la que esperabas un determinado resultado, y no lo obtienes, por lo que dejas de participar, y tiene un lado bueno y un lado malo. El bueno, dice Espinoza, es que, desde la teoría del aprendizaje, los fracasos llevan a aprendizajes más profundos. “Las personas, cuando nos equivocamos, generalmente reflexionamos más sobre lo que nos pasó, y nos cuestionamos más. Los eventos críticos, especialmente en el fracaso empresarial, generan estas oportunidades de aprendizaje denominadas también retroalimentación de ciclo doble: te cuestionas más los fundamentos con los que entiendes la realidad. Cuando funcionas con el éxito, la retroalimentación es de un ciclo, no te cuestionas. El lado malo, son los costos: el emocional, el financiero y el social. Baja la autoestima, se quiebran vínculos muy importantes, y se pierden recursos”.

Esta realidad es lo que motivó al economista a realizar su tesis doctoral en torno al fracaso -que si bien en el contexto emprendedor es pan de cada día, el ensayo y error es también un hecho que puede aplicarse para todos los proyectos y sueños de vida-. En resumen, el observó que los re-emprendedores han aprendido a crear su capital social en contextos adversos como un intento de equilibrar los costos emocionales, financieros y sociales producidos por las crisis, para ajustar sus negocios y lograr la persistencia o la resiliencia en contextos adversos.

Reinventar los sueños

Proyectos de vida, sueños rotos. Todas las personas podrían decir que cuentan con ambas cosas en su vida. Y los emprendedores levantan y bajan esos proyectos de vida muchas veces en su camino. Por ello, su experiencia puede graficar cómo el fracaso puede ser una buena fuente de aprendizaje y resiliencia.

Christian Cortés, Ingeniero comercial de profesión, antes de terminar la carrera postuló a un intercambio y terminó su último semestre en China. Siempre motivado por llegar a tener su propio negocio, a los dos años de regresar comenzó con un negocio personal, con socios. Este primer emprendimiento se fue dando de manera positiva: marcó solidez, importando equipamiento de China y Europa para eventos. Pero llegó la pandemia. “La demanda cayó en toda una industria completa, con dos años durísimos. Alcanzamos a tomar acciones en tres meses, al ver lo que pasaba en China, pero no podíamos frenar lo que venía”, explica el joven. “El emprendimiento nace bajo ciertas incertidumbres naturales, porque formas un modelo de negocio, y tienes aciertos y desaciertos. En el espíritu del emprendedor hay que tener un ‘cuerpo más grueso’ una capa en la piel para aguantar la frustración. Hubo unos meses de luto, hasta juntar las piezas de nuevo”. Aparte del emprendimiento que tuvo que cerrar, Christian tenía un café restaurante junto a su familia, que también fue afectado por la pandemia. Debió cambiar el modelo de negocio, como lo hizo la gran mayoría de los emprendedores. Con su hermana y su mamá levantaron nuevamente el negocio Café de Luz, en Talcahuano. Hoy trabajan 8 personas en un negocio con delivery y puntos de distribución.

“El fracaso es innegable -dice Christian-, es parte de la vida, es duro de enfrentar, porque nadie ni ningún proyecto se propone con la idea de fracasar. Lo importante es cómo transformarlo. Es clave el autoanálisis, y luego ya no es fracaso, es parte del aprendizaje”. 

El costo emocional, es también parte del aprendizaje. La ingeniera comercial, Carla Muñoz después de trabajar en distintas industrias, ella y su marido reunieron capital para dar el primer paso. Tener una distribuidora de alimentos, no resultó. Luego entraron al mundo del café de especialidad y estudiando el mercado, abrieron una cafetería, que tras diversas acciones dio finalmente resultado. Pero el estallido social, y luego la pandemia, afectaron el negocio y vendieron a tiempo. Carla dice que “no te enseñan en ninguna parte a enfrentar el fracaso, hay riesgos, porque emprender no es fácil, y los fracasos son duros porque hay en juego patrimonio y emociones” indica.

“Desde la teoría del aprendizaje, los fracasos llevan a aprendizajes más profundos. “Las personas, cuando nos equivocamos, generalmente reflexionamos más sobre lo que nos pasó, y nos cuestionamos más”, Jorge Espinoza, académico FACEA UCSC.

No obstante, tras su experiencia, señala qué actitudes son claves: “hay que saber cuándo emprender y cuándo dar un paso al costado, porque un emprendimiento es una creación propia. Cuesta desprenderse cuando no están funcionando. Una clave es entender que hay momentos en que hay que retirarse porque se pone en juego el desgaste emocional, y parte patrimonial. También hay que ser ordenado, hacer algo que te gusta y que conozcas, porque hay que dedicarle mucho tiempo. Somos 24/7”. Carla trabaja actualmente en una consultora de gestión medioambiental familiar. 

El apoyo ante el fracaso

Desde el punto de vista académico, Jorge Espinoza señala que “a nivel de políticas púbicas está bien incentivar el emprendimiento, porque hay que crear nuevas empresas, porque renuevan las economías, generan mejores empleos, y crecimiento económico. Pero se sabe que, de muchos nuevos negocios, muy pocos resultan”. 

Carla Muñoz indica sobre este punto que “falta bastante apoyo a los emprendedores en esas áreas, no solo poco apoyo financiero sino también en los fracasos para entender y sobrellevar esas crisis. Es fracaso puede llevar a problemas graves, y situaciones como la pandemia son imponderables”.

“Las personas que son capaces de reponerse a los fracasos, son aquellas que han podido conocerse a sí mismas, tener claridad respecto a sus capacidades, cierta seguridad personal, resiliencia, tolerancia a la frustración, orientación al proceso y a logros en medida equilibrada, espíritu de curiosidad y aventura”, explica la psicóloga Carla Soto-Aguilar. Muchas de las habilidades nombradas se pueden desarrollar, y muchas de ellas se basan en las experiencias de la primera infancia. “Un clásico es el concepto del ‘locus de control’: si tengo un locus de control externo, que significa externalizar lo que tenga que ver con los fracasos y los éxitos, tengo muy poco poder personal. Una persona con experiencias saludables, seguridad en sí mismo, es capaz de reconocer sus errores sin angustias, sin ansiedad, y es capaz de identificar qué aspectos de sí mismo tienen que ver con los éxitos, y con los errores, para volver sobre ellos y corregirlos” detalla. 

¿Cómo se hace? la clave es la palabra “desarrollo”. Soto-Aguilar señala que, frente a cualquier situación adversa, se abre la posibilidad de desarrollo. “Puedes atravesar por esa experiencia no realizando ningún desarrollo, no volviendo la mirada para aprender nada, o para identificar cuál es el margen que tenía antes de la experiencia. Esta situación me vino a mostrar que, si bien en su momento no tenía tales o cuales herramientas, entonces, ese es el margen que tengo de desarrollo (…). Eso sin duda es algo que se aprende y ejercita, a cualquier edad, si uno se dispone a ello”. Y hay una herramienta que es vital: pedir ayuda. Es el capital social que nombraba el académico Espinoza, la psicoterapia que propone Soto-Aguilar, u otros caminos que hoy, como dice la psicóloga, se abren en nuestra sociedad: actividades como un paseo, el deporte, el contacto con la naturaleza, y fortalecer lazos con amigos o familiares.