Familia y vivienda social

Mientras aumentan las cifras de hacinamiento familiar y déficit de viviendas, expertos llaman a que políticas habitacionales reconozcan las características necesarias para el bienestar social.

Érico Soto M. 

“Derecho a una vivienda digna” se denomina la primera propuesta de norma constitucional presentada este 10 de noviembre, y que impulsa la participación de las personas “en las decisiones que influyan en los procesos de desarrollo y planificación de las comunas en las que habiten”. Un texto que busca que las políticas de vivienda a nivel nacional deban realizarse con criterios de integración y en conformidad a la realidad de las distintas provincias y sus comunas, y con foco en las necesidades de cada familia. 

Un paso hacia adelante que nace en un contexto marcado por cifras en alza en materia de déficit de viviendas sociales, hacinamiento y aumento de campamentos (81 mil familias). Según los datos del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano (CNDU) la situación es grave, de la mano de variables como el fenómeno migratorio y la pandemia, porque marcan un retroceso en la evolución histórica de Chile, con una curva que se invirtió a partir de 2015 y que hoy muestra números que se asemejan a lo que teníamos hace 20 años.

Familia

El presidente del CNDU y Premio Nacional de Urbanismo 2014, Sergio Baeriswyl, explica que los programas de vivienda construyen entre 50 a 55 mil viviendas por año. Y para reducir este déficit al año 2025 en un 50%, habría que construir más de 100 mil viviendas al año. 

“Es un testimonio claro de que hay que hacer cambios en la política de viviendas, porque si sigue con actual ritmo, lo único que va a ocurrir es que se mantenga eventualmente este déficit o aumente. Por tanto, hemos planteado que hay que recurrir a otras herramientas para abordarlo: disponibilizar el suelo público, aumentar el subsidio de arriendo, instrumentos de planificación territorial, o que haya más actores preocupados de abordar temas de vivienda”, señala Baeriswyl.

Asimismo, el también académico de la Universidad del Bío-Bío sostiene la necesidad de una política habitacional más sensible a la realidad de las personas, permitiendo que existan viviendas de acuerdo a la diversidad de las familias. 

“Hemos puesto hincapié en el entorno a la vivienda. Hemos planteado insistentemente que debe ser una vivienda integrada, desde el punto social, en el sentido de que no se produzcan barrios segregados, y también integrados desde el punto de vista de la infraestructura urbana disponible. Creamos un índice de déficit de ciudad, aplicado en Santiago, Valparaíso y el Gran Concepción, con componentes básicos: acceso a la salud, educación, parques, áreas verdes y educación inicial. Y nos ha permitido tener la geografía donde no se debiera seguir construyendo vivienda, y sí en lugares donde hay capacidad residencial, desde el punto de vista de equipamiento y cumplimiento de estándares”, señala el presidente del CNDU. 

Cantidad sobre calidad

Tamara Buconic, docente de Arquitectura de la Universidad de Las Américas, afirma que en las últimas décadas las viviendas sociales en Chile han sido planificadas para cumplir con números de soluciones habitacionales, valorando “la cantidad sobre la calidad”. Y careciendo de un ordenamiento urbano que permita el desarrollo de barrios y comunidades, sumado a la escasez de disponibilidad de terrenos fiscales, lo que dificulta un adecuado desarrollo para un proyecto de vida familiar.

“Es necesario pensar en la vivienda como una ‘vivienda saludable’, que se hace cargo del bienestar de las personas que la habitan. Roberto Burdiles, decano de la Facultad de Arquitectura, Construcción y Diseño UBB.

“Esta falta de diseño del conjunto no entrega espacios suficientes de equipamiento como canchas, plazas y áreas verdes. Actualmente estos espacios son cuotas de metros cuadrados que se deben entregar por norma, pero que en la práctica quedan destinadas a ser espacios eriazos sin mobiliario ni áreas verdes y nadie que se haga cargo de ellos, permaneciendo en un estado de abandono constante. La buena calidad de estos espacios es fundamental para un desarrollo óptimo de una comunidad o vecindario, allí se generan los espacios de solidaridad, organización y fortalecimiento de los barrios, generando un tejido social cohesionado que permita a comunidades alcanzar desarrollos tangibles para sus vecinos, que se ven reflejados, por ejemplo, en huertas comunitarias, multicanchas, juegos infantiles, sedes sociales, etc.”, dice la académica.

Buconic subraya que el Estado debería garantizar la ubicación de los nuevos conjuntos de viviendas sociales, y se planifiquen entrelazados con la red urbana existente, cercanos a puntos de abastecimiento, colegios, centros de salud, bancos, etc., sin marginarlos en terrenos periféricos como ocurre actualmente.

“La segregación social, la mala calidad de vida y la precariedad que presentan actualmente los conjuntos de vivienda social, son indicios de que las políticas públicas enfocadas en resolver el problema no están siendo efectivas. Se deben plantear cambios estructurales en el desarrollo de estos conjuntos, disponiendo de terrenos fiscales, insertando los nuevos proyectos en la trama urbana, diseñando el conjunto enfocado en el desarrollo comunitario, subir los estándares en la calidad espacial y constructiva de las viviendas, son todas directrices fundamentales que se deben considerar para mejorar la calidad de vida de las personas que ocupan estos conjuntos habitacionales”, agrega.   

“Hemos planteado insistentemente que debe ser una vivienda integrada, desde el punto social, en el sentido de que no se produzcan barrios segregados”. Sergio Baeriswyl, presidente Consejo Nacional de Desarrollo Urbano.

Roberto Burdiles, decano de la Facultad de Arquitectura, Construcción y Diseño de la UBB, dice que es necesario pensar en la vivienda como una “vivienda saludable”, que se hace cargo del bienestar de las personas que la habitan y que incluso la OMS plantea que debe ser un ambiente saludable, esencial para poder prevenir enfermedades.

“Hay insatisfacción en la demanda habitacional. Pienso que la vivienda ha intentado elevar los estándares en términos de la habitabilidad y confort interno. Aún así creo que es insuficiente, porque están centrados en el objeto, la piel, que recibe una familia. Pero hay otras cosas que tienen que ver con el tema social: relación metro cuadrado – habitante, estandarización, equipamiento, accesos, que (si no se cumplen) van generando esas condiciones de insuficiencia”, afirma. 

Con casi 40 años en la formación de profesionales, Burdiles también destaca la importancia de formar adecuadamente a quienes serán los responsables de velar por la ejecución de las soluciones: “Nuestra facultad ha ido creando carreras: Ingeniería en Construcción, Diseño Industrial, Diseño Gráfico, que de una u otra manera están asociadas al fenómeno del hábitat. Si uno piensa eso, en el rol de una universidad pública, nos obliga a dar las respuestas en la formación de estudiantes y en los procesos de investigación y desarrollo. Y con problemas que están asociados a la vivienda social, como soporte, comportamiento, y entender que hay que poner al centro al ser humano”.