La hora de la inteligencia artificial

Mientras la revolución tecnológica se incorpora a la vida cotidiana y los avances facilitan múltiples acciones, diversos también son los aspectos que levantan el dilema ético, con foco en la toma de decisiones  y la libertad humana.

Érico Soto M.

Hablar de inteligencia artificial es hacerlo de una serie de tecnologías con atributos que antes eran exclusivos del intelecto humano. El término se aplica cuando una máquina imita las funciones cognitivas que los humanos asocian con otras mentes humanas: como por ejemplo aprender o resolver problemas.

Ya como disciplina, la Inteligencia Artificial (IA) se enfoca a la creación de programaciones para realizar tareas a través de las máquinas, como por ejemplo programas computacionales para jugar ajedrez, automatización del hogar o asistencia de voz, entre muchos otros. Una explicación donde tienen un papel fundamental los algoritmos: subconjuntos extendidos de aprendizaje automático que le dicen a la computadora cómo aprender a operar por sí misma. 

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico. Lo define como “un sistema computacional que puede, para un determinado conjunto de objetivos definidos por humanos, hacer predicciones y recomendaciones o tomar decisiones que influyen en entornos reales o virtuales. Los sistemas de IA están diseñados para operar con distintos niveles de autonomía”.

La Universidad de Montreal, en tanto, se refiere a un “conjunto de técnicas informáticas que permiten a una máquina (por ejemplo, un computador, un teléfono) realizar tareas que, por lo común, requieren inteligencia tales como el razonamiento o el aprendizaje”.

Política nacional

En el contexto nacional, se acaba de presentar la primera Política Nacional de Inteligencia Artificial de Chile y el Plan de Acción que impulsará su adopción en beneficio de las personas y el desarrollo sostenible. El Ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Andrés Couve, destacó que este paso “nos permite promover la construcción de capacidades para su desarrollo y uso responsable y apunta a empoderar a la ciudadanía, a comprender las oportunidades y ventajas que nos brinda, así como los riesgos asociados”.

La nueva Política cuenta con tres ejes: desarrollo de factores habilitantes, uso y desarrollo de la tecnología, y aspectos de ética y seguridad. Surgió a través de la conformación de un comité de expertos, así como de un comité interministerial y contó con dos etapas de participación ciudadana, una primera instancia de convocatoria a contribuciones y luego una consulta pública del documento borrador de la política.

Su objetivo es insertar a Chile en el protagonismo global del desarrollo y uso de IA para la economía y la investigación científica, aportando en la productividad presente y futura de las actividades asociadas, e impulsando el desarrollo sostenible, centrado en las personas y el medio ambiente. Todo esto, con el potencial de impactar la vida cotidiana en plazos que parecen cada vez más acotados.

Ximena Sepúlveda, directora de la Unidad de Propiedad Intelectual de la Universidad de Concepción y experta en ciberseguridad, concuerda en que la IA ha adquirido un rol protagónico en los últimos años dado su carácter de tecnología de propósito general, el aumento en la productividad que brinda y la abundancia de los factores que la habilitan.

“Hoy nos rodea, y está inmersa en distintos sectores de la economía, el conocimiento y la sociedad. Pese a que el concepto comenzó a ser desarrollado en la década de 1950 (Ronseblatt, 1950; Minsky, 1961), la adopción de esta tecnología se ha acelerado en los últimos diez años gracias al explosivo aumento en la cantidad de datos disponibles, la capacidad de cómputo, la cantidad de personas capaces de desarrollarla, y el avance de otras tecnologías complementarias, haciendo posibles y potenciando técnicas de aprendizaje de máquinas”, señala.

“Constituye un avance, pero debe de forma indispensable avanzar en una actualización de la ley de datos. Sin ello, está política carece de sentido”. Ximena Sepúlveda, directora de la Unidad de Propiedad Intelectual de la Universidad de Concepción.

Sobre la nueva política, destaca que el texto contiene además cuatro Principios, y está dividido en tres Ejes, con interdepedendencia, que corresponden a Factores Habilitantes, Desarrollo y Adopción, y Ética, Aspectos Legales y Regulatorios, e Impactos Socioeconómicos: “Cada eje aborda las oportunidades y brechas en su ámbito, e introduce los objetivos y acciones prioritarias que el país debe emprender en un horizonte de tiempo de 10 años para cumplir con el objetivo de esta política el 2031”.

Impacto

Sobre la proyección del impacto de la Inteligencia Artificial en el futuro, la consultora PricewaterhouseCoopers(PwC) estima que el Producto Interno Bruto (PIB) será un 14% mayor al 2030 producto del desarrollo acelerado en la adopción de la IA, sin considerar el efecto provocado por la pandemia, que podría acelerar aún más la digitalización y el uso de estas herramientas a nivel global.

“Para que exista un despliegue efectivo de IA en Chile es necesario un ecosistema donde existan repositorios abiertos y de alta calidad, pero que también sean seguros y resguarden los derechos de las personas, por esto es relevante promover modelos que fortalezcan la confianza y las condiciones para propiciar que múltiples organizaciones y/o empresas compartan datos en favor del bien común”, indica Ximena Sepúlveda, agregando que la política “constituye un avance pero debe de forma indispensable avanzar en una actualización de la ley de datos. Sin ello, está política carece de sentido”.

Ética

Sin duda, así como los aspectos normativos e impactos socioeconómicos forman parte de las discusiones en torno a la nueva política de Inteligencia Artificial, también lo es la ética con respecto a la interacción humano-máquina.

Juan Carlos Inostroza, académico de la Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía de la UCSC, sostiene que desde este punto de vista existe una dualidad con respecto a los distintos escenarios que ofrecen las nuevas tecnologías, dependiendo de las decisiones que alcancemos a tomar.

“¿Quién dudaría en afirmar que es bueno tener un ‘médico’ que no sólo recuerda y sabe completamente todo sobre la salud de mi cuerpo y ánimo, sino que además está disponible totalmente para mí las 24 horas del día, sin que le dé sueño, ni cambie de humor, etc.? Y así con otros muchos usos claramente buenos. Pero también podría ser lo contrario. La combinación de estos tres factores: IA más Big Data más las biométricas, puede hacer de la IA la más poderosa fuente de control total y de manipulación, capaz de anular la libertad humana”, señala Inostroza.

“La combinación de estos tres factores: Inteligencia Artificial más Big Data más las biométricas, puede hacer de la IA la más poderosa fuente de control total y de manipulación”. Juan Carlos Inostroza, académico de la Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía de la UCSC.

Asimismo, agrega que otro problema es que una élite económica y política prefiera la Inteligencia Artificial a los humanos comunes y corrientes: “Esto los transformaría en seres inútiles y sería peor que la esclavitud, pues al esclavo todavía se lo necesita, en cambio con robots de IA los pobres y grandes masas de humanos serían simplemente no-necesarios para esa élite. Y más aún si esa élite (que maneja la IA) consigue su propia optimización ciborg, podría transformarse en una nueva especie humana, de superhumanos si se quiere. Los pobres y demás quedarían sin ‘evolucionar’, inútiles en el más trágico sentido de la palabra”. 

Sobre la ley de neuroderechos, el académico de la UCSC lo destaca como un paso para seguir avanzando: “Yo diría que es un acto simbólico importante, ciertamente necesario, que puede sensibilizar a los demás países. Pero desde el punto de vista práctico, no sé si logre algo. La razón es que la ley es territorial y la IA es una cuestión global. Se trata de un problema más amplio y general. Nuestros problemas hoy son globales (cambio climático, IA, grandes corporaciones multinacionales, etc.). En cambio, la política y las leyes permanecen territorialmente ancladas, y así no tienen control sobre tales problemas ni pueden solucionarlos. Dicho en pocas palabras, seguimos expuestos. La pandemia ha mostrado que los intereses territoriales han primado por sobre los globales, los de la humanidad. El camino de la integración y de la cooperación es muy frágil y si no se alcanza, el resultado será uno sólo: la humanidad habrá perdido”.  

Universidades locales desarrollan doctorado sobre IA

Las casas de estudio que conforman el Cruch Biobío-Ñuble: Universidad del Bío- Bío, de Concepción, Federico Santa María y UCSC, desarrollan el nuevo “Doctorado en Inteligencia Artificial (IA)”, a través del proyecto “Capital humano avanzado en inteligencia artificial para el Biobío” y cuyo financiamiento proviene del Gobierno Regional del Biobío, mediante el Fondo de Innovación para la Competitividad Regional (FIC-R) 2021.

El objetivo del programa que se proyecta para 2023 es potenciar el avance científico-tecnológico y el crecimiento económico sostenible en la región del Biobío a través de la atracción, retención y formación de capital humano avanzado, especializado en inteligencia artificial aplicada y con pertinencia territorial.

El académico de la Facultad de Ingeniería UCSC y director del proyecto FIC-R, Dr. Hugo Garcés, explicó que se identificaron áreas de interés de la aplicación de inteligencia artificial, tales como: “Manufactura y procesos industriales”, “Educación” “Salud y bienestar y “Agricultura inteligente y sustentabilidad”. El proyecto contempla una inversión de $2.500 millones.

“Actualmente se encuentra en etapa de formalizar la adjudicación y el traspaso de fondos hacia cada institución. Luego vendrá la formulación del doctorado en consorcio asociativo, desarrollando tecnología basada en inteligencia artificial que impacte positivamente en los habitantes de la Región del Biobío”, indicó el Dr. Garcés.