Juan Gabriel Valdés, ex Canciller: “La sociedad necesita que de un cierto establecimiento de la verdad, que le permita funcionar”

El académico y Director de Asuntos Estratégicos de la Universidad de Chile, fue el encargado de dictar la Clase Inaugural de la UCSC, titulada “La crisis norteamericana: la necesaria relación entre verdad y democracia”.

Carolina Astudillo M.

La extensa trayectoria internacional como diplomático y académico, le permiten a Juan Gabriel Valdés expresar que lo ocurrido durante los últimos años en Estados Unidos refleja el riesgo que sufren las democracias occidentales ante liderazgos que ostentan poderes políticos que manipulan la realidad, y ante una ciudadanía neutral ante lo que es verdad o ficción. 

El Director de Asuntos Estratégicos de la Universidad de Chile y miembro de la Junta de Alto Nivel sobre Mediaciones del Secretario General de las Naciones Unidas y ex Ministro de Relaciones Exteriores, fue el encargado de dictar la Clase Inaugural del año académico 2021 de la UCSC, efectuada en modalidad online.

-¿Cuál es a su juicio el principal foco ético de importancia para la sociedad, en la discusión sobre la democracia y la verdad?

-Lo que ha sucedido en la democracia americana y particularmente en los últimos cuatro años, muestra que las sociedades democráticas son vulnerables a un tipo de falsedad estructurada y vulgarizada, para negar la existencia de hechos o para reconstituir hechos de manera falsa. Esa situación que tiene distintos nombres –entre ellos lo conocido como “fake-news”-, construye realidades y mitos que alteran la paz social y la manera en cómo los ciudadanos se pueden relacionar entre sí. Es una amenaza muy seria al proceso democrático, quizás la amenaza más seria hoy en día. Me parece que enfrentar ese problema requiere de una actitud ética y de una actitud que efectivamente recupere una formación ciudadana. Hoy hay una situación de mucho mayor gravedad que antes debido al desarrollo de las redes sociales, y a la forma en que estas han transformado los procesos de comunicación en el mundo, por lo tanto, creo que es necesario reflexionar sobre ello particularmente en momentos en que todas las democracias hay crisis sociales y económicas que pueden poner en riesgo nuestra convivencia.

“Hoy hay tipos de comunicación y una capacidad para transformar esa comunicación a través de los medios, que la habilidad de los ciudadanos para distinguir la ficción de la realidad, se hace cada vez más compleja al transformarse en un espectáculo de diversión”.

-¿Cómo observa usted la acción de los medios que toman la decisión de cerrar un micrófono ante ese tipo de declaraciones?

-Es un tema complejo, pero hay evidencia de dos cosas: la primera es que sin libertad de expresión y sin libertad de prensa, EEUU no habría sobrevivido al desafío totalitario que planteó una presidencia basada en una estructura de falsificación de los hechos permanente. Creo que la libertad de medios y la capacidad de ellos de resistir fue un factor muy importante en esa mantención del proceso democrático. Por otra parte, es cierto que los medios tomaron decisiones que resultaron extraordinarias en el marco de nuestra modernidad. Que organizaciones como twitter hayan privado al Presidente de EEUU de su capacidad de comunicar, o bien canales de TV hayan decidido cortar las transmisiones en las cuales se estaba expresando el Presidente, constituyen hechos de una importancia enorme en el desarrollo de la vida contemporánea en materia de medios. No sabemos las consecuencias que ello tiene. Eso demuestra un poder que no imaginábamos posible de ejercer. 

-Independiente de quien ejerce el poder, también toma relevancia el contar con un Estado transparente. ¿Cómo observa la discusión sobre las instituciones y grado de transparencia ante la ciudadanía?

-Eso apunta a una cuestión absolutamente central. Hay una necesidad de una completa transparencia sobre la forma en que todas las instituciones participan en el proceso de construcción de la verdad sobre un hecho; no hablamos aquí de verdades morales, matemáticas o científicas, hablamos aquí de verdades que construyen las sociedades en un marco de competencia de poderes que son efectivamente desiguales. Eso implica que todos estos hechos tienen que estar siempre abiertos a la revisión, pero la sociedad necesita que haya un cierto establecimiento de la verdad, que le permita funcionar. Desde ese punto de vista la transparencia debe ser la cuestión primera y esencial, que requiere también de ciudadanos dispuestos a distinguir entre la verdad y la mentira. 

-En ese sentido, respecto a la formación de los ciudadanos y su espíritu crítico ¿cree que la educación debería considerar con mayor énfasis habilidades y competencias para esa distinción?

-Es necesario que el ciudadano desarrolle su espíritu crítico. Ya lo tiene en muchos sentidos, pero es necesario también que comprenda el proceso de construcción de la realidad que se hace en la sociedad. Ese proceso implica libertad de opinión, pero también respeto por la opinión especializada. Uno de los fenómenos recientes es que todo lo que constituye especialización, es descartado. Se supone que la democratización de los medios, implica también democratización del conocimiento pero, como dijo un senador norteamericano en los ’60, “ud. tiene todo el derecho a tener sus propias opiniones pero no tiene el derecho a tener sus propios hechos”. Hoy el mundo de los medios digitales permite que los ciudadanos sientan que tienen sus propios hechos, y eso no ocurriría si hay una educación y un tipo de formación en la que la búsqueda de la verdad se entiende como un proceso colectivo, basado en la confianza y en la honestidad. Eso no está presente hoy en día, y creo requiere mucho trabajo educativo. Eso tiene que ver también con el descrédito del humanismo y la educación humanista. En la medida que se entiende que la educación es una cuestión de opiniones, y no de formación de carácter y de búsqueda de la verdad, entonces el ciudadano queda a la disposición de poderes que lo tratan como si fuera un consumidor de espectáculo.

“Hoy hay una situación de mucho mayor gravedad que antes debido al desarrollo de las redes sociales, y a la forma en que estas han transformado los procesos de comunicación en el mundo”.

-¿Es el estilo de Trump un modelo que puede “contagiarse”, pensando en el poder que se puede lograr con la manipulación de la información?

-Absolutamente. Creo que es importante decir que estamos frente a un cuadro en el que se produce al mismo tiempo el surgimiento de liderazgos autoritarios por el tipo de crisis social que existe hoy, y se produce un tipo de actitud en el ciudadano que es de neutralidad frente a la verdad y la falsedad. Eso facilita muchísimo el surgimiento de este tipo de liderazgo. Creo que las democracias occidentales están amenazadas por un fenómeno de populismo autoritario y quiero decir que este no es solo un fenómeno de derecha, también se da en la izquierda. La prensa también puede falsificar una realidad. En el caso venezolano se produce una distorsión completa de la realidad que lleva a que el personaje que preside ese país no tenga características demasiado distintas a las que tiene Trump. El tema de contagio para este fenómeno de transformación de la verdad en una ficción, es algo extraordinariamente peligroso desde el punto de vista de la existencia de una democracia representativa.