Desafíos y visiones desde el Biobío: ¿Qué nos depara el 2022?

Autoridades públicas y expertos entregan su visión sobre los temas que conllevarán diversos desafíos durante el próximo año, tras un periodo de pandemia y una intensa agenda política y social.

Carolina Astudillo M.

Por un 2022 esperanzador: Susana Riquelme, analista de Estudios de la Universidad del Bío-Bío. Integrante de la Red de Politólogas.

Los desafíos del año 2022 se llenan de anhelos por un Chile más justo e igualitario que alcance sus propias metas, dentro de las que se encuentra una de las más relevantes de nuestra historia: la nueva Constitución, para lo cual están trabajando 154 convencionales elegidas/os democráticamente, de manera paritaria y con escaños reservados de pueblos originarios, y que han avanzado demostrando que es posible co-construir con la ciudadanía de manera descentralizada, a través de audiencias públicas, semanas territoriales e iniciativas populares de norma. Encauzar ello en un texto constitucional que refleje los sueños y esperanzas de un futuro digno es uno de los grandes deseos.

Para la prosperidad de ello, se requiere de un gobierno que vaya de la mano con las transformaciones del presente y futuro de Chile, que contribuya en la confianza, en la transparencia y el fortalecimiento de la democracia, que permita el éxito de este camino que ha decido la ciudadanía y lo encauce con responsabilidad. 

El próximo gobierno se encuentra ante el desafío de resignificar la política y lo político, con empoderamiento y cohesión social, que avance en el desarrollo de una acción pública participativa y transparente, que enfrente responsablemente la crisis y los dolores que ha dejado la pandemia, y que, ante el temor y la incertidumbre, permita recuperar la confianza pública con estabilidad, cuidado y amabilidad. Por un 2022 esperanzador donde prime el diálogo y que permita sentar las bases de un futuro digno para Chile.

Correr ya no tiene mérito: Mario Véjar, psicólogo. Director Fundación Salud Mental Chile.

La pandemia por Covid-19, ha provocado daños en la salud física de las personas contagiadas y un elevado número de muertes en todo el mundo, sino que tiene consecuencias en los ámbitos social, económico, mental y emocional, a nivel mundial como local.

Los problemas de salud física, el aislamiento, la falta de contacto social, la dificultad de conciliación con la vida personal, los cambios de hábitos, los problemas laborales entre otros, ya se observan dentro de la inestabilidad mental y emocional de las personas.

Tras un evento traumático hay un replanteamiento de las prioridades, los valores personales y el sentido de nuestra vida.  Por una parte, se abre el espacio a la conectividad social, pero también a la alienación; la solidaridad y la desconfianza en el otro, la gratitud y el autoritarismo.

Las consultas se llenan de personas con estrés, ansiedad y sintomatología depresiva. Aumentan las consultas de parejas con problemas anteriores a la pandemia, los jóvenes son los que más expresan esta ansiedad y tristeza.

En relación a los cambios, hemos observado desplazamientos a pueblos y ciudades más pequeñas, una vuelta a lo doméstico, al hogar, la familia, la cocina, la tranquilidad, aprender del autocuidado. Nos dimos cuenta que es necesario equilibrar nuestro interés individual con el colectivo, de tener una mirada de compromiso con el entorno y con el medio ambiente. La reflexión es que sí hemos aprendido algo durante esta pandemia, pero aún es pronto para sacar una conclusión definitiva.

El desafío: nuevos inversionistas: Ronald Ruf, gerente general de CPC Biobío.

Sin duda la pandemia y la crisis social de octubre de 2019 han cambiado nuestras formas de entender el mundo. Hemos aprendido a valorar desde un escenario diferente, cada una de nuestras acciones y de nuestras relaciones.

Aprendimos por ejemplo que, en el mundo del trabajo, las personas son las que deben estar en el centro de la actividad empresarial. Sin los colaboradores o los proveedores, las empresas no pueden avanzar y prosperar. Este avance también se nos presenta de una manera distinta, ahora el crecimiento que hasta hace un tiempo tenía un enfoque principalmente económico, se amplía a  nuevas dimensiones como la medioambiental y por sobre todo la social.

Este nuevo escenario pone a las empresas a asumir un rol social y de responsabilidad con el ecosistema en que están insertas. Hoy las corporaciones deben incorporar en sus estrategias de crecimiento, el desarrollo integral de sus colaboradores, el cumplimiento de buenas prácticas en la organización y entre sus empresas proveedoras, y el desarrollo armónico de sus comunidades.

En materia de crecimiento económico, hay grandes desafíos para la Región del Biobío. La mejor manera de generar bienestar social es a través del empleo, el que a su vez es generado a través de proyectos, de nuevas inversiones. La zona hoy tiene un 8,1% de desocupación, según cifras del INE, hemos bajado; es cierto, pero aún estamos lejos de recuperar los más de 70 mil puestos de trabajo formal que se perdieron en pandemia. Las inversiones en tanto, tampoco se proyectan positivamente. Tras el término de ejecución de MAPA, no existen iniciativas que minimicen la brecha que bordea el 46% y los 5 mil empleos que dejará vacantes.

El desafío que en conjunto autoridades, empresarios, emprendedores, academia y comunidades, está en hacer de esta región un lugar atractivo para que nuevos inversionistas concreten sus proyectos en la zona.

Covid-19: mantener el foco en la prevención: Ana María Moraga, miembro equipo ICOVID, Universidad de Concepción.

La pandemia llega en marzo de 2020 a un país con un sistema de salud centralizado, con un importante desarrollo de centros hospitalarios de alta complejidad en algunas capitales regionales o provinciales, con personal de atención de urgencias y de camas críticas muy especializado pero escaso en número, con un sistema de atención primaria con una fuerte cultura de enfoque preventivo y familiar, distribuido a lo largo de todo Chile con personal de gran entrega y compromiso. 

Este fue el escenario con el que nos enfrentamos inicialmente a una pandemia provocada por un virus no del todo desconocido, pero una nueva variante que provocaba efectos en la salud no del todo claros, con vías de transmisión tampoco claras, con posibilidades de manejo médico desconocidos, sin tener claridad absoluta de cómo prevenirlo. En este contexto, lo más importante era fortalecer el sistema primario de salud e implementar sistemas claros y protocolizados de trazabilidad, que es el pilar del control de una pandemia; y generar flujos de información clara y confiable. No fue precisamente lo que ocurrió. El sistema de trazabilidad ha sido nuestro talón de Aquiles. Si la trazabilidad no es inicialmente bien desarrollada difícilmente se pueden contener los brotes pues no se corta la cadena de transmisión. Grandes esfuerzos se han hecho en este sentido. 

La comunicación del riesgo es otro pilar en el control de una emergencia sanitaria, que permite empoderar a la población para que tomen las mejores decisiones con información objetiva y técnica que la autoridad entrega. Pudo ser mejor, hay aquí grandes aprendizajes, y esto es importante pues de seguro tendremos otra pandemia. Afortunadamente las autoridades gestionaron muy precozmente la adquisición de vacunas, que sumado a la sólida presencia de la red de atención primaria en el país y su personal ha permitido importantes coberturas de vacunación. Sin la red ya establecida de atención primaria esto hubiese sido imposible. Culturalmente nuestra población adhiere a las vacunas. En una mirada mundial, tenemos el gran desafío de disminuir el número de casos y frenar la transmisión pues esto disminuye la posibilidad de aparición de nuevas variantes, que son las que en 2022 nos podrían causar nuevos brotes. Todos podemos contribuir al logro de este desafío, con cada decisión, con autocuidado y con responsabilidad, que es también un acto de generosidad.