Los acuerdos entre visiones diferentes e interculturalidad

Los 155 integrantes de este importante organismo elegido democráticamente, se caracteriza por su diversidad política y cultural. El diálogo para buscar concretar una Constitución pensando en el bien común, será clave.

Carolina Astudillo M.

Lo inédito de la convención constitucional que trabaja para elaborar una nueva Constitución para el país, no es solo la paridad de género -tan comentada a nivel internacional-, sino también porque luego de ser elegida democráticamente, reflejó una gran diversidad de visiones entre sus integrantes. 

¿Cuáles son las ventajas o desventajas de un grupo de personas tan diverso para dar forma a una Constitución? Para Tania Santis, especialista de una consultora de comunicaciones y Directora de Extensión de la Fundación Padre Hurtado, la diversidad representada en los convencionales constituyentes electos es una ventaja positiva para el trabajo que deben desarrollar y que ancla de buena forma con los tiempos del país. 

“Es el mejor reflejo de lo que fue la marcha del millón de personas en octubre de 2019, manifestación que tuvo expresiones masivas de ciudadanía también en regiones. En la Convención hoy están participando todos los sectores de la vida nacional, los que apoyaron y no apoyaron el acuerdo de noviembre del 2019, que viabilizó por la vía institucional el camino a una nueva Constitución, y con una presencia significativa de independientes, de representantes de todos los pueblos originarios, de personas de todas las regiones, con experiencias muy distintas y representando problemas o situaciones que resultan urgentes que abordemos con seriedad como país”. 

A juicio de la experta, esto abre desafíos como la capacidad para canalizar un diálogo que tiene tiempos muy acotados con el fin de dar forma a un texto de Constitución, que deberá pasar también por el escrutinio de la ciudadanía. ¿Y qué debemos entender por diálogo? El Manual Nansen para el diálogo y la transformación de conflictos, lo grafica de la siguiente forma: “Quienes se embarcan en un proceso de diálogo, inician un viaje a tierra incógnita. Igual que cuando vamos a lugares que no conocemos, no se trata sólo de llegar a destino, sino que la travesía en sí nos enseña cosas que no sabemos. Cuando no hay nada de confianza y necesitamos construir en conjunto, el diálogo puede ayudar a encontrar el lugar más bajo de la pirca, por el cual podemos cruzar sin fallar en el primer intento”.

¿Una cultura de diálogo?

Desde el estallido social, un tema que ha sido preocupación de los analistas es la radicalización de las posturas, o el lenguaje de “ataque-defensa” que existe entre los distintos grupos sociales, lo que pone en un escenario complejo el desafío del diálogo. 

Norma Pradenas, académica y Ombuds de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, indica que para buscar acuerdos en un organismo como la Convención es clave la disposición a comprender las motivaciones y puntos de vista de una persona que piensa distinto, y en base a esa compresión se deben encontrar los acuerdos comunes.

Para Tania Santis falta una cultura de diálogo que de base respete las diferencias, legitime al “otro”, no trivialice ni ironice los dolores o temas del otro, se aleje del camino de la inmediatez, y valore los acuerdos “no como cesión o abdicación, sino que en su dimensión de co-construir”. Para ello, indica, es clave salir de la lógica de la descalificación, para centrarse en la valoración. “En lo referido al trabajo de los constituyentes, desde el inicio las preguntas públicas han estado centradas en los resultados, sin darles el tiempo necesario para ordenarse y cumplir con el itinerario que parte por dotarse de reglamento. El escrutinio ha sido severo, sin calibrar que lo que más se necesita es cuidar la Convención, darle el espacio que requiere la instalación de una nueva institucionalidad y no exponer su trabajo a través de un lente incapaz de reflejar lo positivo de lo que van construyendo”, agregando que, para no perder la transparencia que requiere este proceso, debería existir una campaña pública que explique a la ciudadanía cuál es cronograma de los tiempos de la Constitución, que están definidos por ley, en qué etapa están, de qué manera van dialogando y sobre todo, resaltar el sentido profundo de este organismo. 

“Para buscar acuerdos en un organismo como la Convención es clave la disposición a comprender las motivaciones y puntos de vista de una persona que piensa distinto, y en base a esa compresión se deben encontrar los acuerdos comunes”, Norma Pradenas, académica UCSC.

Para la especialista, es campaña incluso dejaría a la vista los vacíos de formación ciudadana en el país y que aportarían elementos a una mejor conversación. “El diálogo es siempre un proceso de construcción y aprendizaje continuo, que requiere de respeto, salir de las lógicas tácticas de vencedores y vencidos; aprender que el valor del debate está principalmente en la argumentación y en los resultados que se van generando para los espacios de ciudadanía en todos los ámbitos de la vida de una persona” agrega. 

La interculturalidad

No se puede desconocer la historia e identidad de un país y de una cultura. Eso es lo primero que recalca Norma Pradenas cuando aborda el aspecto intercultural que integra la convención constitucional. Hay valores, costumbres y sentidos de una identidad cultural que deben ser tomados en cuenta. Si se establecen protocolos, dice, estos deben considerar los ritos de las diferentes identidades culturales que, por su diversidad, no se pueden regir uniformemente o drásticamente por un solo tipo de protocolo.

“Para no perder la transparencia que requiere este proceso, debería existir una campaña pública que explique a la ciudadanía cuál es cronograma de los tiempos de la Constitución, que están definidos por ley, en qué etapa están, de qué manera van dialogando y sobre todo, resaltar el sentido profundo de este organismo”, Tania Santis, consultora.

Convención Constitucional

Quienes componen la Convención Constitucional tienen la gran oportunidad de mostrar a la sociedad aquello que distingue al ser humano de las demás creaturas: la razón. En efecto, la razón es aquella dimensión genuina y propiamente humana que nos permite llegar a certezas que nos vinculan y nos induce a generar derechos que custodiar y deberes que cumplir por parte de todos los habitantes de Chile que nos lleven a reconocernos como parte de una comunidad y vivir armónicamente. 

La razón es aquella ala del espíritu humano que nos permite alcanzar la verdad, afirmar que algo es cierto, justo y bueno. Esta dimensión de la vida es anterior a las propias creencias y culturas porque radica en algo propio y originario de la naturaleza humana. 

La razón es una invitación a pensar, a discernir, a comprobar en la realidad si algo es pertinente y que puede ser afirmado como verdadero por todos. Esta búsqueda es ardua y exigente porque implica estudio, meditación, trabajo, investigación y sobre todo una gran capacidad de escuchar a los demás sin prejuicios. Su tono es la humildad y el asombro frente a lo que viene de otro que, en su originalidad, comparte la común humanidad. 

Dado que la verdad, como decía el teólogo suizo Hans Hurs von Balthasar, es sinfónica, todos los constituyentes tienen algo que decir y aportar. Las descalificaciones lo único que hacen es entrampar este proceso político de fuerte impronta intelectual y pauperizar su inmenso valor. Este trabajo de la inteligencia exige ensanchar la mirada y distinguir aquello que surge de la razón y aquello que surge de la propia biografía y todo lo que ello conlleva. Los constituyentes tienen la gran posibilidad de promover un modo de actuar y de comportarse que haga relucir lo mejor del ser humano y su verdadero talante. Ello se logra promoviendo aquella cultura superior que implica capacidad de diálogo, de acogida y de escucha sincera del otro tal como es. ¡Ternura también!

Como los jóvenes le dan más crédito a lo que ven que a lo que oyen, lo que los constituyentes digan y hagan se replicará en las salas de clases, en las reuniones familiares, en los partidos políticos, y en todo el tejido social. ¡Aspiren a generar un ambiente donde luzca lo mejor del ser humano! El respeto al otro y a sí mismo en esa búsqueda es una dimensión que debe impregnar cada sesión de la Convención Constitucional. De alguna manera es la condición de posibilidad de llegar a puerto. Chile se los va a agradecer. Los gritos, los insultos, las ironías, las caricaturas no son buenas consejeras a la hora de redactar una Constitución. La magnanimidad, la serenidad de espíritu, la prudencia y la sabiduría son buenas compañeras de viaje. Es cierto que la Convención es el reflejo del país. Tanto es así que se han visto muchas heridas no sanadas antes, durante y después de las sesiones. Supongo que es una especie de catarsis y euforia que ya pasará. 

Redactar la Constitución es un mandato de la ciudadanía. Ello implica y exige ir más allá de la propia subjetividad, de los propios gustos y aspiraciones personales. Ello implica grandeza de espíritu, magnanimidad, altura de miras, sentido de responsabilidad histórica, amor al bien común y meridiana claridad que el todo es más que las partes.

+Fernando Chomali