Desafíos y lecciones ante eventual regreso a clases en modalidad virtual:¿Listos para el nuevo año escolar?

Mientras establecimientos educacionales anticipan planes de retorno, con variables como contagios y fases sanitarias, expertos, profesores y autoridades analizan los aprendizajes y desafíos que dejó un 2020 lejos de las salas. 

 Por Érico Soto M.

Terminado un año 2020 que alejó a los alumnos de las clases presenciales e hizo necesaria la digitalización de la educación, son muchos los desafíos y lecciones que deja la pandemia frente a un inminente nuevo año escolar. La continuación de la modalidad virtual asoma como factor para mejorar lo hecho en el último período, en busca de mejores resultados y la posibilidad de entregar una enseñanza de calidad en todos los frentes.

Los establecimientos educaciones debieron presentar, por solicitud del Mineduc, sus respectivos planes de retorno para marzo de este año, independiente de la modalidad presencial o remota, que finalmente dependerá de la contingencia de la pandemia y la autoridad sanitaria. 

Lecciones

Tanto alumnos, como padres y profesores, además de los propios colegios, debieron afrontar el enorme desafío de llevar todo al ámbito virtual, que los encontró sin una preparación idónea y donde quedaron varias lecciones de la forma de enseñanza.

La psicóloga Patricia Villagrán, coordinadora ejecutiva del Programa PACE (Programa de Acceso a la Educación Superior) de la UCSC, sostiene que tanto para docentes como estudiantes hubo un período de conocimiento de plataformas y de tecnología, siendo especialmente complejo para docentes de más edad, que no tenían suficiente conocimiento de nuevas tecnologías.

“Hacer una clase virtual no debe ser una clase presencial por Zoom. Requiere nuevas estrategias metodológicas, priorización de contenidos, maneras diferentes de evaluar los resultados de aprendizaje. Para los estudiantes, este período requirió una mayor disciplina, porque la asistencia en muchas partes dejó de ser un requisito, y un desafío importante para mantener la atención y concentración en ambientes habitualmente de descanso, como sus dormitorios o sus casas. Tampoco hubo, para estudiantes novatos, posibilidades de generar amistades o grupos de estudio y/o de contención emocional. A pesar de todo, se observó una rápida adaptación por parte de los jóvenes y buenos índices de aprobación a pesar del cambio metodológico”, indicó Villagrán.

“Para los estudiantes, este período requirió una mayor disciplina, porque la asistencia en muchas partes dejó de ser un requisito”, Patricia Villagrán, psicóloga y coordinadora PACE UCSC.

Respecto al período que se inicia, la especialista de PACE UCSC destaca que gran parte de docentes y estudiantes está familiarizado con el sistema, y eso es un avance en comparación al 2020: “Sin embargo, creo que el mayor desafío es complementar las clases habituales con espacios de reflexión que permitan un acompañamiento socioemocional, ya que los jóvenes en el peor escenario pensaron que estarían en esta modalidad solo un año y comenzar un segundo año en estas condiciones puede acompañarse de frustración y desesperanza”.

Roberto Reinoso, Director de Pedagogía en la Universidad San Sebastián valora el compromiso que demostraron docentes con sus estudiantes y los procesos formativos, realizando esfuerzos para incorporar estrategias de enseñanza con apoyo de recursos digitales por medio de un autoaprendizaje expreso y sorteando múltiples dificultades, tanto personales como de sus estudiantes. 

“Hemos sido testigo de experiencias dignas de admiración, como el docente que prepara material en su casa y luego recorre caminos rurales para entregar y acompañar el aprendizaje de sus estudiantes, también conocimos casos de estudiantes que debían subir al techo de su casa o asistir a un cibercafé para participar en la clase online.  Esto nos ha hecho revalorar el proceso educativo y reconocer el rol fundamental que cumple la escuela como centro de formación y de socialización”, subrayó Reinoso.

Desafíos

No obstante, entre los desafíos a superar, el académico de la USS apunta a la gran brecha en relación con el acceso de conectividad que se evidenció, siendo los más afectados las personas de sectores más vulnerables, los habitantes de zonas rurales y aquellos con menores habilidades digitales.  

“Esto impone el desafío de ampliar y mejorar la red de conectividad a nivel país, conectar las zonas consideradas económicamente no prioritarias, asegurar igualdad de oportunidades a todos los jóvenes de nuestra nación. En el ámbito educativo, es necesario dar claridad al proceso evaluativo, tanto en las estrategias que se utilizarán como en el marco reglamentario asociado a la promoción.  Sin duda, el proceso de medición de los logros de aprendizaje y las condiciones mínimas a cumplir para certificar la promoción fueron factores que han generado mayor confusión o, al menos, incertidumbre”, señala Reinoso.  

“El proceso de medición de los logros de aprendizaje y las condiciones mínimas a cumplir para certificar la promoción fueron factores que han generado mayor confusión o, al menos, incertidumbre”, Roberto Reinoso, académico Educación USS. 

Por su parte, el académico de la Facultad de Educación de la UCSC, Aladino Araneda, se refiere a tres enseñanzas que arroja una pandemia larga y agotadora: “La más importante tiene que ver que ha dejado al descubierto las horrorosas desigualdades de la economía de mercado, cuando está centrada en el capital y no tiene una función social. En segundo lugar, nos muestra que los docentes no estamos suficientemente preparados para el trabajo online. En tercer lugar, la pandemia ha probado que el currículo escolar está mal diseñado y que urge un modelo educacional centrado en las dimensiones de la vida humana (comunidad-ecología), que de sentido a la existencia humana y entregue a los jóvenes, herramientas para una vida buena y no solo para trabajar. Finalmente, la pandemia nos ha enseñado que tenemos un gran problema en la elección de nuestras autoridades políticas, pues la ausencia de liderazgos positivas y efectivas en vez de ayudar en comprender mejor la problemática, o están ausentes o confunden e inducen a errores”. 

Pese a que todos los establecimientos debieron informar la modalidad de clases para este 2021, todo dependerá de la situación epidemiológica por la que atraviesen las comunas del país. 

Retorno

Para recordar a la última “normalidad” con respecto a las clases en los establecimientos educacionales, no basta con remontarse a marzo de 2020, cuando los colegios apenas alcanzaron a contar una semana de regreso de vacaciones. Esto porque el 2019 también había sido interrumpido: primero el paro de profesores de junio que entorpeció la normalidad en el sistema municipalizado, y luego el estallido social de octubre nuevamente golpeó la continuidad de las clases. 

El seremi (S) de Educación del Biobío, Carlos González, acusa aquella acumulación de déficit: “En 2020 hicimos espacio de 15 días para presentar temas que no fueron abordados en su momento, pero el año pasado en marzo apenas tuvimos siete días de clases. Fue algo que nos sorprendió a todos, no había colegios preparados para clases remotas u online. Sobre la marcha, empezamos a preparar el camino, con resultados relativamente aceptables”.

Sobre lo que viene para 2020, la autoridad destaca que la mayoría de los colegios se esforzaron por sacar adelante a sus alumnos, con el apoyo fundamental de los profesores: “La experiencia ganada en 2020 nos sirve para enfrentar de mejor forma el 2021. Lo más importante es la seguridad en la que tienen que estar los alumnos y alumnas, como también nuestros profesores. Y todas las personas que están eventualmente en el colegio si las clases se realizan de manera presencial”.

Desde el Colegio de Profesores, el director y expresidente Boris Figueroa avala el retorno de acuerdo a lo desarrollado en el último período, con las medidas necesarias para que mejore su funcionamiento: “Lo más práctico y razonable es que las clases se mantengan en forma virtual, y buscar una fórmula que nos permita mejorar. Para eso hay que sentarse en una mesa junto a todas las organizaciones involucradas: colegio médico, mundo científico, autoridades educacionales, regionales y comunales, asistentes de la educación, estudiantes y los profesores, y ver cómo podemos lograr que nuestros alumnos logren mejores aprendizajes”.