Reciclaje de electrodomésticos: Una basura interminable 

Expertos explican lo vital y urgente que es darles nueva vida a los electrodomésticos para cuidar el planeta. Asimismo, alertan que el reciclaje es solo una medida paliativa para este tipo de desechos que aumentan año tras año. 

Matías Sánchez V.

La nota que está leyendo se escribió en un notebook que, probablemente, esté tirado en un vertedero en los próximos años. En el mejor de los casos, reciclado para elaborar otro computador o desmontado para aprovechar sus piedras preciosas, circuitos y una que otra pieza. Esta descripción está relacionada con conceptos como: economía lineal, economía circular, reciclaje y, por qué no, consumismo. 

Por definición, la economía lineal trata sobre una producción sostenida de los productos, independiente de la cantidad de insumos que requieran, así como de la materia prima y residuos. “Por tanto, no considera que los recursos naturales puedan agotarse o que los sitios de disposición final se saturen, generando graves externalidades o desastres ambientales”, alerta Katherine Brintrup Barría, directora de Ingeniería en Energía y Sustentabilidad Ambiental de la U. San Sebastián sede Concepción.

Ante este panorama, que contribuye el calentamiento global, nace como respuesta la economía circular, un nuevo sistema que busca producir bienes y servicio, pero que separa el crecimiento del consumo de recursos. “Es importante porque genera una economía sustentable, reduciéndose el uso de materias primas, energía y generación de residuos. Lo que añade valor a los productos”, afirma Katherine Brintrup.

Es aquí, cuando aparece el reciclaje de aparatos eléctricos (necesitan enchufarse para funcionar) y electrónicos (que tienen circuitos) como una medida paliativa para proteger al ecosistema de sus residuos. “Cuando los aparatos tecnológicos son desechados, infectan el agua con metales pesados, como, por ejemplo, mercurio y plomo. Para ilustrar, un televisor puede contaminar hasta 80 mil litros de agua, y una batería de celular hasta 50 mil litros”, dice la también doctora en Ciencias Ambientales Katherine Brintrup.

Chilenter

Un caso a nivel nacional que se encarga de la gestión de residuos electrónicos y eléctricos es Chilenter, fundación privada, pero vinculada al Estado. En concreto, lo que hacen es reacondicionar computadores para darles un nuevo uso en lugares como colegios, municipalidades y organizaciones sociales. Según sus estimaciones, logran entregar poco más de 4 mil equipos al año. Su planta se encuentra en la comuna de Quinta Normal, Región Metropolitana.

“Recibimos muchos residuos, los cuales abrimos y revisamos mediante un control de calidad. Si pasan el test, se utilizan para armar o reacondicionar equipos computacionales, los que cuentan con una garantía de calidad y un certificado de que la memoria fue borrada completamente mediante un proceso especial”, explica el director ejecutivo de Chilenter, Matías González Pacheco.

“Chile está muy atrasado con el reciclaje, ya que existen residuos que, pudiendo ser reciclados, van al confinamiento. Eso, trae como consecuencias problemas ambientales como el colapso de los rellenos sanitarios”, Mauricio Jarpa Catalán, gerente general de Biobío Recicla.

En caso de que ciertos elementos no pasen la fase de prueba, ya sea porque están deteriorados u obsoletos, son reciclados o enviados a países como Corea del Sur o Japón, donde pasan por un proceso de minería urbana. “En esas naciones, se rescatan los metales preciosos que tienen las placas madre, como oro, plata y paladio”, puntualiza el también ingeniero comercial.

Pese al esfuerzo que hacen desde la fundación, Matías González se siente preocupado, ya que cada año los desechos en Chile aumentan. De hecho, según Naciones Unidas, si en 2009 eran 70 millones de kilos de residuos en el país, en 2019 llegó a los 149 millones. “En algunos años más, la minería extractiva no dará a vasto para la demanda de nuevos productos”, advierte el director ejecutivo de Chilenter.

Biobío Recicla

Un caso local es Biobío Recicla, empresa ubicada en Talcahuano. Además de gestionar todo tipo de residuos sólidos, ofrece asesorías técnicas, cálculo de huella de carbón y clases sobre educación ambiental. Reciben mensualmente entre 10 a 25 toneladas de desechos eléctricos y electrónicos, y aseguran que aumentará con el tiempo.

“Nuestro proceso comienza con el retiro de los residuos de empresas que fabrican estos elementos como también de los que solo los importan. Después, son llevados a nuestra planta de procesamiento, donde seleccionamos los productos y los desmantelamos”, señala Mauricio Jarpa Catalán, gerente general de la empresa.

Agrega: “Biobio Recicla está autorizada por el Ministerio de Salud para poder desarmar y procesar estos residuos. Los clasificamos en ‘peligrosos’ y ‘no peligroso’ para derivarlos, según corresponda, a empresas especializadas en la recepción de materiales no reciclables como en la fabricación de otros productos. De igual manera, contamos con una bodega ‘respel’ para acaparar residuos peligrosos”, indica.

Aunque afirma que reciclan lo que más pueden, advierte que este año han aumentado los desechos, aspecto que atribuye al desconfinamiento y la apertura de colegios, empresas y locales comerciales. “Chile está muy atrasado con el reciclaje, ya que existen residuos que, pudiendo ser reciclados, van al confinamiento. Eso, trae como consecuencias problemas ambientales como el colapso de los rellenos sanitarios”, afirma.

Reciclaje Inclusivo

Hasta el momento, se ha detallado el proceso de las plantas de reciclaje, sin embargo, falta otra pieza clave: los recicladores, personas que transportan, seleccionan y venden los residuos en chatarrerías o ferias libres. De hecho, la Municipalidad de Peñalolén cuenta con un programa para ellos, denominada “Reciclaje Inclusivo”.

“Es necesario crear conciencia y educar sobre el consumo. De ese modo, se minimiza la presión que se ejerce sobre la extracción de recursos naturales”, Katherine Brintrup, directora de IESA USS Concepción.

“El programa de Reciclaje Inclusivo nace en 2009 y busca ser una iniciativa de triple impacto: ambiental, para reciclar los aparatos; económico, al valorizar los residuos; social, porque trabaja con personas vulnerables de la comuna”, explica Felipe Hernández Mora, jefe del Departamento de Educación Ambiental y Programas de Sustentabilidad del municipio capitalino.

Según cuenta el también ingeniero en Recursos Naturales, la iniciativa dignifica el oficio del reciclador a través de capacitaciones y de la entrega una ruta para buscar los materiales desechados en las casas. Asimismo, los ayudan a tener puntos de acopio para que puedan aumentar el volumen de los residuos que recolectan y así, venderlos a las empresas que valorizan estos desechos.

“Le permitimos al reciclador hacer el primer filtro. Por ejemplo, si llega un computador y está bueno, él tiene la prioridad de llevárselo. En el caso de que el electrodoméstico esté malo, este artefacto va a una tolva que lo traslada a la planta de reciclaje”, cuenta el jefe del Departamento de Educación Ambiental y Programas de Sustentabilidad de la Municipalidad de Peñalolén.

Aunque Peñalolén es reconocida por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) como la ciudad de Chile con mayor avance en el combate contra el cambio climático. Para Felipe Hernández cada vez se vuelve más difícil ayudar al ecosistema por el rápido aumento de los desechos eléctricos y electrónicos. 

“El año pasado hicimos tres operativos y reciclamos 14 toneladas. Este año, solo en uno recopilamos 7 toneladas. Además, los artefactos desechados han cambiado, si hace un par de años lo que más encontrábamos eran electrodomésticos de línea blanca, hoy son computadores, celulares y tablets”, asegura.

Mayor conciencia 

Ante una montaña de desechos que crece año tras año, la Unión Europea estableció como cargador universal el USB tipo C para todos los dispositivos móviles a partir de 2024. Otro aspecto que logró el organismo es el “Derecho a reparación”, obligando a las empresas que vender electrodomésticos con la garantía de que puedan ser reparados en, al menos, 10 años.

“Ambas medidas son importantes para reducir los daños en el medio ambiente. No obstante, es necesario crear conciencia y educar sobre el consumo. De ese modo, se minimiza la presión que se ejerce sobre la extracción de recursos naturales”, reflexiona Katherine Brintrup.

Finalmente, Felipe Hernández llama a las personas a ser responsables con los productos que compran y que piensen si es realmente necesario adquirirlo. “El reciclaje no es una solución, es solo mejor que botarlo a la basura. Eso, porque igualmente implica producir un nuevo aparato, y con eso, utilizar energía o enviarlo por barco a otro país, lo que genera una huella de carbono”, sentencia.