Santuario de Montahue cumple 50 años de testimonio vivo

“Montahue, entre los bosques y el río, Montahue, donde la gran misionera de Schoenstatt hará grandes milagros de gracia”… Ese es el lugar que, desde hace 50 años, se transformó en un foco espiritual para los habitantes del Gran Concepción y para misiones de todas partes de país.

Carolina Astudillo M.

Solo un pequeño cartel, ubicado en el kilómetro 2,5 camino a Santa Juana, indica el acceso a este Santuario del Movimiento de Schoenstatt, fundado el 20 de mayo de 1971. Su tranquilo entorno natural y su ambiente de recogimiento, llaman al encuentro con Dios, no solo a los miembros de la “Familia de Montahue” sino también a vecinos de la ciudad e incluso a personas que sin estar tan cerca de la Iglesia, buscan un momento para hablar con Dios y la Virgen.

El carácter Mariano marca a los Santuarios de Schoenstatt, poniendo foco en la espiritualidad de María, “la Mater”, cuya imagen está junto a Jesús en el altar. Es así como en la década de los 40, llegan a Concepción un grupo de hermanas marianas, para hacerse cargo de la Sociedad Protectora de la Infancia, ubicada en ese entonces en la calle Chacabuco. Diez años después un grupo de jóvenes católicas penquistas empezaba a conocer el Movimiento y contaron con el apoyo de asesores que llegaron desde Santiago, dando así los primeros pasos para la futura fundación.

Angélica y Dante Giraudo son un matrimonio parte del Movimiento en Concepción, y detallan que desde 1958, poco a poco, la Mater empezó a cautivar a las familias penquistas: se conformaron grupos de juventud masculina, femenina, señoras y matrimonios, y se integran sacerdotes del Instituto de Padres de Schoenstatt de Santiago, quienes comienzan a compartir el anhelo general por el Santuario. Tras un tiempo de búsqueda, el movimiento encontró el lugar: entre los bosques y el río. El santuario se bendice el 20 de mayo de 1971, justo en un tiempo en que Chile está convulsionado. 

Como dice el Padre Felipe Bezanilla, quien llegó a Montahue desde Santiago hace 6 años, este lugar nace “en un momento de mucha tensión política, pero permitió encontrar un cambio en medio de esas tensiones sociales y políticas, permitió encontrar un camino de encuentro. Montahue tiene una relevancia dentro de Chile”. En ese tiempo, el santuario llega a ser junto a la Iglesia católica penquista, una respuesta para formar un hombre nuevo, lleno de Dios, para la comunidad. 

Miembros del Santuario

El matrimonio Giraudo es parte de la familia de Montahue desde los años ’80. Angélica participaba en diversos encuentros en la Parroquia Universitaria, y en algunos de ellos asistía una familia schoenstatiana, “con un fuerte espíritu familiar que llamaba mucho la atención” relata. Angélica conoció Montahue y la imagen de la Mater a través de la hermana Paulina Vera, y se integró a la rama universitaria. Paralelamente conoció a Dante y lo llevó a él y a sus padres a una Misa, quienes se motivaron para participar en la rama de matrimonios, a la que Dante y Angélica se sumaron tras su matrimonio. “El Santuario de Montahue es cobijamiento, transformación y envío apostólico. Lo que más nos ha ido cautivando es que alrededor de este santuario y en la familia de Schoenstatt puedes vivir el cristianismo y el espíritu de familia que nos atrajo desde un comienzo”.

Por su parte el Padre Felipe Bezanilla conoció el movimiento en el Santuario de Bellavista, en Santiago. “Encontré ahí una familia, una bonita comunidad con altos ideales. Con una misión grande, y con un ambiente de familia. Eso me ayudó a encontrar mi llamado como sacerdote”.

Sin embargo, al referirse a Montahue, hay palabras dedicadas con aprecio: “Es un lugar que Dios nos preparó porque nos quería mucho. El santuario es un polo espiritual dentro de Concepción para quien quiere buscar a Dios. Hay muchas personas que se encuentran en ese lugar con Dios, incluso sin tener tanta raíz con la Iglesia”.  

Un Santuario al servicio de la Iglesia

La clave para que este Santuario se perpetúe a través de las generaciones es que, a lo largo del tiempo la familia de Schoenstatt ha estado inserta en la Iglesia local, “apoyando a parroquias con cursos de novios, de bautizos, en catequesis de colegios”. A ello se suma una acción distintiva, que es ya un emblema: la “Virgen Peregrina”: “La Virgen sale del santuario y va al encuentro de las familias locales, como regalo del santuario. Esta campaña ha sido maravillosa, porque la imagen de la Mater ha llegado a personas de los lugares más apartados”. 

Y en este periodo de pandemia, la familia de Montahue se ha adaptado a la realidad, y ha utilizado las redes, y tal como en momentos de presencialidad, “muchas personas pasan por el santuario, no solo como parte del movimiento, éste perdura en el tiempo porque es una respuesta a la necesidad de la época, se ve a juventud, matrimonios y profesionales que quieren formarse y estar integrados a la iglesia de forma real” detalla Dante. 

En esta tarea misionera, Angélica destaca al grupo “Misión”, y la unión o alianza de amor con la Virgen en el Santuario. “La alianza es un hito importante en la vida de los schoentattianos, pero también hay alianzas de personas que no lo son. La alianza es con la Virgen y el Santuario, y uno se compromete a contribuir al llamado capital de gracias: le entregamos a la Virgen lo que somos, para contribuir a que ella entregue su gracia en el mundo, para ser fundamento vivo, ser apóstol, que es entregar la vida de manera activa para el crecimiento del movimiento y la diócesis”.