Pensiones: El tema que ocupa la agenda

Desde el cambio del sistema en los ’80, la creación del Pilar Solidario, la política de retiros de fondos, y la propuesta de la Pensión Garantizada Universal (PGU). ¿Qué se debería tener en cuenta para resolver una de las principales demandas sociales?

Carolina Astudillo M.

El estallido social de 2019 puso en la mesa los temas más críticos que demandan los chilenos. El año siguiente, el estudio “La propuesta de Chile, demandas sociales en tiempos de crisis”, demostró que las principales urgencias estaban en el sistema de previsión (28%), la calidad de la educación (16%), el sistema de salud (16%), las condiciones laborales (10%), y la elaboración de una nueva constitución (6%), entre otras, exponiendo los factores que son básicos para el bienestar social, debían ser atendidos con urgencia. 

La preocupación por las pensiones, que se ubica en el primer lugar, no ha dejado de estar presente en el debate. La encuesta refleja la incertidumbre que genera la vejez. De acuerdo a un Informe de la Superintendencia de Pensiones, a junio de 2021, hay 1.850.246 chilenos pensionados. De ellos, el 57% son mujeres. Además, hay más de 11.200.000 de afiliados, y 5,5 millones cotizando. Finalmente, el promedio de pensiones pagadas, es cercana a los 260 mil pesos, cifra que para quienes han trabajado durante toda su vida laboral, o para quienes deben enfrentar la jubilación lidiando con otras situaciones críticas de su vida -salud, vivienda, alimentación, etc-, refleja el porqué del descontento y apuro por hacer un cambio urgente que mejore las condiciones de los adultos mayores.

A esto se suma que el programa de tres retiros de fondos que se ejecutó durante la pandemia -que estuvo orientado a resolver la emergencia a través de las cuentas de ahorro de previsión de las personas-, dejó a 2.100.000 afiliados sin fondos, según el reporte de la Asociación de AFP.

La historia 

A inicios de los ’80, Chile transitó desde el sistema de imposición del Instituto de Previsión Social (IPS) basado en un criterio de reparto, a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) que se basan en la capitalización individual. En palabras del Dr. Claudio Parés, académico del Departamento de Economía de la Universidad de Concepción, esto significó pasar de un sistema de pensiones a uno que “que obliga a las personas a arreglárselas solas”: una persona no va a generar recursos en un periodo de su vida, pues no va trabajar después de los 60 o 65 años, por lo tanto, debe ahorrar plata para ese periodo, para que después le sea devuelta por el sistema. En teoría, agrega Parés, eso parece bueno, porque el sistema tiene dos partes: una genera ahorro y capitalización, y luego paga las pensiones. No obstante, “funcionó bien en la parte del ahorro y generación de capital, pero al momento de pagar pensiones, no resultó, porque las tasas de interés no fueron tan altas como se esperaba y segundo porque la esperanza de vida subió más de los esperado: si al inicio era de 70 a 75 años, hoy supera los 90. Por lo tanto, la misma cantidad de plata ahorrada, alcanza para menos tiempo, porque el periodo inactivo es más largo”.

“El sistema de pensiones no puede ser totalmente solidario, porque tenemos un sistema laboral muy frágil. Hay muchas personas que trabajan en el área informal, y esas personas no aportan al sistema de pensiones”, Claudio Parés.

Ante un escenario que un gran número de pensionados estaba recibiendo una pensión muy baja, el 2008 el Estado crea el Pilar Solidario. Actualmente, sigue en trámite tras su aprobación en la Cámara de Diputados el proyecto de Pensión Garantizada Universal (PGU) de 185 mil pesos que será entregado a todos los adultos mayores de 65 años de edad, con exclusión de aquellos que pertenezcan a familias del 10% más rico de la población o con pensiones superiores a un millón de pesos.

Para Andrea Repetto, Doctora en Economía del MIT y Profesora Titular de Economía y Senior Fellow de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, La PGU es incompleta, pues reemplaza el Pilar Solidario, pero no se hace cargo del componente faltante del sistema: evitar la pobreza y los cambios bruscos de la calidad de vida de una persona al jubilar. “Entregará más recursos a algunas personas, incorporará a otros, pero no resuelve el problema global”.

Para los analistas, si bien es positivo tener un piso mínimo de pensiones, es necesario también resguardar el financiamiento del sistema: “El sistema antes se pagaba con los ahorros, sin embargo, después se empezaron a cubrir con el erario fiscal. Como el sistema de pensiones afecta a la actividad económica en general, es importante que la ciudadanía conozca de donde sale. Al salir del erario fiscal, hay que tener cuidado con la deuda fiscal. A juicio de Parés, un sistema sostenible debería ser financiado por un sistema progresivo de impuesto, con el pago de quienes imponen más a los que imponen menos. “La recaudación fiscal depende principalmente del IVA, que es un impuesto regresivo. El impuesto a la renta es progresivo, pero no tanto como uno quisiera. Por lo tanto, hoy se financia la pensión de la gente más pobre, con recursos de la gente más pobre” explica el académico. 

Esto es una debilidad del sistema para el largo plazo. Andrea Repetto, detalla que Chile tiene un sistema que aún es incompleto, con un fuerte componente de ahorro individual, que provee incentivos a la cotización, “pero que no otorga seguridad ante la longevidad y tampoco antes riesgos financieros, además de una débil inserción en el mercado laboral”. De hecho, existe un gran número de afiliados, pero de ellos menos de la mitad son cotizantes, y existe un gran porcentaje de personas en situación labora informal, como observa Claudio Parés.

Asimismo, el sistema actual tiene un segundo componente que es fiscal, “pues entrega recursos a quienes acumularon poco sobre la base de rentas generales y cuyo objetivo es evitar la pobreza en la vejez. Pero carece de un pilar basado en las contribuciones de los propios cotizantes y sus empleadores, que permita alcanzar tasas de reemplazo razonables –proteger el estándar de vida al jubilar– sobre la base de un fondo común por medio del cual los trabajadores comparten riesgos. Ha sido políticamente difícil crear este pilar, pues si bien hay bastante acuerdo en la necesidad de elevar las cotizaciones, no hay acuerdo en cómo se reparten los beneficios de esas cotizaciones” declara Andrea Repetto. 

Vejez: no solo pensiones

A primera vista, el descontento por las pensiones se percibe por el efecto inmediato del sistema actual: el dinero. Una persona puede ver todo lo que cotizó durante su vida laboral, y observa el contraste con el monto que recibe tras su jubilación. Pero a esto se agregan otros factores, que hacen que la situación sea más desesperanzadora: la gran parte de los jubilados no tienen acceso a un buen sistema de salud, a remedios o necesidades de asistencia, transporte, cuidados. “Esto es algo casi prohibitivo para muchos, no tenemos un sistema de protección social sólido, en vivienda, salud y social para los más desposeídos en la edad mayor. No nos fijaríamos tanto en la plata si eso

estuviera cubierto” dice Claudio Parés.

Por ello la vejez genera mucha incertidumbre no solo por la pensión, sino principalmente por la preocupación en torno a todos estos otros elementos de calidad de vida “que podríamos resolver comunitariamente si fuéramos más solidarios, viviríamos más tranquilos sobre todo en esa etapa donde queremos vivir más tranquilos que es al jubilarnos”.

¿Y la reforma?

Ambos académicos coinciden en que la calidad de vida de las personas, y la combinación de un sistema de ahorro con la solidaridad deben estar presentes a la hora de pensar en reformar el sistema.

“Lo que se necesita es hacer cambios de quién maneja los fondos actuales y su regulación, además de traer nuevos fondos al sistema. Reformar no significa dejar de ahorrar”. Andrea Repetto

“Los objetivos centrales de un sistema de pensiones son evitar la pobreza en la vejez y cambios bruscos en el estándar de vida de las personas al jubilar. La creación del Pilar Solidario y sus múltiples reajustes han buscado lo primero. Pero, en particular para las mujeres de los sectores medios, el sistema no ha sido capaz de lograr lo segundo. Es allí donde, a mi juicio, debieran concentrarse los esfuerzos de reforma”, dice Repetto, quien agrega que, de todos modos, el sistema requiere mantenerse de ahorros debido a motivos demográficos. “Lo que se necesita es hacer cambios de quién maneja los fondos actuales y su regulación, además de traer nuevos fondos al sistema. Reformar no significa dejar de ahorrar”. 

Parés enfatiza la necesidad de combinar el sistema de ahorro individual y la solidaridad. A su juicio el sistema “no puede ser totalmente solidario, porque tenemos un sistema laboral muy frágil. Hay muchas personas que trabajan en el área informal, y esas personas no aportan al sistema de pensiones. Sacar la responsabilidad individual, significa que podemos cotizar lo menos posible, para después acceder a una pensión mínima, y eso a futuro afectará la productividad y los sistemas de salud. Por lo tanto, se debe generar un sistema que, siendo solidario, también reconozca la responsabilidad individual con el sistema y la comunidad”.