Gloria Varela Betancur, actriz y profesora de Español: “Nos falta humanidad, nos pusimos frívolos”

Con nostalgia evoca los años dorados del teatro en Concepción, habla con cariño de las instituciones donde impartió clases y asegura que la clave del desarrollo de la cultura es la formación de audiencias desde los establecimientos educacionales. 

Cecilia Díaz R.

Ha sido testigo y protagonista del desarrollo cultural de Concepción de las últimas décadas. Con una memoria privilegiada, Gloria Varela Betancur recuerda con exactitud nombres, fechas, lugares y acontecimientos que han nutrido la cultura local y añora aquellos años en que los penquistas vibraban con el teatro y las artes en general. 

Al despedirse de sus funciones como directora de Extensión Cultural y Artística de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, enfatiza que el camino es incentivar el gusto por las artes desde la educación escolar. En esa misión ayudó formando audiencias durante los veinte años que trabajó en el área cultural y artística de la UCSC, un desafío que no le resultó fácil asumir cuando le propusieron emigrar desde Derecho hasta Extensión.

De su década en el legendario Teatro de la Universidad de Concepción, de sus clases de español en colegios y universidades, y de su permanente interés por abrir puertas a los artistas, conversó con Diálogo desde su departamento en el centro de Concepción. Por las restricciones de la pandemia, la entrevista fue realizada en modalidad virtual. Así, a través de la pantalla, Gloria Varela, con su característica imagen e inconfundible tono, relató los momentos más relevantes de una existencia dedicada a la cultura y vivida con intensidad, compromiso y entrega. 

Sello de las religiosas

Ha residido siempre en el centro de Concepción, en diversos lugares, pero en plena urbe, salvo un breve periodo en que se cambió a Pedro de Valdivia. Desde ese lugar ha observado el devenir cultural, el paisaje urbano y humano de una ciudad que, dice, ya no es la de antaño. No es aquella en que todos se conocían y los encuentros en la plaza eran habituales.

Hija de Domingo Varela, de Talcamávida, y Ángela Betancur, de la zona de Rere, sus ancestros están ligados al mundo agrario. Eran cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres. Ella es la segunda.

Estudió en el Externado Inmaculada Concepción donde las enseñanzas de las religiosas de la congregación de la Madre Paulina von Mallinckrodt calaron hondo en su personalidad. Evoca el gusto por aprender, pero también las travesuras que de niñas hacían a las monjas alemanas incapaces de pronunciar bien el español. En aquellos años también comenzó su gusto por las artes escénicas, que tuvo su momento cúlmine en sus años en el TUC.

Su vida en las tablas

A pesar de las aprensiones iniciales del padre y gracias al estímulo de la madre, estudió teatro en la Universidad de Concepción. Una vez egresada fue contratada para sumarse al TUC donde compartió escenario con Delfina Guzmán, Brisolia Herrera, Yeya Mora y tantos otros que dejaron huella en la historia teatral penquista. Aprendió de grandes maestros como Gabriel Martínez, Tennyson Ferrada y los hermanos Villagra que le enseñaron a respetar al público. “El público es sagrado, nos decían”, recuerda hoy. 

“Antes había resiliencia, fortaleza, convicción, respeto… Nos falta humanidad, nos pusimos frívolos, se quiere todo a la carta, sólo derechos y nos hemos olvidado de las responsabilidades”.

Cuenta con orgullo que desde 1963 hasta 1973 fue parte de la planta del TUC, época en que hicieron múltiples presentaciones y llevarán las artes escénicas a diversos lugares de la región. Ya en ese tiempo, relata, hacían lo que hoy llamamos Vinculación con el Medio, pues llegaban hasta las poblaciones para impregnarse del sentir de su gente, sus historias y necesidades. La denominada co construcción ya se vivía por aquella época.

El teatro, la radio y la orquesta de la UdeC eran, por esos años, símbolos del auge cultural. “Andábamos siempre juntos, éramos funcionarios de la universidad y después nos homologaron a docentes, eso fue un gran logro”. 

Su apoyo permanente

Una existencia dedicada a la cultura y al arte fue posible gracias a que tuvo a su lado a un hombre que no sólo la apoyó, sino que también la impulsó a tomar desafíos. El ingeniero Víctor García Escobar la acompañó en este caminar hasta que falleció en marzo de 2019. “No hubiera sido lo que soy si no hubiera tenido a ese marido”.

El 3 de febrero de 1964, justo tras cinco años de pololeo, se casó con quien se convertiría en el padre de sus tres hijos y en un puntal fundamental de su vida.

Pero la vida de casada, al comienzo, no fue fácil. Vivió la pérdida de su primer hijo, José Luis. “Era el primero, uno se siente como una nuez podrida”.

Luego nacieron Paulina, psicóloga y cineasta, y Felipe, comunicador audiovisual. Sus dos hijos le dieron tres nietos, Jesús, Vicente y Camilo. 

De vuelta a las aulas

Como tantas veces, su marido fue primordial en su decisión de volver a la universidad. Ella quería estudiar psicología con el objetivo de adentrarse de mejor manera en los personajes. Como la carrera no la impartían en Concepción por aquellos años, ingresó a Pedagogía en Español. Ya casada y con el respaldo de la familia, regresó a la UdeC. “No te va a faltar el pan en la mesa”, evoca que le dijo su esposo para incentivarla a estudiar.

Fue una experiencia gratificante compartir con jóvenes que eran varios años menores que ella y con profesores de excelencia que le reforzaron su amor por las letras. Recuerdos especiales tiene de los académicos Dieter Oelker, Enrique Ruggeri y del profesor emérito de la UdeC René Cánovas, recientemente fallecido.

Tras sus estudios fue contratada como profesora del Departamento de Español de su casa de estudios, donde se transformó en colegas de sus maestros.

Sus clases

En paralelo a su labor en la UdeC, Gloria Varela impartió clases a escolares. Partió en el Liceo 5, estuvo en las Madres Domínicas y, por muchos años, fue profesora del Lycée Charles de Gaulle, donde, además de enseñar español, estimuló el gusto por el teatro. “El rigor y la disciplina de los franceses me marcaron”. 

“Soy enemiga del power point, yo soy el power point”.

Con cariño recuerda esos años, al igual que el tiempo en que fue docente de la Universidad San Sebastián y una breve incursión en la U. del Desarrollo. En sus palabras, el profesor debe ser un actor y, en la sala de clases, debe entregarse al igual como lo hace el artista sobre el escenario. “Soy enemiga del power point, yo soy el power point”, dice con énfasis para relevar la pasión que debe proyectar el maestro en la clase. Una convicción que debe transmitir a sus estudiantes.

Llegada a la UCSC

Gloria Varela comenzó su trayectoria en la U. Católica de la Santísima Concepción en la Facultad de Derecho, donde hacía extensión y clases de oratoria. Allí estaba cuando le propusieron concursar para el cargo de directora de Extensión de la casa de estudios. No fue fácil la decisión. Sentía el peso de la responsabilidad y nuevamente su esposo la estimuló a asumir el desafío.

Fueron dos décadas de trabajo arduo y entusiasta. Años en que se fueron sumando los logros. Menciona los certámenes de debates de escolares, el grupo de teatro de la UCSC, los conciertos del maestro Roberto Bravo, las exposiciones plásticas y sobre todo los montajes que se hicieron primero en el Aula Magna y luego en el escenario del campus San Andrés.

Con orgullo también se refiere al trabajo de formación de audiencias para lograr futuros espectadores y el proyecto que realizaron con la Penitenciaría. Son iniciativas que le han colmado el espíritu y dan un positivo balance de estas dos décadas.

Todo eso en un tiempo que reconoce complejo. Admite que no le gusta el curso que ha tomado la sociedad. “Antes había resiliencia, fortaleza, convicción, respeto… Nos falta humanidad, nos pusimos frívolos, se quiere todo a la carta, solo derechos y nos hemos olvidado de las responsabilidades. Indiferentes… esa es una palabra clave de esta época”, se lamenta. Y luego cuenta que ha vivido un tiempo difícil tras el fallecimiento de su marido, pues luego vino el estallido social y, posteriormente, la pandemia que la ha tenido recluida en su hogar.

-Y ahora, ¿qué hará?

– Quiero andar libre como un pájaro… ya no quiero tener más responsabilidades ni ser ayuda memoria de nadie.