Una vacuna que une a Chile

La primera lección es que nos necesitamos mutuamente y todo lo que hagamos o dejemos de hacer repercute en los demás. Lo segundo es que hay una relación directa entre nuestro comportamiento y nuestra salud y la de los demás. La tercera es que tenemos que aprender a cumplir la ley con más rigurosidad, a  estar siempre bien informados y a interesarnos por los demás.

El pueblo peruano está indignado porque algunas autoridades usando su poder se vacunaron antes que la población general. Seguramente llegaron a ello gracias al tráfico de influencia, al amiguismo y a promesas de todo tipo a quien saltara las reglas para vacunarlos. En estos casos siempre hay un corruptor y un corrompido. Muchas de esas personas tuvieron que renunciar a sus cargos porque si seguían, iban a tener el poder conferido, pero no iban a tener autoridad. Y una persona que tiene responsabilidad pública la puede cumplir adecuadamente sólo si tiene autoridad. 

Ese ejemplo nos debe hacer pensar mucho respecto de nuestros comportamientos y la urgencia de promover procesos educativos desde la más tierna infancia donde se respete la ley, se enseñe que es igual para todos y que las prevendas y los privilegios no tienen espacio en una sociedad que aspire a ser auténticamente democrática y justa.

En Chile se ha dado un proceso de vacunación ordenado y ampliamente comunicado. Se ha ido vacunando según las prioridades sanitarias independiente de la situación económica de las personas. Eso es un logro importante que no se suele dar en otras prestaciones médicas. Los adultos mayores se vacunaron primero y a todos nos inyectaron alegría, entusiasmo y ganas de vivir. Me emocionó cuando en un vacunatorio se cantó la canción nacional, dos personas con el dedo pulgar en alto decía, “vamos que se puede” y todos encontraban que “no les dolió nada”. 

La vacunación contra el coronavirus ha unido a Chile. Entre otras cosas porque nos abre una ventana de esperanza frente a un año devastador con más de 2 millones de muertos en el mundo y 16 mil en Chile. El sufrimiento ha sido horroroso desde todo punto de vista y tomará un tiempo recuperarse. Pero también nos ha dejado enseñanzas que bien atesoradas en el corazón nos pueden ayudar a vivir mejor y a ser más felices. 

La primera lección es que nos necesitamos mutuamente y todo lo que hagamos o dejemos de hacer repercute en los demás. Lo segundo es que hay una relación directa entre nuestro comportamiento y nuestra salud y la de los demás. La tercera es que tenemos que aprender a cumplir la ley con más rigurosidad, a  estar siempre bien informados y a interesarnos por los demás. En cuarto lugar la importancia de agradecer a quienes arriesgaron su propia vida por cuidar la de los demás. Por último aprender a valorar la fe  y lo que tenemos con más fuerza e intensidad, sobre todo a nuestra familia, a nuestros amigos, nuestro trabajo y nuestro entorno más carenciado y actuar en consecuencia. Después de todo, al menos es lo que yo comprendí, no es mucho más lo que se necesita para ser feliz.