Menos discriminación, más empatía

En vista de la compleja situación que viven cientos de migrantes en el país, debemos comenzar a tomar conciencia de la realidad que vivimos y de los nuevos rostros que nos rodean, ya que son parte de nosotros y debemos acogerlos con premura y amor, como nos gustaría que nos acogieran a nosotros, si alguna vez nos toca ser los migrantes.

Jesica Maichin V.

Seguramente más de una vez ha escuchado historias de cómo son vistos y tratados los chilenos en Europa. Generalmente todos hemos oído la misma versión: que en España, que en Francia, que aquí, que allá existen carteles que dicen: “si ve un chileno robar, déjelo, es su cultura”. 

A pesar de que no se tiene certeza absoluta de tales relatos, lo cierto es que hemos cargado con este estigma y prejuicio por años -junto a otros más- que atentan contra nuestra dignidad. Tristemente, más de algún compatriota ha sentido la mirada de desdén cuando está lejos de casa. Sin embargo, paradójicamente, a pesar de esto, no tenemos reparo en discriminar, incluso entre nosotros mismos.  

“Y veras como quieren en Chile, al amigo cuando es forastero” dice la popular versión de los Huasos Quincheros. Una frase que, por hoy, se ve lejana, ajena y opacada por los fuertes episodios de discriminación y xenofobia del cual, como una postal, quedamos inmortalizados en las principales portadas del mundo. Las imágenes de la marcha contra migrantes, hablan por sí solas, y lo que pasó después también.

Sin embargo, siempre es un buen momento para cambiar.

Razones humanitarias

Para una persona, salir de su cultura y entrar de lleno en otra, donde además no es bienvenido, genera un trauma. Así lo sostiene Valentina Torres Woldarsky (26) antropóloga sociocultural de la Universidad de Concepción, quien señala que lo anterior supone un esfuerzo de altas dimensiones que implica volver a acostumbrarse a todo.

Asimismo, el choque cultural es tremendo y es el causante de acrecentar la brecha de las dificultades, tales como sociabilizar y buscar trabajo. Ambos aspectos, están correlacionados y tienen mucho que ver en cómo está estructurado el país -detalla la profesional-, puesto que en Chile los trabajos se mueven a través del “pituto” o el boca a boca. “Una persona que no puede hacer lo básico, que es sociabilizar con otra, verá drásticamente reducidas sus posibilidades de encontrar trabajo”, agregó. Por ello, la antropóloga sugiere tres recomendaciones para no caer en conductas discriminadoras:

Empatía: Debemos tener mucha empatía. Es necesario hacer el ejercicio de pensar que los migrantes que vemos en las calles no están ahí por gusto. Se trata de gente buscando un mejor vivir, arrancando de la violencia, el hambre y la pobreza, que existe en sus países. Los migrantes no recorren kilómetros por gusto. Por ende, debemos ponernos en sus zapatos. Para poder en parte, comprender la difícil decisión que tomó esa persona de dejar su tierra, su familia y sus sentimientos. En el fondo, es darse cuenta de que esa persona está aquí por ayuda. 

Ser parte de la acción: Debemos ser parte de la acción humanitaria. Queremos que estos migrantes dejen de andar pidiendo dinero en la calle y durmiendo en las plazas, pero no hacemos nada al respecto. Lo que debemos hacer es ser parte de alguna organización o simplemente ayudarlos con pequeñas acciones que puedan ir en pro de su calidad de vida, y así puedan salir adelante. 

Informarse: Es muy importante informarse con fuentes sólidas y fidedignas, no dejarse llevar por los comentarios, o solo lo que dice la prensa. Por ello, antes que nada, debemos hacernos las siguientes preguntas: ¿Por qué están migrando los extranjeros hacia Chile? ¿Por qué vienen con tan pocos recursos? ¿Qué promete Chile en el extranjero en materia de inmigración? 

Un día triste

El 25 de septiembre ocurrió un inédito y oscuro hecho en nuestro país. Seis mil personas protestaban en Iquique en la marcha “No+migrantes”. No obstante, la situación, ya de por sí tensa, se salió de control cuando un grupo de manifestantes tomo las pertenencias de los migrantes y las quemó. Así, mediante nuestras pantallas, fuimos testigos como coches, juguetes, ropas y frazadas, ardían en una gran hoguera colectiva y callejera. 

Danae Ruiz Díaz (23) dice que aquel día se perdió el amor. “Más que nada para ser empáticos hay que abrir nuestros corazones hacia las personas; no sirve de nada saber la materia, sino abres tu corazón también a recibir lo que está ahí”, señala la trabajadora social de la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Por ello, sugiere las siguientes acciones:

Amor: Más que nada, es saber que estas personas, también son seres humanos, debemos ser capaces de reconocer el valor humano del otro, eso se ha perdido, incluso hasta en nosotros mismos. 

Si tú ves que una persona sufre, tú vas y la ayudas, independiente de su género o procedencia, pero lo que pasa hoy es que estamos tan encerrados en nosotros mismos, siendo tan individualistas, que perdemos ese factor humano; no nos vemos en la otra persona, vemos al otro como algo malo, algo que nos estorba. Somos incapaces de ver el amor.

La vivencia: Mientras no estés in situ, no vas a conocer. No se vale leer, no se vale estudiar. Mientras tu no lo vivas, no vas a saber nunca la verdad, lo que las personas sienten o viven. Nosotros podemos verlo desde lejos, pero cuando estamos ahí se vive desde otra perspectiva. 

Aprendizaje: Expandir tu conocimiento sobre las personas y sus culturas debería ser importante para nosotros. Sin embargo, muchas veces no tenemos la paciencia para aprender y comunicarnos con los otros. Por ejemplo, los migrantes haitianos que no hablan español, deberíamos tener alguna noción básica sobre su idioma, a fin de poder comunicarnos con ellos. “Ellos entregan y tu entregas, es rico enriquecer la cultura y los conocimientos, pero nos privamos de eso; por miedo, desconocimiento, ignorancia y por supuesto por falta de amor”, enfatiza Danae.

Dar hasta que duela

La pastoral de migrantes de la parroquia Francisco de Asís del sector Lorenzo Arenas de Concepción, funciona no solo con donaciones, sino con redes de apoyo, tales como; la PDI, Cesfam, Carabineros, entre otras entidades. A medida que las familias migrantes se establecen tanto a nivel laboral, educacional, de salud, etc., ya cuentan con las condiciones de seguir adelante por sí mismos. De este modo, se enfocan entonces, en las nuevas familias y personas migrantes que lleguen al país, y que necesitan ayuda. La coordinadora de la pastoral, Ingrid Moya, propone que para que seamos menos discriminadores debemos: 

Humanidad: Algo tan humano, tan cristiano, que no solamente se atañe a los católicos, sino a todo quien crea en Cristo. Debemos trabajar en nuestra solidaridad, como dijo el Padre Alberto Hurtado “dar hasta que duela”. Lo primero que nos debe tocar es saber que, los hermanos migrantes, son seres humanos con necesidades de todo tipo, tanto emocionales, como materiales y espirituales. No podemos no empatiza con su dolor.

Servir con alegría: El servicio es un don del espíritu santo y como dice el evangelio, en los dones hay que trabajar. El hermoso servicio de servir al hermano con alegría y gozo. 

Buscar el rostro de Cristo: No hay que buscar solamente entregar lo material al hermano, sino también llevar, un poco, a través de la obra a Cristo, y buscar su rostro en los hermanos migrantes, quienes sufren y mucho. “Lo más complejo ha sido la frialdad de algunos hermanos chilenos, la xenofobia sobre todo a los hermanos haitianos, es impresionante, incluso dentro de los mismos hermanos de las parroquias, es contradictorio, pero uno no es quien para juzgar”, asegura Ingrid.