Emprender el camino de lo comunitario

En tiempos de elecciones es importante mirar hacia atrás desde el presente para poder vislumbrar el futuro que le queremos dejar a las futuras generaciones. Está claro que así como estamos no podemos seguir. 

Se percibe mucha odiosidad y mucha violencia, lo que lleva una gran desesperanza en el futuro y miedo frente a la vida. La anhelada sociedad equitativa, fraterna y justa que soñaron los que le doblaron la mano a la monarquía y veían en la democracia una posibilidad de encuentro entre las personas, no pasó a ser más que un sueño. Hemos avanzando en democracia, sin duda, pero las tensiones que vemos día a día no contribuyen en su fortalecimiento. ¿Qué pasó?, es la pregunta que muchos nos hacemos. 

Creo que son muchas las respuestas y los factores que nos llevaron a una verdadera y dramática desintegración social, sin embargo hay una causa que atraviesa con fuerza este lamentable panorama: cada uno veló por sus propios intereses y nos olvidamos que somos una comunidad.

Cuando el deseo personal prevalece por sobre otros bienes se llega a los extremos de cuestionar valores tan fundamentales como el respeto a la vida, a la honra de las personas, a los bienes de los demás, al valor de la palabra empeñada. 

Este prevalecer de la subjetividad de cada individuo por sobre un proyecto comunitario nos distanció, nos hizo desconfiar los unos de los otros y nos llevó a la lamentable fórmula “el fin justifica los medios”. Cuando el deseo personal prevalece por sobre otros bienes se llega a los extremos de cuestionar valores tan fundamentales como el respeto a la vida, a la honra de las personas, a los bienes de los demás, al valor de la palabra empeñada. 

Vivimos en un mismo país pero no nos conocemos, no nos queremos, no nos reconocemos como miembros de la familia humana. Tal vez el gran proyecto político que le cabe a la sociedad toda es promover mayor cohesión social. Para ello es fundamental generar instancias de encuentros y de reconocimiento mutuo. Sumado a ello un claro programa político que permita ir avanzando en mayor equidad y terminar de raíz con los privilegios de algunos pocos, que siempre son en perjuicio de los demás. 

Es menester emprender el camino de lo comunitario. Ello exige un claro reconocimiento a la dignidad presente en todo ser humano y sus derechos inalienables. Este camino nos llevará a terminar con la desconfianza porque es el camino que mejor asegura la justicia en el trato que todos queremos y merecemos.