Alfabetización Digital: una deuda pendiente (de varias) con la tercera edad

Expertos de las comunicaciones y del mundo digital abordan las dificultades que han tenido las personas mayores para incorporarse a los procesos en internet y aprender a usar los dispositivos inteligentes. Argumentan que ellos están interesados en comprender esos aspectos, pero que los jóvenes o las empresas no se hacen el tiempo para introducirlos a esta nueva era.

Matías Sánchez V.

Con la pandemia, varias personas -algunas de manera forzada- comenzaron a hacer trámites o compras desde el teléfono. Un ejemplo fue el salvoconducto o el permiso para movilizarse los fines de semana, dependiendo de qué fase estuviera la comuna. Ante este escenario, muchos padres o abuelos tuvieron que recurrir a sus hijos o nietos para lograr sacar el documento en la Comisaría Virtual de Carabineros. Una muestra cotidiana de la brecha en la alfabetización digital que afecta a los mayores.

Primero definamos el concepto. Según Andrés Fuenzalida Cobos, Chief Marketing Officer de Eskuad, implica entender cómo utilizar de manera básica la tecnología del día a día y comprender los conceptos principales relacionados a esta. “La relación entre alfabetización tecnológica y tradicional tiene que ver con el acceso a la información que tú puedas tener y la manera de trabajar con esa información. Además, de sentir la confianza de ser parte de ese proceso en la actualidad”, afirma.

Misma idea sostiene la periodista y máster en Neuromarketing Lily Sembler Villagra, quien también añade la capacidad de enseñar el correcto uso de las nuevas tecnologías. “Se trata de adquirir las habilidades necesarias para que una persona sea competente en el ámbito digital, que es la forma de comunicación vigente en la actualidad. Y por eso, en un entorno en el que todo funciona con internet, quien no está alfabetizado digitalmente, no puede avanzar a la misma velocidad que el resto de la población”, puntualiza.

Oportunidades y brechas

Entonces, si no pueden avanzar como el resto de la población, qué oportunidades son las que se pierden los adultos mayores o cualquier otro grupo de personas que no esté familiarizado con la alfabetización digital o que no haya podido hacer siquiera un trámite bancario. Porque, como sabemos, las herramientas tecnológicas son claves para facilitar el trabajo y comprender cómo funcionan los procesos que regirán el mundo de hoy y del futuro.

“Una característica del baby boomer es que es autónomo, entonces, como no se le enseña de tecnología, piensa que será una carga permanente al tener que pedirte ayuda”, Luis Angulo, académico de la Facultad de Ingeniería y Tecnología de la U. San Sebastián.

En definitiva, sirve para mejorar la calidad de vida de las personas, acceder a mejores puestos de trabajo y juega un papel importante en el desarrollo humano. “También tiene que ver con la inclusión social, ya que el hecho de carecer de acceso a la tecnología crea brechas en diferentes ámbitos, no solo sociales, también educativas y económicas”, asevera Lily Sembler, magíster en Comunicación Social.

Sin embargo, para Andrés Fuenzalida, esas distancias son naturales y aumentan con el pasar de los años entre las generaciones. Por ende, el problema radica en que no están los sujetos idóneos para acompañarlos en este proceso de alfabetización. “Las personas que no lograron vivir sus primeros 20 años con tecnología, quedaron en una etapa en la que muy poca gente se dio el tiempo de explicarles cómo funcionaba y sus beneficios. De hecho, los expertos en tecnología enfrentan el proceso de enseñanza pensando que las personas que están aprendiendo, ya saben utilizar la tecnología”, explica.

Es ahí donde radica el problema y como se asume (erróneamente) que saben, tienen miedo de preguntar, pero no por ello pierden su interés en aprender. “A las generaciones más viejas les gusta saber cómo se hizo. Por ejemplo, te preguntan cómo cocinaste un plato y sus ingredientes. Lo mismo pasa con la tecnología, hay que explicarles todos los pasos y no simplemente decirles que lo hagan. A diferencia de un joven que no lo hace, porque ha naturalizado la tecnología en su día a día”, dice Luis Angulo, académico de la Facultad de Ingeniería y Tecnología de la U. San Sebastián.

De hecho, Luis Angulo afirma que las brechas entre el adulto mayor terminan siendo más a nivel emocional que digital. “Una característica del baby boomer es que es autónomo y le gusta salir a pagar sus cuentas, aunque sea una persona que tenga problemas para caminar. Entonces, como no se le enseña, el viejo piensa que será una carga permanente al tener que pedirte ayuda. Por eso, la alfabetización debe enfocarse en grupos específicos”, argumenta.

Jóvenes obligación

Entonces, cabe preguntarse si los jóvenes tienen una obligación moral de educar a los más viejos, y la respuesta es sí y no. Porque como son nativos digitales, acostumbrados desde la infancia a utilizar sin problemas cualquier aparato tecnológico, podrían considerarse como los primeros candidatos para enseñarles conocimientos digitales a los adultos mayores de su círculo familiar.

“Creo que deberían tener más conciencia los jóvenes, no solos desde sus conocimientos, sino también acompañar emocionalmente a los adultos. Porque si hoy no te sientes cómodo con la tecnología, tu calidad de vida puede llegar a cero”, alerta Andrés Fuenzalida, máster en Comunicación Estratégica.

Para eso, el psicólogo y consultor organizacional Felipe Parra aconseja que los jóvenes comprendan que lo digital puede ser un lenguaje totalmente nuevo para un adulto mayor y que sus procesos de aprendizaje pueden darse de manera lenta o simplemente no generarse. 

“Deben empatizar y tener en cuenta que no necesariamente ellos se relacionan de la misma manera con una red social, aplicación o dispositivo. Si bien, la mayoría puede observar las ventajas de las herramientas digitales, en algunos casos las perciben como un elemento amenazante o que les genera frustración”, detalla Parra.

Empresas y capacitación

En varias profesiones se necesita de una continua actualización de conocimientos, porque su rubro está en constante cambio. Sobre todo, aquellas vinculadas a la educación, comunicación e informática. Por tanto, la adquisición de competencias digitales facilitará la inserción laboral y aumentará las opciones de ascenso. Aspecto que también se extrapola a los usuarios y clientes, quienes son incorporados a través de capacitaciones vía asistencia telefónica o mensaje de texto.

Lo primero que deben hacer las jefaturas de una organización, cualquiera sea su tamaño, es apaciguar el miedo que tienen los trabajadores de ser reemplazados por máquinas y a no sentirse útiles. Situación que se está adelantando cada vez más en edad como consecuencia de los avances tecnológicos 

“Las personas que no lograron vivir sus primeros 20 años con tecnología, quedaron en una etapa en la que muy poca gente se dio el tiempo de explicarles cómo funcionaba y sus beneficios”, Andrés Fuenzalida, máster en Comunicación Estratégica.

Según Andrés Fuenzalida, para que no se produzca tal miedo o rechazo se debe explicar el uso de la tecnología y cruzarlo con los procesos sociales y personales del colaborador. “La idea es que se entienda como un facilitador y no como un reemplazo o un enemigo. Por eso, en ocasiones, pasa la situación de que las personas piensan: ‘Si no lo entiendo, no está en mi vida y hago todo lo posible para que no exista’, y es ahí donde comienzan las fricciones”, señala.

Una vez superada esta barrera, “Los apoyos constantes de las jefaturas directas y del equipo son claves para que la transición no sea un proceso forzado y se perciba como algo que impulsa y facilita la organización, ya sea en términos de horarios, beneficios e incentivos”, apunta Felipe Parra, académico de la USS Concepción.

Alfabetización de clientes

En el caso de los clientes, empresas como Banco de Chile comenzaron a cerrar sus sucursales y a digitalizar muchos de sus trámites físicos. Y aunque para algunos pudo sonar positivo, por el hecho de poder ahorrarnos tiempo, un grupo estuvo relegado: la tercera edad.

“Lamentablemente, la pandemia abrió la tensión de la brecha digital, apurando la transformación digital y haciendo que los adultos pagaran todo por internet. Y eso pasó porque, tras un análisis, las empresas detectaron que el promedio de sus clientes es de 40 años, los cuales tienen el perfil de saber hacer los trámites en línea”, explica Luis Angulo.

Añade: “Ese proceso obligó a ciertas empresas a alfabetizar a sus clientes (algunos más ancianos) a través de asistentes telefónicos, donde una persona llamaba al adulto para explicarle paso a paso cómo hacer un determinado trámite en el sitio web o en la aplicación. Mientras que, en los usuarios más avanzados, solo bastó enviar un mensaje de texto para luego ingresara a un enlace”.

Por eso, el proceso de alfabetización digital hay que abordarlo desde un plano sicológico y tecnológico, ya que no solo importa enseñar sobre los programas o aplicaciones que se puedan ocupar, también debe considerarse cómo se abordan. Eso, para que el día de mañana dejemos de enseñarles a nuestros padres y abuelos a solo ver o buscar videos en YouTube.