Factor de desarrollo social y personal: El trabajo como fuente de felicidad

Cada 1 de mayo trae consigo una reflexión del sentido del mundo laboral y sus bemoles. Más allá de sus inherentes derechos, y las condiciones que han de concurrir para que el trabajo, realmente, “dignifique”, es necesario analizar cómo esta faceta, tan imprescindible del hombre y la mujer, reporta felicidad y realización, más allá de una retribución económica.

Paulina Pérez D. 

Legalmente, “un contrato de trabajo es un acuerdo entre un trabajador, que se compromete a prestar servicios bajo la dependencia de un empleador, a cambio de una remuneración”. En la vida de las personas, el trabajo es aquel quehacer que ocupa más de ocho horas al día, en el que se desarrollan diferentes aportes, en el que se conoce a otros y a otras, se establecen lazos, se aprende, se enfrentan desafíos y problemas y a través del que se adquiere un sentido de pertenencia “a algo”. Como explica el psicólogo laboral Giovanni Pastorini Riquelme, “el ser humano siempre va a tender a ir en búsqueda de la felicidad, de lo hedonista, y obviamente el trabajo será parte de este proyecto: la idea es poder seguir siendo feliz en el trabajo”, reflexiona. 

“Cuando disfrutamos lo que hacemos, lo hacemos con pasión y energía, y esto sobrepasa distintas dimensiones de satisfacción, de orgullo, de sentirnos felices por lo que estamos haciendo. En la medida que nuestras intenciones personales y valores de vida coincidan con los de la organización o empresa en la que nos desenvolvemos, o con la labor que ejercemos, obviamente va a haber un mayor motor de esta energía, motivación intrínseca que nos va a revitalizar y nos va a llevar a hacer de manera correcta nuestras labores. Esto contribuye a generar un mayor nivel de pertenencia y de compromiso organizacional, donde podamos terminar cada jornada con gratitud y plenitud de lo que hemos realizado”, plantea el psicólogo y consultor Laboral, especialista en Gestión, Desarrollo, Empleabilidad y Selección del talento humano.

“Bienestar, satisfacción y felicidad organizacional son constructos nuevos, sumamente subjetivos pero altamente relevantes. Está comprobado que, el buen desempeño de los trabajadores, su productividad, y calidad, mejora en un dos mil por ciento cuando el trabajador se desarrolla gratamente, sintiendo que el trabajo es una pasión y a la vez un verdadero aporte”, manifiesta Pastorini.

Giovanni Pastorini, psicólogo laboral.

Cuando el trabajo no es fuente de alegrías

Pero no siempre el trabajo es motor de vida. “Por diversos motivos, las personas pueden comenzar a exteriorizar un sinnúmero de síntomas, asociados a un fuerte estrés, y cuando indagamos por el origen de esta sintomatología, se puede establecer la asociación con una infelicidad derivada de la actividad laboral que la persona desarrolla”, establece la psicóloga clínica Estefanía Manosalva Arriagada, magíster en Adolescencia de la Universidad del Desarrollo.

Por un lado, están las reacciones psicológicas y físicas ante un trabajo insatisfactorio, que genera emociones negativas y malestar. Y por otro, el síndrome de Burnout, “que es mucho más complejo ya que no se asocia con exceso de cantidad de trabajo, o ambientes adversos. Se produce en trabajadores que tienen alto compromiso social, pero sienten “erosión de espíritu”, pérdida de fe de seguir haciendo su trabajo con calidad y buenos resultados, y de la energía que los ha caracterizado”, sostiene Estefanía Manosalva.

Estefanía Manosalva, psicóloga clínica.

Surge la pregunta: ¿por qué las personas se quedan en esos trabajos, si lo pasan mal? “Hay múltiples razones, especialmente económicas (la de más consulta clínica), y también se da mucho en personas que fueron muy comprometidas con el trabajo que realizaban y que, por distintos motivos, perdieron la energía. Viven con la esperanza de volver a sentir ese entusiasmo hacia un trabajo que, en definitiva, antes les gustaba mucho y daba sentido a su vida y hoy no logra ese efecto”, puntualiza la también especialista en Psicoterapia Estratégica Breve. En este contexto entonces cobran mucho valor las “medidas de autocuidado”, en las que se debe tratar de separar los espacios de trabajo de los personales y hacer actividades diferentes (como ejercicios o prácticas relajantes) para “olvidar” lo laboral. “Apagar el PC, desconectarse del celular, para descansar de esa tecnología asociada al mundo laboral y emplear aquella asociada al esparcimiento”, enfatiza la psicóloga.

“La excelencia en el trabajo es la santidad”

El presbítero Pablo Aguilera Labarca, de la Arquidiócesis de la Santísima Concepción, explica el concepto “santificación del trabajo”. El Catecismo de la Iglesia Católica, afirma que “el trabajo puede ser un medio de santificación y de animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo. Para la gran mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo”. 

“Esos tres aspectos en los que se resume el espíritu de santificación del trabajo, se encuentran intrínsecamente unidos, como en una espiga de trigo lo están la raíz, el tallo y el grano que es su fruto”, dice el sacerdote. “Santificar el trabajo es hacer santa la actividad de trabajar, realizándola por amor a Dios, con la mayor perfección que cada se pueda lograr, para ofrecerla en unión con Cristo. Santificarse en el trabajo (en cierto modo, consecuencia del anterior), procura santificar el trabajo y necesariamente “se santifica”: es decir, permite que el Espíritu Santo lo santifique, que es lo mismo que decir que va logrando cada vez más identificarse con Cristo”. 

El religioso hace allí un alcance. “Lo mismo que en una planta no basta regar la raíz, sino que también hay que cuidar el tallo para que crezca derecho, y a veces ponerle un apoyo para que no lo quiebre el viento, o protegerlo de los animales y de las plagas, así también hay que poner muchos medios para identificarse con Cristo en el trabajo: oración, sacramentos y medios de formación, con los que se van cultivando las virtudes cristianas (laboriosidad, generosidad, perseverancia, humildad, honradez, etc.). Gracias a esas virtudes se fortalece también la misma raíz y resulta cada vez más connatural santificar el trabajo”.

Finalmente, santificar con el trabajo se puede considerar consecuencia de los otros dos, pues al “santificar su trabajo, e identificarse ahí con Cristo, el cristiano necesariamente da fruto: santifica a los demás con su trabajo, los ayuda a ser mejores personas y mejores cristianos. Esto no significa que un cristiano se pueda despreocupar de dar fruto, como si éste surgiese espontáneamente de la raíz y del tallo. Un cristiano ha de cooperar con su trabajo no sólo a configurar un mundo justo, sino también a informarlo con la caridad de Cristo, a santificarlo”, dice.