La urgencia del buen trato

La pandemia del coronavirus ha traído mucho daño, dolor, sufrimiento, muerte e incertidumbre. Nadie ha quedado libre de sus efectos, sin embargo, los más pobres son los que se han llevado la peor parte. También han sufrido sus estragos quienes no tienen un salario fijo, quienes están endeudados.

Ha sido un drama de proporciones que costará años sanar de manera adecuada. Volver a clases, volver a trabajar, hacer los duelos de manera adecuada son pasos que nos permiten mirar el futuro con más optimismo. Sin embargo hay secuelas que todavía no podemos dimensionar adecuadamente. 

Se trata de los efectos sicológicos de la pandemia. Ellos pueden estar explícitos en muchas personas, pero también están ocultos en tantos otros y que en algún momento van a salir. Y nos tenemos que preparar. Además de la ayuda siquiátrica y sicológica especializada en traumas, todos podemos contribuir a sanar las heridas de tantas personas generando buen trato, siendo amables, teniendo presente que detrás de un rostro pueden haber dramas que ni sospechamos pero que están allí hiriendo el alma. 

Propongo que no digamos ironías, bromas de mal gusto. Propongo que demos gracias, pidamos perdón y permiso. Propongo que saquemos lo mejor que tenemos cada uno de nosotros y lo ofrezcamos en nuestra casa, en nuestro barrio, en nuestro trabajo. En ambientes sanos nos sanamos con mayor facilidad que en ambientes hostiles. Ello exige magnanimidad de espíritu y el reconocerse como parte de una comunidad. 

Hagamos un pacto en nuestras casas, en nuestros barrios, de no levantar la voz, de no tocar la bocina innecesariamente, en no poner el volumen de la radio fuerte, en no botar la basura donde no corresponde. Son cosas muy sencillas que nos pueden cambiar el ánimo. También sería bueno ver lo positivo del otro y si hay que hacer una corrección, siempre con mucho respeto. Lo cortés no quita lo valiente. Empecemos por algo, ahora, muchos lo vamos a agradecer.