Empoderamiento ciudadano y redes: Fuente Ovejuna hoy se expresa en un solo click

Dentro de la gran cantidad de análisis que se pudiera realizar sobre lo que ocurre en plataformas sociales, hoy, destaca cómo las personas, desde la civilidad, se organizan para ejercer ciertas presiones para generar cambios. Un fenómeno transversal en el mundo que, lentamente, está logrando sus frutos. 

Por Paulina Pérez

“Presidio perpetuo para Hugo Bustamante y Denisse Llanos” (padrastro y madre de Ámbar Cornejo, joven asesinada en la Región de Valparaíso); “Justicia para Antonia Barra”; “Plebiscito para declarar el Agua como un bien Nacional de Uso Público” o “Congelen el pago de créditos bancarios” fueron algunas de las demandas con más adhesiones del 2020 de la plataforma Change.org, portal global que canaliza en Chile las principales peticiones sociales que, además de visibilizar un problema, busca una solución definitiva mediante la presión grupal. La pregunta es: ¿esto es posible? El publicista y escritor Francisco Vidal Suil le otorga cierto valor. “El quehacer social está en una ruptura importante. La opinión ciudadana va más allá de lo político. Creencias, concepto de familia, forman parte de los criterios inherentes del ser humano, y los quiebres en esas bases suelen ser profundos. Y suelen marcar pautas, por ejemplo, a los medios de comunicación: marcan sus líneas editoriales y de quienes consumen estos contenidos, también. Eso no es menor”, dice.

Basta ver el reciente “caso Trump”, en que fueron bloqueadas de manera indefinida las cuentas de Facebook e Instagram al presidente de Estados Unidos tras la toma violenta del Capitolio por parte de manifestantes que lo apoyaban, a fin de evitar llamados a la violencia de parte de la primera autoridad de la potencia mundial. La medida, nunca vista en contra de un mandatario, con reacciones mundiales, hizo patente que las redes son “algo más que un compendio de amigos” o un espacio para ver videos virales y recetas.

El porqué de esta pasión 

El psicólogo y académico Cristóbal Castro desmenuza el fenómeno con dos miradas convergentes: desde la psicología social y desde la neurociencia. “Personas movilizándose por una causa, como lo muestra la historia, no es algo nuevo. Lo que es nuevo es verlas haciéndolo a través de redes sociales. Podría pensarse que es más fácil reunirse en directo, alrededor de una mesa, para tomar decisiones, pero hay algo particularmente atractivo en las redes que lo hace más interesante. Y, analizado desde la neurociencia, tenemos explicación de por qué eso sucede, y tiene relación con la forma como reacciona el circuito de recompensa del cerebro”, explica el psicólogo. “Cada vez que identificamos una conducta que podamos ejecutar, que libere ciertos neurotransmisores, vamos a tener tendencia a repetir esas conductas placenteras, desde fumar hasta jugar un video juego. En redes sociales, está estudiando que, el que le den “like” a una publicación que hacemos, o compartir una historia o contenido con otros, genera un sentido de grupo, de unión con personas que no necesariamente conocemos en vivo y en directo”, dice Castro.

“En redes sociales, está estudiando que, el que le den “like” a una publicación que hacemos, o compartir una historia o contenido con otros, genera un sentido de grupo, de unión con personas que no necesariamente conocemos en vivo y en directo”, Cristóbal Castro, psicólogo.

En ello, Instagram, Twitter, Facebook, todas tienen elementos de su interfaz que son muy semejantes, como es la opción de dar “like”, subir publicaciones, compartir historias, postear. “Son actividades que, a futuro, nuestro cerebro intenciona que las sigamos haciendo, y que incluso pueden llegar a ser tan adictivas como, cualquier otra droga”, advierte el psicólogo. Cristóbal Castro afirma que, desde la psicología social, hay dos características que permiten comprender el fenómeno: las personas, como seres sociales, necesitan la interacción, y durante toda su vida generan endogrupos (a los que pertenece, y con los que se identifica) y exogrupos (aquellos totalmente ajenos, de descarte). “Participar de ciertos endogrupos construye nuestra identidad social”. Y en redes, la sensación de que estos “movimientos” son endogrupos, es profunda. “Cuando en un debate detectamos la opinión diferente de alguien, no sólo la percibimos como una diferencia específica, sino, inmediatamente, y por una compleja economía mental, la asumimos totalmente distinta a lo que podría realmente ser, lo que nos hace más proclive a caer incluso en ataques personales, que es lo que uno más encuentra en redes sociales, cuando interactúa y debate en temas controversiales”, reflexiona el experto.

Inmediatez, comodidad y poder

Para el psicólogo Cristóbal Castro, en lo operativo, es cómodo tener dispositivos a mano (Tablet, Pc, celular) para acceder en un click a las redes sociales, desde donde sea. “Pero también es escondidamente cómodo, porque puedes entrar a las redes sociales, opinar lo que quieras y no necesariamente hacerte cargo de tus opiniones”, narra. Y en ello concuerda Lucas Serrano Barraza, cientista político y director de Administración Pública Advance de la Universidad San Sebastián. “Tiene que ver con el dominio de la información. Muchas personas sienten recelos de que los medios de comunicación sean controlados por grandes grupos económicos, o incluso por el Estado, y miran con buenos ojos la información contenida en las redes sociales, al parecer, no tan “contaminada”. Aunque igual eso no es tan así. Hay una responsabilidad editorial que tienen los medios de comunicación establecidos que no lo tienen los de las redes sociales, con mucho contenido falso y del que nadie se hace responsable”, advierte el profesional.

¿Pueden cobrar poder grupos constituidos a través de las redes? Lucas Serrano cita el libro “El Yo Saturado”, de Kenneth J. Gergen, en el que se menciona, a grandes rasgos, las características que se cumplen en un individuo para formar su identidad. “El autor explica cómo influye en esto la tecnología; en el siglo pasado, las personas tenían la capacidad de formar una identidad social que dependía estrictamente con la cantidad de personas con las que se pudiese relacionar, y de la tecnología de la época, o sea, la invención del teléfono. Y antes del teléfono, nos comunicábamos más con quienes vivían cerca de nosotros, estando territorialmente limitados. La tecnología actual hace que la cantidad de personas con las que nos podemos relacionar es prácticamente ilimitada, y estos vínculos pueden ser tan significativos como los vínculos que se establecen con otros, presencialmente”, cuenta Serrano. ¿Pueden llegar a tener la misma importancia estos grupos que los “presenciales”? Y la respuesta es “sí, porque hay otras características de los grupos que son más importantes que la presencialidad como, por ejemplo, la coherencia, que se comparta la misma línea de pensamiento, se opine lo mismo respecto a un punto, o la cohesión”, manifiesta.

“Está la idea de que los movimientos sociales que surgen hoy son espontáneos, pero no es tan así”, aclara Francisco Vidal. “Se visibilizan de un día a otro, pero son procesos y cambios que se han ido gestando lentamente. Es ahí donde, para mi gusto, debiera estar la mirada hacia estos fenómenos”, establece, criticando la miopía de la sociedad toda al respecto. “Faltó reflexión; se debió sintonizar con los propósitos de las personas, que terminaron por desencantarse con los modelos convencionales de hacer sociedad”, lamenta. E identifica la convergencia de una serie de variables: la “visión de mundo” de las autoridades, que no sería más que una mala interpretación; el quiebre de esas creencias y las soluciones que ofrece la propia gente. “Algo está pasando, y las instituciones deben trabajar por conocer hacia dónde va el mundo, y no sólo desde la crisis. Recomiendo la existencia de observatorios, estudios que incorporen tecnologías y los mismos lenguajes de la población, y consideren un consenso más ampliado”, propone.

“Las redes dan espacio a todos, y también a grupos pequeños, menos representativos o más “marginales. El sumarse a ellos potencia una sensación de camaradería que hace que los mismos integrantes sientan que tienen una fuerza mucho más grande, pese a su poca representatividad”, Lucas Serrano, cientista político USS.

¿Por qué se da, entonces, esta desavenencia entre la autoridad y la “gente”? “La autoridad llega muy tarde a la realidad. Por décadas se olvidaron los criterios, no podemos quedarnos sólo en la estadística: la estadística debe hacerse “viva”, con diagnósticos que hay que gestionar, periódicamente”, aconseja Vidal. Hoy es tiempo importante para observar. Es un error analizar sin observar; la agenda debe incorporar a todos los actores. Se está operando desde una “normalidad” que no es tal, porque existe un factor inmediatez que nos expone totalmente, y ya no hay tiempo de desmentidos o disculpas”, precisa el publicista.

¿Y qué pasa con la intencionalidad de pequeños grupos de poder? “Las redes dan espacio a todos, y también a grupos pequeños, menos representativos o más “marginales”, refiere Lucas Serrano. “El sumarse a ellos potencia una sensación de camaradería que hace que los mismos integrantes sientan que tienen una fuerza mucho más grande, pese a su poca representatividad: las redes sociales pueden dar pulsómetros o batómetros que estén totalmente alejados de la realidad”, sostiene. “Muchas veces estos grupos logran generar tendencias debido a un montón de algoritmos. Pero ojo, que algo sea trending topic no quiere decir que la mayoría piensa así”, afirma Serrano.