La democracia se materializa en las urnas

El próximo 10 y 11 de abril, tendrá lugar las elecciones de gobernadores regionales, alcaldes, concejales y constituyentes. Cerca de 15 millones de chilenos están habilitados para sufragar, pero ¿cuántos realmente asistirán a las urnas? La importancia de participar en estos comicios es clave como parte de la responsabilidad cívica y del resguardo a la democracia.

Paulina Pérez D. 

No es novedad que, desde que el voto en Chile es voluntario (desde 2012), la participación ciudadana en las elecciones ha disminuido paulatinamente, afectando en especial a las elecciones municipales. Si bien no se puede desconocer que la decisión de escoger, o no, a las autoridades, es un signo de libertad, tampoco se puede pasar por alto que ello, sin dudas, afecta la representatividad de un sentir nacional. ¿Se afecta la democracia? ¿Por qué las personas han perdido interés en votar?

“Son muchas las razones por las que no podemos desaprovechar la oportunidad de poder de elegir, de expresarnos libremente y votar por quienes nos representan. Es por esta razón que este acto cívico se transforma en una de las decisiones más importantes y significativas, es un derecho que nos otorga la democracia y un deber que se tiene que ejercer con un alto sentido de responsabilidad”, sostiene Constanza Escobar Cárdenas, directora de la carrera Administración Pública de la Universidad San Sebastián Concepción. “Votar va mucho más allá de pertenecer a un partido político, es una acción que se constituye como la máxima expresión de la democracia, y desde el punto de vista de la participación ciudadana, a través del voto ejercemos nuestro derecho, cumplimos con nuestro deber cívico y tenemos el poder de elegir según nuestros principios e ideales a quienes nos gobernarán y tomarán las decisiones que definirán el futuro de nuestro país. No podemos olvidar que la importancia de votar es histórica y nutre la democracia”, establece. 

Y coincide plenamente con Escobar, Gonzalo Valdés Edwards, director ejecutivo del Centro de Políticas Públicas de la Universidad Nacional Andrés Bello. “Toda democracia requiere alta participación ciudadana para ser legítima. Si votan pocos ciudadanos, surgen dudas respecto a si las decisiones tomadas por la autoridad tienen real apoyo”, plantea. “Una alta participación también da garantías de estabilidad en las políticas públicas, ya que las grandes mayorías suelen mantener sus preferencias estables en el tiempo”, precisa.

Constanza Escobar, directora de la carrera Administración Pública de la USS Concepción.

Pero retomando el caso de Chile, en que el electorado no destaca por ser participativo, surgen fenómenos clásicos, como “los arrastres”, la rotación de las mismas personas en diferentes cargos, los acuerdos políticos orientados sólo en asegurar escaños. “Los riesgos de un sistema cerrado son muchos. Podríamos decir que una característica que ha primado en la política chilena es la tecnocracia, vale decir una primacía del saber técnico experto por sobre los deseos o anhelos ciudadanos, lo que genera es un sentido de exclusión de la ciudadanía de la toma de decisiones, algo que afecta la legitimidad del sistema político y la sensación de identidad y afectividad hacia el mismo y hacia las autoridades políticas”, sustenta Violeta Montero Barriga, socióloga del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, COES, de la UdeC. “Podríamos entender ese fenómeno como una de las causas de la crisis de representación. Dentro de los posibles efectos de la poca participación ciudadana podríamos mencionar la crisis de representación política que afecta consecuentemente el ejercicio político, y el consecuente debilitamiento de la democracia, que requiere de ciudadanos interesados, participantes y comprometidos con su sistema político, a autoridades que ejerzan su cargo sobre la base de un apoyo y de una legitimidad política y social, y que el destino de la sociedad también se vaya construyendo de manera colaborativa”.

El populismo o la asunción de minorías a los cargos de elección popular son algunos riesgos de la poca representatividad, originada por la poca participación ciudadana. “La ocurrencia de los populismos podría ser entendida como una forma de ocupar espacios en los cuales la ciudadanía ya no está participando de la deliberación y la construcción de destinos comunes. Si no, más bien reacciona ante ofertas, ante discursos, ante opciones que son demagógicas y que no responden necesariamente a este equilibrio entre la racionalidad técnica y el anhelo ciudadano que esperamos que se concrete a través de la democracia”, explica Violeta Montero.

Violeta Montero, cientista política UdeC.

2021, récord de elecciones

De forma histórica, el próximo sábado 10 y domingo 11 de abril se llevarán a cabo las elecciones de constituyentes, gobernadores regionales (primera vez desde la creación del cargo), alcaldes y concejales. Y el 21 de noviembre de 2021, Chile escogerá a sus nuevos diputados, senadores, consejeros regionales y, por supuesto, presidente o presidenta de la República. Se percibe entonces terreno fértil para lograr mucha participación y, por ende, representatividad de lo que ocurre en el “Chile real” en sus cúpulas políticas y sus autoridades.

Gonzalo Valdés, de la UNAB, otorga profunda relevancia a que la Convención Constitucional tenga la mayor participación posible, “y que los convencionales electos logren un alto apoyo de la ciudadanía: una baja participación puede poner en duda la legitimidad de la nueva carta fundamental. Es necesario hacer todo lo posible para garantizar una elección de constituyentes masiva, con bajo riesgo sanitario e incuestionable desde el punto de vista del proceso de conteo electoral”, advierte.

“Posibilidades reales de cambio existen, pero para que se concreten se requiere del compromiso de todos. No podemos dejar que otros sigan decidiendo por nosotros, si bien votar es un derecho, también es un deber que como ciudadanos responsables debemos cumplir”, afirma Constanza Escobar, de la USS, enfatizando que, “el primer paso para que existan cambios, es que en las elecciones logremos aumentar considerablemente la participación, que superemos con creces el porcentaje de sufragios y que vote más del 50% del padrón electoral. El poder para generar cambios está en cada uno de nosotros”, asegura.

Para la académica, las masivas convocatorias 2021 “sin dudas nos deben incitar y motivar la participación. Lo lógico es que en abril y noviembre participen quienes han sido parte de las marchas y múltiples protestas que hemos evidenciado, y que participen también en los procesos democráticos establecidos”, manifiesta.

“En el proceso político social que estamos viviendo, que podría entenderse como una coyuntura histórica, tenemos la posibilidad de construir, de repensar nuestro orden político-institucional de manera colaborativa”, concuerda la socióloga de la UdeC Violeta Montero, quien no desestima que “es un desafío complejo: la diversidad de opiniones, de intereses, de modalidades o lógicas de acción colectiva son múltiples. Hay quienes justifican la violencia, quienes abogan por un camino de dialogo y de liberación, y eso es lo que se necesita combinar, para poder llegar a una solución. El espacio que se va a construir a través del proceso constitucional con la elección de constituyentes nos va a poner a prueba en ese sentido. Ojalá se elijan constituyentes con una amplia representación de la heterogeneidad social, y que en el espacio mismo de la discusión del debate constituyente se establezcan procedimientos y mecanismos que aseguren la posibilidad del dialogo y la resolución de los desacuerdos que inevitablemente van a surgir”, puntualiza.

El porqué de la apatía

Claudio Fuentes Saavedra, doctor en Ciencia Política y profesor titular de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, desmenuza razones por las que el votante chileno es reconocido por su desinterés en la participación electoral. Y aclara que estudios demuestran que, la participación de la ciudadanía en las elecciones se asocia con tempranos vínculos en momentos críticos como, por ejemplo, las generaciones que votaron los plebiscitos del 88, y probablemente, del año 2020. “Esto incentiva a la gente a generar cierta identidad, eso es, las coyunturas críticas en las que la gente participa y, por lo tanto, valora y mantiene una tradición de participación”, reflexiona.

Claudio Fuentes, académico U. Diego Portales.

“Muchas veces los ciudadanos tienen mecanismos de retroalimentación, “a mí el sistema no me ayuda, y si no me ayuda, para qué voy a ir a votar si al final no recibo nada a cambio”. Esa noción de tener una materialización de algo que el sistema no está entregando produce una desconexión entre no asistir a votar y una ciudadanía que piensa, percibe que el sistema no le retribuye”, afirma Fuentes, a lo que se suma la sensación de que “mi voto no va a marcar una diferencia significativa”, decisión que tiende a revertirse en las competencias muy reñidas.

“Hay una noción de que, en la medida en que no se participa, grupos chicos van eligiendo a sus representantes (en el caso de las municipales, es un 35% del electorado), generándose esta idea de “los mismos de siempre”. Pero al no hacerlo, sí siguen gobernando los mismos de siempre. Entonces, se produce un círculo vicioso de la no participación, y una confirmación, post elección, de que ganaron los mismos de siempre”, considera el doctor Fuentes. “Y un último argumento tiene que ver también con la calidad de los actores políticos: en la medida en que cuesta más darse a conocer, se producen campañas más polarizantes, con escándalos, incorrectas, para ganar la atención y así capturar ciertos votos. Aunque eso desacredita a la política en general, y se va generando esta idea de que no solamente son los mismos de siempre, sino que además hay “payasos, payasas” en la política, lo que perjudica al conjunto de la comunidad cívica, que deja de participar”, concluye.