Francisco Covarrubias Porzio, analista político: “Hay problema muy grande de credibilidad en el Presidente”

Decano de la Facultad de Artes Liberales de la U. Adolfo Ibáñez aborda los factores que influyeron en el amplio triunfo del Rechazo, el rol del Partido Comunista hoy en Chile y la necesidad de establecer una nueva convención con reglas distintas a la anterior.

Por Cecilia Díaz R.

Si bien las encuestas habían adelantado el triunfo del Rechazo, nadie previó la holgura con que se impondría esta opción ni la alta participación electoral. En esa jornada cívica, ejemplar por el orden y la rapidez en la entrega de los resultados, los chilenos dieron contundentes mensajes que obligaron a un cambio ministerial y a emprender un camino para lograr una nueva propuesta constitucional que le haga sentido a la población.

Los días posteriores al plebiscito han sido de análisis y proyecciones. En eso ha estado Francisco Covarrubias Porzio, decano de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez. Ingeniero comercial, con un máster en Economía en la U. de Navarra y un magíster en Ciencia Política en la PUC, lleva años interpretando el momento político a través de columnas en medios de comunicación. En su opinión, elegir una nueva convención, eso sí con reglas distintas, es necesario para continuar el proceso. 

– ¿Previó el triunfo del Rechazo con una diferencia tan amplia?

– Desde marzo preví un triunfo del Rechazo, lo tengo escrito, e incluso preví que iba a ser holgado. Hay una razón muy simple, aritmética. Lo que ocurrió con José Antonio Kast, un candidato ultraconservador, que sacó el 44%, y con el Senado, donde la derecha saca el 50%, dio muestras de que el país había cambiado. La gente que votó por Kast era gente a la que le daba susto la izquierda y le daba susto Boric. La derecha normalmente vota por susto, y creo que el susto que daba la nueva Constitución, como gatillador de la votación, era mayor al de Boric, era más parecido al de Jadue. Eso era un factor movilizador que se suma a todas las razones que se han dado. Por eso siempre pensé que iba a ganar el Rechazo y que iba a ganar holgado, pero nunca creí que con tanta holgura. Eso para mí fue sorpresivo, al igual que fueron sorpresivos los niveles de participación. Difícilmente pensé que iban a superar los 11 millones de personas.

– En su opinión, ¿qué aspectos de la propuesta generaron ese temor en la población?

– El todo es incluso mayor que la suma de las partes. El todo es un texto completamente refundacional, que lo que hacía era partir el país de nuevo, resetear el computador y, por lo tanto, perder todos los archivos que teníamos. Ese es el todo. Y después está la suma de las partes en que cada uno podrá tener razones particulares, los evangélicos y los católicos podrán considerar que es el tema del aborto; otros podrán considerar el tema político; otros, la plurinacionalidad. Había múltiples razones por las cuales el texto era malo o, si no era malo, la gente se podía oponer a él. 

– ¿Cuánto pesó la baja adhesión al gobierno? ¿No sería un voto de castigo a la gestión de Boric, más allá del texto propuesto?

– Hay algo de eso. Estuvo bidireccionalmente vinculada la convención, es decir, la baja popularidad de la convención ha afectado la popularidad del gobierno y la baja popularidad del gobierno ha afectado a la convención. Me parece que hay un efecto doble y pudo haber habido un castigo al gobierno, pero no me parece que sea el tema central, creo que incluso con un gobierno con mayor popularidad o una situación económica un poco mejor, habría sido igual.  Me parece que los chilenos masivamente fueron a repudiar un texto que reinventaba el país sin que la gente quisiera que se reinventara.

– ¿Las reglas que dieron origen a la convención fueron la causa del fracaso?

– El problema estuvo en que se dio una particularidad, se dio una elección que no dialogaba con lo que había sido históricamente el país, ni con lo que fue después de esa elección. La derecha siempre sacó entre el 35 y 40 %, y en la convención sacó el 22 %. La centroizquierda siempre ha sacado 15 a 20 %, y sacó prácticamente nada, casi no existió. Hubo un momento particular en que se eligió una convención que no era representativa del país, que tenía la legitimidad democrática, pero que respondió a diversas razones. Se podrían haber movido estratégicamente de forma de darse cuenta de que lo que estaba ocurriendo allí dentro era distinto a lo que ocurría afuera, sin embargo, fue como si se hubieran ido a sesionar a un submarino, es decir, bajaron el fondo del mar sin saber lo que estaba ocurriendo en el exterior. Y se dieron todos los gustos personales para refrendar políticas identitarias, donde cada uno llevaba su propia política.

– ¿Cuánto influyó la participación de independientes?

– Esta fascinación que se dio por los independientes fue también una causa, porque los independientes demostraron que tenían un domicilio, que estaba por lo general en la ultraizquierda. Nos dimos cuenta de que acá lo que se requieren son corrientes de opinión, partidos políticos que enmarquen, que tengan la capacidad de negociar. Como cada independiente llevaba su propia política identitaria y, para defender su política, apoyaba a otras para que apoyaran la suya, el texto terminó siendo un mamarracho.

Vocación de centro

– ¿El resultado debería generar un reordenamiento de las fuerzas políticas, un acercamiento de los partidos de derecha con la centroizquierda?

– Yo creo que sí. Todo el sistema político ha estado ordenado de acuerdo con cómo se había ordenado para el plebiscito del Sí y el No del año 88, y prácticamente luego no hubo cambios. Los que habían votado No siguieron juntos y los que habían votado Sí siguieron juntos; al cruzar una parte importante de la centroizquierda, me da la impresión de que es un cruce que no tiene vuelta atrás, porque no los van a recibir de vuelta o porque hay una revalorización del centro. Por lo tanto, no tienen muchas posibilidades de volver a aliarse con el Partido Comunista y el Frente Amplio. Es posible que en una primera etapa se reinstalen los tres tercios. Vamos a ver si esta revalorización del centro logra capitalizar un mundo político, eso es una primera etapa. Veo a esa centroizquierda por el Rechazo más cercana a la centroderecha excluido el Partido Republicano.

-Eso le iba a preguntar, ¿cómo visualiza el futuro del Partido Republicano? ¿Aislado de Chile Vamos?

– Creo que Chile Vamos tiene claro que su futuro depende de alejarse del Partido Republicano, el que le permite mostrarse con una política mucho más moderada y, por lo tanto, todos los males que suele encarnar la derecha los absorbe el Partido Republicano. En ese sentido, su existencia favorece a Chile Vamos. Dicho eso, hay que tener en cuenta lo que ha ocurrido en otras partes del mundo, donde la aparición de derechas más extremas, en algunos casos radicales o ultraconservadoras, en algún momento se les trata de aislar, pero, cuando empiezan a recabar votaciones importantes, ya se les hace difícil. Es el caso del Partido Popular con Vox. Mientras es una expresión minoritaria es fácil aislarla, y ellos asumen los costos de todos los males que se le sindican al sector, ya cuando empieza a crecer, es más difícil. 

– ¿Qué te pareció la reacción del gobierno ante el triunfo del Rechazo?

– Primero el discurso del Presidente, si uno ve sólo el discurso, fue un buen discurso, bien los tonos, bien el mensaje. El problema es que uno no puede aislar el discurso del Presidente de lo que han sido sus actuaciones anteriores. Las mismas contradicciones que vimos con las críticas al gobierno “criminal” de Piñera y luego casi le rinde un homenaje; la misma contradicción respecto del estado de excepción, del retiro de las AFP. Aquí vemos la contradicción entre el discurso de estadista que tuvo después de la derrota, respecto de lo que había sido su actuación dos semanas antes como jefe de campaña del Apruebo, denostando al Rechazo, diciendo que las dos opciones eran legítimas, pero dejando súper claro que había una más legítima que otra. Entonces, finalmente hay problema muy grande de credibilidad en el Presidente.

– ¿Y el cambio ministerial?

– Vemos un intento de abrazar a la Concertación, pero el Frente Amplio se levantó para hacer política en contra de la Concertación, entonces, hay una pérdida de las banderas centrales sobre las que se fundó el grupo político, lo que le hace particularmente complejo marcar una identidad hacia adelante. Yo veo muy complicado al gobierno en términos de definir una identidad. ¿Qué identidad quiere tener? ¿Quiere rescatar a la Concertación después de haberla pisoteado? ¿Ahora los acuerdos son aceptables? ¿La negociación política es tolerable? ¿Este se va a transformar en el quinto gobierno de la Concertación? Si eso es así, es una opción política, pero no creo que quieran eso, probablemente van a quedar en tierra de nadie, abrazando al “enemigo” para ganar tiempo, para poder seguir adelante en una política identitaria mucho más refundacional, que es la que siempre tuvo el Frente Amplio unido al Partido Comunista.

Nueva Convención

– ¿Una nueva Convención es imprescindible para continuar el proceso constituyente?

– A mí me parece que sí, porque ha quedado bastante claro que el Rechazo iba con la necesidad de una nueva Constitución y no hay otra forma de hacerla que con los parlamentarios o con una convención, y parece ser que los parlamentarios siguen gozando de mala salud para la población; yo creo que se van a revitalizar después de lo que vimos. Lo probable es que tenga que existir una nueva convención posiblemente con reglas distintas de independientes, de pueblos originarios y, sobre todo, me parece que hay bastante avanzado en ello y ojalá que se pueda plasmar, con el intento de establecer listas nacionales que les permitan a los partidos llevar candidatos que no sean grandes figuras de arraigo popular, pero que puedan ser realmente un aporte a la convención.

– ¿Paritaria?

– El tema paritario, que daría para otra discusión, se ha instalado en Chile, creo que hoy todos están de acuerdo en ello. Uno puede hacer un análisis bien profundo respecto de la paridad, pero hoy está instalado y nadie lo ha puesto en discusión.