Usuarios de redes sociales fallecidos: ¿Mantener el recuerdo o borrar su perfil?

Expertos explican los impactos que tienen los perfiles de redes sociales de personas fallecidas en sus entornos. Asimismo, detallan las maneras de cerrarlas o de convertirlas en conmemorativas para preservar la memoria del ser amado. 

Matías Sánchez V.

Si existe un ejemplo de cómo lo digital podría cambiar nuestras percepciones sobre la muerte es, sin dudas, la serie de ciencia ficción británica: “Black Mirror”, de Netflix. En el capítulo de la segunda temporada: “Vuelvo enseguida”, la trama trata sobre Martha, quien contrata un servicio digital para continuar hablando con su pareja Ash, luego de fallecer en un accidente automovilístico mientras trabajaba.

Esta inteligencia artificial que utilizó la protagonista reprodujo la manera de pensar y de expresarse del difunto. Eso, con base en las publicaciones que hizo en redes sociales como Twitter y Facebook. Y pese a que funcionó en un principio, Martha decidió comprar un producto más sofisticado que imitó la manera física de su prometido. Sin embargo, ella comenzó a darse cuenta de que era solo una copia que intentó simular ser Ash, desilusionándose por completo del androide (los invito a verla para tener más detalles y así, entender la trama y ver su final).

Aunque es una situación ficticia, ya Amazon confirmó que está trabajando en una actualización de su asistente Alexa para que pueda imitar la voz de un familiar. Ante un panorama así, resulta crucial preguntarse cómo podemos lidiar con la muerte de un ser querido en el mundo digital.

Eso, porque más de alguno conoce un perfil de redes sociales, cuyo dueño está muerto. Lo que genera preguntas y dilemas como: “qué hacer con esta red social: cerrarla, mantenerla como está o transformarla en una de tipo conmemorativa para homenajear la memoria de la persona”.

Cambios en el perfil

Según un estudio de la empresa internacional DAS, en 2012 Facebook ya contaba con 30 millones de cuentas pertenecientes a personas fallecidas. En esa misma línea, investigadores de la Universidad de Oxford publicaron un artículo titulado: ‘Are the dead taking over Facebook’, en el que proyectan que la red social alcanzará en 2100 entre 1.400 y 4.900 millones de perfiles muertos, dependiendo de la tasa de crecimiento que tenga la red social de Mark Zuckerberg.

Ante este fenómeno, casi todas las plataformas contemplan la opción de eliminar la cuenta de una persona que falleció. Para eso, se debe procesar una solicitud y proporcionar algún documento que demuestre el deceso del usuario, tales como: poder notarial, certificado de nacimiento, testamento, declaratoria de herederos o aviso fúnebre. Luego, se debe enviar el enlace del perfil, su nombre y, si es posible, el correo electrónico con el que gestionaba su cuenta en vida.

Otra opción es transformarla en conmemorativa para que amigos y familiares compartan recuerdos del ser querido en su muro. “Aparecerá la palabra en ‘memoria de’ junto al nombre de la persona en su perfil; no aparecen estos perfiles en espacios públicos como sugerencias de ‘personas que quizá conozcas’, recordatorios de cumpleaños o anuncios; nadie puede iniciar sesión en la cuenta; las cuentas de ‘contacto de legado’ (personas asignadas por el difunto para administrar su perfil una vez muerto) no se pueden cambiar”, detalla Facebook.

Una tercera posibilidad es recuperar la cuenta. “Esta opción se aplica en Facebook e Instagram y puede usarse para subir contenido. No obstante, no permite que el nuevo administrador lea los mensajes previos porque la idea es rendir homenaje a su antiguo dueño”, explica el magíster en Comunicación Estratégica y Digital, Víctor Pulgar.

Esta manera de vivir el luto en el mundo digital es similar a cómo se hace en el mundo físico con homenajes como, por ejemplo, las animitas. “Son parte de nuestra cultura, no podemos dejar de querer vincularnos a lugares en los que frecuentemente compartimos con quien falleció. Además, algunos cementerios tienen espacios para dejar mensajes en memoria de quienes se fueron como, por ejemplo, el Cementerio Metropolitano, que cuenta con una red social denominada ‘Recuérdame’ para conmemorar al ser querido a través de un perfil virtual”, puntualiza Pulgar.

Lo privado y lo público

Tras la muerte, distintas culturas y ritos buscan mantener la presencia de los seres queridos mediante diferentes opciones: libros de recuerdos, fotografías o videos. Pero esta manera de vivir el duelo cambia con las redes sociales, ya que transgrede la privacidad de la esfera familiar y se convierte en un evento público. Eso, porque distintas personas que conocieron al fallecido generan un soporte entre sí frente ante la pérdida humana. 

Para el doctor en Sociología Luis Silva la distancia entre el espacio público y privado es cada vez más tenue, generando un mayor impacto del ser querido que partió en la memoria de quienes lo amaron y estimaron. “El recuerdo se transforma en un proceso de rectificación de las características de la personalidad, las actividades y las acciones desplegadas por el sujeto en su cotidianeidad”, dice.

“El recuerdo nunca es malo, pero la posibilidad de resucitar al individuo se está dando cada vez más, sobre todo en el mundo del espectáculo. Sin embargo, su ausencia debe ser superada desde una arista filosófica, ética e incluso estética”, Pietro Cea, doctor en Ciudadanía y Derechos Humanos.

Por eso, el también académico de la carrera de Administración Pública de la U. San Sebastián sede Concepción advierte sobre la idealización que crean los avatares o perfiles de los difuntos en redes sociales. “Estas refuerzan especialmente las características positivas del sujeto y disminuyen las negativas. Eso sobredimensiona la virtud del difunto, perdiendo las particularidades de su personalidad en conjunto”, afirma.

Aunque recordar a la persona no es malo, sí es dañino aferrase al pasado y no poder superar el duelo. “El recuerdo nunca es malo, pero la posibilidad de resucitar al individuo se está dando cada vez más, sobre todo en el mundo del espectáculo. Sin embargo, su ausencia debe ser superada desde una arista filosófica, ética e incluso estética”, aconseja el doctor en Ciudadanía y Derechos Humanos con especialidad en Filosofía Política, Pietro Cea.

Una idea similar sostiene Luis Silva, quien llama a ser cautos con los efectos que generan los recuerdos virtuales, los que pueden variar de persona en persona. “Las consecuencias podrían llegar a ser nefastas y no recomendables, especialmente si la persona no se siente preparada para recordar. Ante una situación de este tipo, lo aconsejable es pedir ayuda a profesionales de la salud mental”, recomienda.

Recuerdos del Perfil

Alexa Valladares Sánchez de 32 años es una nieta que perdió a sus dos abuelos el año pasado. Uno de ellos, Domingo Sánchez usó Facebook antes de morir de cáncer en Linares. Las sensaciones de tenerlo aún como amigo en la red azul son, como define, un poco incómodas. “Un día me puse a revisar mis fotos de perfil y vi que siempre había un comentario de él, ya sea felicitándome por algún logro o diciéndome lo mucho que me quería”, recuerda.

Añade: “Luego, me vino la idea de visitar su perfil y me encontré con un video del año pasado en el que saluda a una persona y le desea que esté bien. El hecho de verlo y escuchar su voz me hizo llorar, y darme cuenta de lo mucho que lo necesito. Aunque me hizo bien en su momento, no he vuelto a entrar más a su perfil desde esa oportunidad”, relata.

“Como familia, decidimos cerrar su cuenta de Facebook en 2014 y no dejarla de manera conmemorativa para evitar exponerlo innecesariamente”, Patricia Gallegos, perdió a su padre de 61 años.

Otro caso es el de Patricia Gallegos Fernández de 50 años. Su padre falleció en Concepción a los 61 años luego de estar en coma a causa de un accidente vascular. “Como familia, decidimos cerrar su cuenta de Facebook en 2014 y no dejarla de manera conmemorativa para evitar exponerlo innecesariamente”, cuenta.

En conclusión, la posibilidad de vincularnos con las redes sociales y vivir el duelo no es absolutamente malo, sino que dependerá de cómo se encuentre el afectado por el deceso de su amigo o familiar. Asimismo, existen personas que encuentran en estas plataformas un verdadero apoyo frente a la pérdida, resultándoles muy alentador su uso para aceptar  y comprender la naturaleza de la muerte.

“Paso a paso”

Los interesados que deseen cerrar la cuenta o cambiarla a una conmemorativa deben ingresan a la sección: “Servicios de ayuda” de Facebook y luego escribir en la barra: “Solicitud especial para la cuenta de una persona fallecida o con incapacidad médica”. El solicitante debe proporcionar su nombre completo, correo electrónico para contactarlo y enviar la documentación que se exige. Luego, elegir una de las siguientes opciones: ‘conmemorativa’, ‘eliminar la cuenta por fallecimiento’, ‘eliminar la cuenta por incapacidad médica o solicitud especial’. La resolución del trámite dura menos de 24 horas.