José Bidart, abogado y profesor de Derecho: “La falta de diálogo no puede frenar el avance de la Constitución”

Académico de la Universidad de Concepción explica el rol que tendrán los constituyentes en el proceso de construcción de la nueva Carta Fundamental, así como los desafíos que tendremos como sociedad para afrontar las nuevas exigencias ciudadanas.

Érico Soto M.

“El lenguaje es la casa del ser. Es todo”, afirma José Bidart Hernández, tomando como referencia el discurso “Serenidad” de Martin Heidegger, de 1955. Destaca que el texto cobra suma vigencia en nuestros días, en una sociedad basada en la inmediatez y donde se huye del pensar, porque no hay reflexión suficiente, y se le da más valor al pensamiento cuantitativo. Algo que vale considerar para enfrentar un paso histórico para la sociedad chilena, como será la construcción de una nueva Constitución.

El abogado experto en derecho constitucional y profesor del Departamento de Derecho Público de la Facultad de Derecho en la Universidad de Concepción, divide su tiempo entre la docencia y el ejercicio profesional libre, desde donde analiza los pasos que vendrán en el proceso constituyente.

– ¿Qué rol tiene la asamblea constituyente?

-En realidad, este rol está regulado en la propia reforma constitucional. Los constituyentes van a ser quienes elaborarán el texto de la nueva Constitución. Para llegar a desempeñar este cargo, pueden ser candidatos aquellos ciudadanos que cumplan con aquellos requisitos contemplados en el artículo 13 de la Constitución Política del Estado. Se elegirán a 155 cupos bajo las mismas reglas establecidas para la elección de los miembros de la Cámara de Diputados. Es decir, a través de la cifra repartidora, mediante el sistema proporcional de Víctor D” Hondt que ha regido durante mucho tiempo en el país para la elección de diversas autoridades. 

-Se continúa con un sistema electoral que favorece a listas fuertes hacia la asignación de escaños…

-Los partidos políticos tienen mucha relevancia en la vida democrática y por eso han existido regulaciones electorales distintas en diversas épocas. La cultura política del país ha tratado de apartarse del sistema proporcional, como aconteció al entrar en vigencia la Constitución de 1980. Así, el sistema binominal fue muy criticado, por propender a fortalecer los grandes bloques y tender a la oligarquización de la política. Pero se estimaba que era necesario en la primera etapa de la vuelta a la democracia, porque favorecía la estabilidad. Sin embargo, con el tiempo el mundo político se fue abriendo a un sistema proporcional minoritario, que apunta a la equidad, donde todos los sectores de alguna manera estén representados. 

“Hay expectativas que pudieran no cumplirse por el sólo hecho de que nos rija un nuevo texto fundamental. Esperemos que ello no redunde en una situación de mayor crisis institucional”.

– ¿Cómo se proyecta el trabajo de los constituyentes?

-El trabajo de los constituyentes está acotado a distintos plazos: máximo nueve meses para redactar una nueva Constitución, con posibilidad de una sola prórroga de tres meses. Y por supuesto, una vez que se termine con su trabajo, va a existir una votación, a través de un plebiscito de salida con sufragio obligatorio, en relación con el texto elaborado por el órgano constituyente. De aprobarse la nueva carta en dicho plebiscito, va a regir desde el momento de su promulgación, y se derogará automáticamente la Constitución de 1980. 

– ¿Cuál es la importancia del reglamento en que se basará su trabajo?

-Al constituirse la Convención se va a elegir a un Presidente y a un Vice- Presidente por mayoría absoluta de los miembros en ejercicio. Asimismo, deberá aprobar las normas y el reglamento de votación de las mismas por un quorum de los dos tercios de los miembros en ejercicio. A mi juicio, el reglamento es muy decisivo, pues existe una cuestión central para la votación general entre los 155 constituyentes. Se tiene que establecer si la Constitución va a ser aprobada artículo por artículo o, aparte de eso, existirá una votación en relación con el texto final aprobado por la Convención. Hasta ahora no hay claridad. Para algunos, la votación general de la Constitución por los dos tercios se va a hacer en el plebiscito de salida. Esperemos que el reglamento dé algunas luces sobre esto. 

-¿Qué otros aspectos contempla ese reglamento?

-El reglamento deberá regular cómo se van a producir las nuevas normas, qué comisiones se van a poder formar, los quórums requeridos para su funcionamiento, elaboración de los textos preliminares, etcétera. Es una tarea compleja, de gran rigor y esfuerzo de carácter técnico jurídico. Por esa razón, tendrán que existir normas claras y precisas sobre ese proceso de discusión y deliberación, que es esencial en la construcción de una Constitución que aspira a mejorar la existente. 

“Hay que acompañar al Estado en el esfuerzo que debe hacer la propia sociedad civil para mejorar los niveles de vida y se produzcan, en definitiva, mayores espacios de redistribución del ingreso y del progreso económico. Es un compromiso de todos, porque no va a caer del cielo”.

-Ya en la discusión de temas, ¿cuáles cree usted que generarán más controversia?

-Hay temas fundamentales, como la dignidad humana, salud pública, previsión, educación, probidad, trasparencia y descentralización del poder. Estamos de acuerdo en que las deficiencias que no se consideraron, tanto por el constituyente anterior como por el legislador, deben ser mejoradas. De tal manera, que es una gran oportunidad para contemplar aspectos que hoy deben estar en la Constitución. Desde el punto de vista de su extensión, debe ser técnicamente lo que corresponde al ideal que la Convención va a establecer. Las constituciones muy largas no son reconocidas como eficientes, porque todo lo que quede allí plasmado tiene que ser eficaz en la vida social, o sea, jurídicamente apta para regularla. Debe reafirmarse también la idea de la República, que pasa a ser fundamental y simbólica para el país desde el punto de vista conceptual, a través de su historia, reconociendo claramente los valores y principios democráticos que se han ido construyendo durante toda la evolución constitucional. 

– ¿Cómo se aborda la crisis de credibilidad de las instituciones y política del país? 

-Complementariamente, a mi entender es fundamental establecer mayores parámetros sobre la probidad y la ética. Se tienen que destacar como valores fundamentales del ejercicio de la vida democrática y del servicio público, porque los partidos políticos están muy alejados de la ciudadanía. Hay una percepción de decadencia y desconfianza creciente. Y lo que es peor, se ha ido deslegitimando la política, que es esencial para la vida democrática. Hay que hacer un enorme esfuerzo para recuperar la credibilidad de los partidos políticos, de lo contrario peligra en el futuro la forma de gobierno democrática. 

-¿Cuál es nuestro desafío como ciudadanos?

-Hay que acompañar al Estado en el esfuerzo que debe hacer la propia sociedad civil para mejorar los niveles de vida y se produzcan, en definitiva, mayores espacios de redistribución del ingreso y del progreso económico. Es un compromiso de todos, porque no va a caer del cielo. Tiene que evidenciarse una mayor solidaridad en la sociedad civil con una mayor perspectiva de justicia social, en el quehacer de las instituciones y que sea ampliamente compartida por todos los sectores nacionales. En este aspecto hay un concepto interesante a destacar: “La dignidad pasa porque no puede haber una desigualdad excesiva”. Todo este proceso constituyente y de adecuación posterior a él, requiere también cambios en la vida de la sociedad política y civil de nuestro país. Así, a mi juicio la descentralización del poder forma parte de todo este desafío que tiene la Convención Constituyente. De tal manera que, por ejemplo, no va a servir mucho tratar de equilibrar una serie de carencias en el ámbito del reconocimiento de los Derechos Sociales, sino se aborda el tema de la descentralización, profundamente a nivel nacional en el funcionamiento del Estado. 

-¿La sociedad chilena está preparada para realizar este itinerario?

-Creo que no suficientemente madura. Los partidos y la vida política no cumplen con las exigencias ciudadanas. Por otra parte, hay expectativas que pudieran no cumplirse por el sólo hecho de que nos rija un nuevo texto fundamental. Esperemos que ello no redunde en una situación de mayor crisis institucional. 

Por eso hay que estar muy atentos a lo que se puede significar un proceso de incertidumbre respecto a los propósitos de la nueva Constitución. Así, pasa a ser fundamental la tolerancia, la deliberación, la aceptación de la diversidad, en la construcción de un orden social deseable justo y pacífico. No debe olvidarse que la institucionalidad futura, para construirla y fortalecerla, se tiene que basar en una disputa democrática. Por ello, la falta de diálogo no puede frenar el avance de la construcción de la Constitución. Para eso también se han ido incorporando nuevas perspectivas, como la igualdad de género, que proviene y se afinca en la misma cultura democrática. El desafío de la Convención es trabajar sobre fundamentos superiores que nos deberán regir en una democracia constitucional futura. No podemos caer en una falta de confianza en cuanto a las posibilidades de que haya un consenso normativo, que es el gran desafío de la Convención.