Aprendiendo a estar en paz con la pérdida

Según la Organización Mundial de la Salud, casi dos millones de personas han fallecido a la fecha producto del covid-19 en todo el mundo. Muchas familias están sufriendo la pérdida de sus seres queridos, pero ¿cómo ayudarles? ¿qué es lo normal en este proceso? 

Por Camila Mennickent


Si bien la muerte es parte de nuestra vida, pareciera que en pandemia nos rodea más que nunca, ya que es fácil contagiarse y contraer la enfermedad, muchas veces, trae consigo un pronóstico incierto y un desenlace fatal. Este escenario puede ser repentino, y como tal, puede que no siempre estemos preparados para enfrentarlo.  

Además, en nuestra sociedad no solemos conversar acerca de la muerte. Sobre esto el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción y psiquiatra infanto-juvenil, Dr. Mario Valdivia Peralta, señala que, en general, la cultura judeocristiana es muy mala para hablar de dos cosas trascendentales y obvias en la vida de los humanos, “que somos producto de la reproducción y que nos vamos a morir”.

“No estamos hablando de generar una cultura de alabar a la muerte o de buscarla, sino sencillamente de entender que la muerte es parte de nuestra existencia”, explica. Por tanto, “hay que ser capaces de generar una relación un poco menos conflictiva con ella”. 

Más que la muerte de alguien

De acuerdo al Dr. Valdivia y a la psicóloga infanto-juvenil, Danitza Matus Lastra, el duelo se define como la pérdida de alguien o algo significativo. Bajo esta definición, el también decano afirma que a lo largo de la vida hay “pequeños duelos”, debido a los cambios que ocurren. Por ejemplo, al egresar del colegio, hay una pérdida de actividades, de amistades, o al perder un trabajo, muchas veces, se deja una identidad. En consecuencia, existe una pérdida “que debe ser asumida”.

Respecto a los síntomas del duelo, los profesionales aseguran que son similares a los de una depresión: falta de ánimo, problemas en la alimentación y el sueño, problemas de concentración, sentirse incapaz de disfrutar, entre otros. El Dr. Valdivia indica que, en teoría, éstos normalmente duran de dos a tres meses, sin embargo, enfatiza en que cada persona tiene sus tiempos y sus formas. Es preocupante, según ambos profesionales, cuando la persona se ve incapacitada para continuar, es decir, cuando afecta su vida diaria.

“No estamos hablando de generar una cultura de alabar a la muerte o de buscarla, sino sencillamente de entender que la muerte es parte de nuestra existencia”

Dr. Mario Valdivia, decano Facultad de Medicina UdeC

Si bien los síntomas pueden durar ese periodo de tiempo, aquello no significa que la pena se vaya. Ésta puede durar años. De hecho, según el académico, “una de las cosas que se trabaja terapéuticamente en los duelos es cómo yo incorporo la pena como una emoción normal”. 

El Dr. Valdivia aclara que “también uno puede elaborar duelos por pérdidas de seres que son significativos y que ya no están como estaban, un tema que antes no se hablaba mucho porque la gente no llegaba a esas edades”, refiriéndose, por ejemplo, a la demencia. 

El shock, la negación, la rebeldía y el asumir, son las fases del duelo que el psiquiatra menciona como “teóricas”, ya que varían de una persona a otra y no son lineales. De acuerdo al experto, “uno plantea que el duelo está elaborado cuando yo logro recordarme de una persona que ya no está, sin que eso implique una crisis para mí. Entonces uno puede decir “estoy en paz con la muerte de esa persona””.

De acuerdo a la psicóloga infanto-juvenil, Danitza Matus, lograr lo anterior depende mucho de la persona que lo viva, ya que el entorno, las circunstancias y las herramientas que tenga, influyen en la forma de ver y sobrellevar la situación. Parte de “estar en paz”, es la consecuencia de “resignificar la perdida”, comenta. Sin embargo, enfatiza en que no por eso se dejará de llorar a la persona.

Duelo en pandemia

Fuera del contexto sanitario actual, lo usual ante el fallecimiento de alguien, es realizar un velatorio y un servicio fúnebre. Estos ritos ayudan a procesar la partida del ser querido, a “despedirlo”. Sin embargo, debido a la pandemia muchas veces por protocolo covid, ésto no puede llevarse a cabo y, en otros casos, el cuerpo no puede ser entregado a la familia, lo que, según la psicóloga Matus, dificulta el duelo. 

“Normalmente en el duelo se da mucho la sensación de soledad y desesperanza, entonces lo que suele ayudar a la persona para poder seguir o avanzar en este momento de dolor, son las personas que te rodean”, explica la profesional. Este apoyo presencial se ha perdido en pandemia, debido a las prohibiciones sanitarias. No obstante, Matus afirma que eso no significa que la persona fracasará en su proceso de superar la pérdida.

Según la psicóloga, en momentos de tristeza y dificultad es cuando la red de apoyo se debe activar. Así, si bien no hay contacto físico, éste puede “reemplazarse” por otras formas de acompañamiento, como son las llamadas constantes, el enviar ciertas cosas a domicilio o realizar visitas con los permisos pertinentes. “Todo eso puede ayudar a las personas a elaborar mejor la situación y poder sobrellevarla”, recalca.

Matus sostiene que la culpa y la frustración están presentes en los deudos de muertos por covid-19 y accidentes, ya que se piensa que se pudo haber hecho algo para evitar el deceso. 

“La culpa seduce rápido y después no deja vivir en paz”, señala el padre César Bello, ex capellán del Hospital Regional de Concepción, y actual capellán de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.

En su experiencia acompañando a enfermos terminales, a familiares de ellos y a sus cuidadores, el sacerdote ha visto cómo la culpa a la larga es muy negativa. Producto de ella, “la persona vive en una cárcel emocional y espiritual. Y si no tiene un buen acompañamiento psicológico, espiritual y emocional, la persona se puede quedar enclaustrada en un proceso que es autodestructivo”, asegura. 

Respecto a esta compañía en tiempos de pandemia, detalla que “ha sido un tiempo bien ajetreado donde los instrumentos tecnológicos han tenido que volver a colocarse en el centro, para ser lo que siempre debieron ser, instrumentos de bienestar para los demás”.

En este marco, Bello comenta que han organizado videollamadas para realizar misas fúnebres con familias en duelo, lo mismo para conversar o simplemente acompañar de manera virtual a quien lo necesite. 

“La espiritualidad viene a dar una fortaleza grande, una esperanza que ninguna otra instancia nos puede otorgar, que es la esperanza de la vida eterna”

Pbro. César Bello, capellán Facultad Medicina UCSC

En casos en que las familias no han logrado despedirse de su ser querido que falleció, el capellán explica que existen “ritos curativos” como, por ejemplo, escribir cartas, donde la persona pueda expresar lo que siente que quedó pendiente. 

Por otro lado, aún en tiempos de covid-19 está permitido realizar la confesión y la unción de los enfermos cuando la persona no ha muerto, pero se mantiene hospitalizada. Es decir, en caso de que el afectado lo necesite, puede solicitar que un sacerdote acuda al hospital para que realice estos ritos con él. Los que “dan una paz tremenda a la persona”, dice.

“La espiritualidad viene a dar una fortaleza grande, una esperanza que ninguna otra instancia nos puede otorgar, que es la esperanza de la vida eterna”, explica Bello y agrega que “aunque todos los problemas del mundo estén presentes, éstos van a acabar un día. El único eterno es Dios, y los problemas tienen sus días contados”.

Resignificar la pérdida

Sobre los duelos que ha dejado la pandemia, el Dr. Valdivia indica que hay que estar más atentos a las necesidades de los deudos de alguien que murió en estas condiciones, acompañarlos más, ya que su duelo presenta mayor dificultad. Ello involucra a todo el entorno de la persona, desde los familiares y amigos hasta el jefe, ya que “la salud es responsabilidad de toda la comunidad, no solamente de los profesionales de salud mental”.

“Uno debe intentar tener una vida plena (…) cosa que cuando la persona que tu quieres ya no esté, sientas la pena de la ausencia, pero no el dolor de la deuda”, concluye el psiquiatra. 

En tanto, la psicóloga Matus piensa que hay que darle otro significado a la muerte, reflexionar qué nos deja la persona y “rescatar lo que enseñó, incluso si la persona fue mala con uno, me enseñó lo que no debo hacer”. A veces para esto se necesita ayuda.

Ambos profesionales enfatizan la importancia de validar las emociones, de conversar el proceso y no hacer “como que nada ha pasado”. Al contrario, hablar y resignificar la situación, es decir, no quedarse sólo con la tristeza, sino también con lo vivido y aprendido producto de la relación con la persona.