Claves que condicionan el lenguaje inclusivo

Se suele suponer que el lenguaje inclusivo basta con cambiar una desinencia “a” o una “o” por una “e”, pero la cantidad de palabras con la que esta fórmula funciona es realmente reducida. Expertos plantean que la solución al problema de la discriminación y respeto por los derechos humanos -que subyace a esta discusión- no pasa por efectuar cambios forzados al lenguaje.

Chanel Caro O.

La lengua está viva, los cambios son una característica intrínseca del lenguaje y éste los ha sobrellevado a lo largo de su historia. Si la lengua no sufriera cambios, el español que hablamos actualmente sería el mismo de lecturas canónicas como El Mío Cid o El Quijote. Estos cambios tienen como punto clave: el consenso que existe entre los hablantes. 

Las discusiones en torno al concepto de lenguaje inclusivo no dejan indiferente a nadie. Entre los hispanohablantes se ha generado una disputa ideológica entre quienes se adhieren a esta forma y quienes la rechazan. 

Esta propuesta lingüística ha tomado un camino ascendente durante los últimos años. La utilización de la forma “e” como género neutro del español, se ha convertido en un debate público que cuestiona la aceptación de un tercer género gramatical neutro. Este reemplazo propiciaría el uso del “todes”, tanto para personas que se autodefinen como no binarias, como para reemplazar el uso del neutro genérico masculino “nosotros” por “nosotres”.

La lengua como expresión

Mónica Tapia, Doctora en lingüística y coordinadora del Magister en lingüística aplicada en la Ucsc, comenta que el lenguaje es una expresión de las personas en sociedad, por lo mismo, la irrupción de representatividad a través de la lengua es una demanda lingüística legítima. Sin embargo, este cambio es gradual y lento. “Hay ciertos componentes de la lengua que cambian con mayor facilidad, como por ejemplo el léxico, cuando aparece un fenómeno nuevo que requiere ser representado, tomamos de otra lengua lo que necesitamos expresar en la nuestra, como, por ejemplo, wifi”, señala la académica. Y agrega que “en los casos que caen en el debate como niños y niñas, sí, tienen un referente que coincide con el sexo, pero no queriendo referir al sexo, sino que queriendo hacer una representación de la realidad”. Este criterio de clasificación, desde un punto de vista gramatical, no tiene una asociación al género sexo, más bien es una coincidencia frecuente. 

La publicación de 2019 de la Dra. Adriana Bolívar, lingüista y presidenta honoraria de la Asociación Latinoamericana de Estudios del Discurso, titulada: “Una introducción al análisis crítico del lenguaje inclusivo”, presenta en detalle la complejidad sobre un problema fundamentalmente ideológico, en donde el diálogo suele ser conflictivo, y las posiciones difíciles de conciliar.

En palabras de la Dra. Bolívar, “se asoma una crisis de poder que afecta el diálogo democrático, ya que por un lado figura la solicitud de reforma que es claramente percibida como una imposición de un grupo político que no ha consultado debidamente a quienes estudian el lenguaje científicamente; y, por el otro, se encuentra la creencia de que el lenguaje inclusivo debe aceptarse, puesto que representa una solución al problema de la discriminación y respeto por los derechos humanos”. 

Las lenguas cambian por convención, por acuerdo. La Dra. Tapia también agrega que es posible y legítimo querer cambiar la lengua, “pero es una utopía, no es la lengua que vaya a cambiar, son los usuarios los que deben ir cambiando”.

Una estructura artificial

Una de las grandes falencias del lenguaje inclusivo es su nula representación en la economía del lenguaje. La lengua se basa en sistemas semióticos que demandan economía y por sobre todo comunicación. El Dr. en lingüística y académico de la UCSC, Edgardo Cifuentes, explica el suceso artificial en el que se desarrolla la inclusión del morfema “e”.  “La ‘e’ no es regular. Estas modificaciones que se han hecho son iniciales, un proyecto que las academias de la lengua no definirán aún, porque la gente no las usa en una situación cotidiana, las utilizan en un discurso público, leídas, solo algunas se usan espontáneamente”. Emplear la “e” para definir neutro, no es de uso habitual en el discurso espontáneo de la lengua. Salvo los saludos, su uso se emplea prioritariamente en discursos públicos orales y escritos.

En Chile, existen dos manuales de género inclusivo; el primero de 2016 promulgado por el Consejo nacional de cultura y las artes y el segundo en 2018 desde el Ministerio de educación. Pese a ello, en mayo del presente año los diputados de Chile Vamos, Cristóbal Urruticoechea y Harry Jürgensen, presentaron un proyecto de reforma constitucional que “prohíbe el uso de alteraciones gramaticales y fonéticas que desnaturalicen el lenguaje dentro de la enseñanza oficial reconocida por el Estado, en la educación parvularia, básica y media”. 

El rol de la RAE

La Real Academia de la Lengua es la encargada de regular las normativas del idioma español. Según sus estatutos “tiene como misión principal velar porque los cambios que experimente la Lengua Española, en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes, no quiebre la esencial unidad que mantiene en todo ámbito hispánico”. El rol de la RAE se limita a ser un ente regulador, lo que en ocasiones es malentendido por los usuarios de la lengua.

Ante aquello, el Dr. Cifuentes agrega que “quienes intentan encontrar un posicionamiento ideológico, o usarlo como un argumento para decir que esto no debería usarse están equivocados porque las academias nunca han cumplido esa función. Nunca han sido autoridades que nos permitan o prohíban el uso de palabras”.

La RAE describe en sus manuales y diccionarios lo que realmente la gente usa por consenso. El lenguaje inclusivo hasta que no sea un uso habitual, cotidiano y espontáneo de los hablantes difícilmente estará descrito en los diccionarios y gramáticas.