Fortalecer los cuidados paliativos

Nicolás Saá Muñoz

Académico Facultad Medicina UCSC


Ante la aprobación de legislar sobre la eutanasia en Chile por parte de la Cámara de Diputados, es necesario abogar por un fortalecimiento de la red de cuidados paliativos y alivio del dolor por cáncer avanzado que se funda en la garantía GES del Minsal. La eutanasia no es un cuidado paliativo, es más, empobrece y es un freno para este tipo de cuidados enraizados en el “medeos” del actuar del agente de salud, el cuidar al otro, el hacerse con su dolor, con su sufrimiento, que no es sólo individual, sino también de su grupo familiar y de toda la sociedad.  

Insisto en el modelo de Simón de Cirene. Los cuidados paliativos deben empoderarse y reclamar más recursos en su implementación para aumentar su cobertura (cuidados paliativos no oncológicos), calidad en la atención (mayor capacitación a sus equipos), reclutamiento de más profesionales para conformar unidades amplias e interdisciplinares para llevar tranquilidad y consuelo a miles de familias que sufren la incertidumbre de vivir una enfermedad catastrófica y muchas veces solitaria en apoyos.  

La eutanasia cercena el principio fundante de la sociedad que es la vida. Se pierde la sacralidad de ésta ya que se asume una sociedad materialista y cientificista, carente de sentido, teatro del absurdo, vaciada de trascendencia

Norbert Elias, sociólogo alemán de origen judío, nos habla del “homo clausus” como individuo aislado en la actual sociedad hipermoderna que enfrenta la muerte como un ser no relacional, aislado de todo y de todos. Ya como sociedad hoy vemos la muerte como un fenómeno anómalo, casi antinatural, más con un diagnóstico de una enfermedad sin solución terapéutica total (porque paliativa sí la tiene), este aislamiento se lleva al extremo con toda su carga emocional, física, psicológica y económica, que lleva a un extravío y el no saber cómo actuar. Por eso ahora es cuando es más necesario fortalecer los cuidados paliativos en nuestro país, para que ese extravío, ese no ver consuelo alguno en forma diaria, sea cada vez menor en un país que nos creemos y queremos ser más solidarios y menos desiguales.  

La eutanasia no es la respuesta, más con todas las problemáticas que se asocian a ella. Esta contraviene el ethos médico que es el preservar la vida y mejorarla. ¿Cómo los agentes sanitarios enfrentarán esta evidente contradicción? También la eutanasia cercena el principio fundante de la sociedad que es la vida. Se pierde la sacralidad de ésta ya que con la eutanasia se asume una sociedad materialista y cientificista, carente de sentido, teatro del absurdo, vaciada de trascendencia.  

Ya Aristóteles declara frente a esto: “No se puede suprimir la propia vida porque sería atentar contra la polis”. He aquí el ser relacional que es la persona en la sociedad, no es una isla entre islas, sino un parte constituyente del flujo de individuos que es el cuerpo social. También el concepto de la “pendiente resbaladiza” es controversial. Este trata en una liberalización de las restricciones en un principio estrictas sobre eutanasia al pasar el tiempo y la apertura de esta práctica para fines no contemplados en un principio. Por estos argumentos es necesario discutir y situar los cuidados paliativos como “la” respuesta ante un ser que sufre y no encuentra respuestas y no la muerte aplicada por un agente sanitario, como acto reflejo ante la necesidad de paliar el dolor y sufrimiento de la persona.