Recomponer confianzas

Es probable que nuestra generación esté enfrentando uno de los momentos de mayor incertidumbre económica, política y social de las últimas décadas. Desde octubre del 2019, la posterior aparición del COVID-19, y la elección presidencial acompañada de la redacción de una nueva Carta Magna, han producido que el Chile en que estábamos acostumbrados a vivir ya no sea el mismo.

En términos económicos, es normal que los países se vean enfrentados a diversas crisis, tanto por shocks de carácter interno como externo, y Chile ha hecho frente a muchas de ellas en su historia. Basta remontarse a eventos recientes como la crisis del 2009 o la de 1999, en que nuestra economía experimentó una recesión con una variación porcentual del PIB anual de un -1,6% y -0.4%, respectivamente. No obstante, la recesión experimentada en el año 2020, con una tasa de crecimiento económico anual de -5.8%, tiene características distintas. No se puede atribuir a un solo hecho, sino a una conjunción de elementos. Si bien este año la economía recuperó parte de su dinamismo, donde esperamos un nivel de crecimiento por sobre el 11%, explicado en parte por el fin de las cuarentenas y el exitoso proceso de vacunación, la incertidumbre generalizada que se vive en el ambiente pone en duda la ansiada recuperación para el 2022. Nuevas proyecciones sitúan un magro crecimiento de alrededor de un 2%, lo que no solo se explica por la incertidumbre respecto a la evolución del COVID-19, sino en gran medida por la poca claridad de las directrices en que se moverá el país, lo que está llevando a una fuga de capitales y reducción en las inversiones.

Por su parte, en relación a la inflación, tampoco las proyecciones son auspiciosas. Una tasa de inflación por sobre el 6% este año y con pocas expectativas de volver el 2022 al horizonte meta del 3%, han generado un fuerte encarecimiento de los productos que consumen las familias chilenas. Además, para controlar esta tendencia, el Banco Central ha empezado a aumentar fuertemente su TPM, lo que encarece el crédito, reduciendo así los niveles de consumo e inversión.

Es así como el aumento en la salida de capitales, la postergación de las inversiones, el aumento en el precio del dólar, el aumento de las tasas de interés para controlar la escalada inflacionaria, entre otros fenómenos, están provocando uno de los escenarios más complejos que ha experimentado Chile en las últimas décadas. Pero ¿cómo salimos de esto? Hay mucho que hacer, pero sin lugar a dudas una de las principales tareas del futuro presidente o presidenta de Chile será recomponer las confianzas para generar un ambiente de mayor certeza y cooperación entre el mundo público y privado, y así eliminar uno de los factores más difíciles de sobrellevar: la incertidumbre.

Nélyda Campos

Académica Facultad Ciencias Económicas y Administrativas UCSC