Descubrir lo realmente importante

A pesar de todo lo doloroso que ha significado esta pandemia, no olvidemos que Cristo el Señor está con nosotros y que, por lo mismo, nada hemos de temer


Han sido tiempos difíciles. Cada uno de nosotros ha vivido muchas emociones y penas, así como pérdidas de toda índole y frustraciones.

La pandemia, de forma abrupta y dramática, nos ha cambiado la vida, las relaciones familiares, laborales y sociales. Lo hizo sin previo aviso y nos convertimos todos, rápidamente, en aprendices del complejo oficio de vivir junto al Covid 19. 

Con todo, aunque las formas de celebrar cambien, nadie nos puede arrebatar la alegre certeza de sabernos profundamente amados por Dios. En efecto, cada año volvemos a celebrar el regalo más grande anunciado por el Ángel a los pastores: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”. (Lc 2,10- 11).

Es el mismo Dios, Jesucristo, que con su encarnación en la Virgen María, por obra y gracia del Espíritu santo, y su nacimiento, habita en medio de nosotros. ¡Y para siempre!

“A pesar de todo lo doloroso que ha significado esta pandemia, no olvidemos que Cristo el Señor está con nosotros y que, por lo mismo, nada hemos de temer”

Dios quiera que, mirando a Jesucristo esta Navidad, podamos comprender la grandeza de nuestra vida y la infinita dignidad de cada ser humano. 

Dios quiera que, mirándolo a Él, podamos descubrir qué es lo realmente importante en la vida, y qué no lo es. Pidámosle a Dios que nos regale con su venida la suficiente sabiduría para comprender que las personas son más importantes que las cosas, que los bienes y nuestro ser están al servicio de los demás, y que trabajar para lograr una comunidad más fraterna y justa es la manera de imitar a Jesucristo. 

Dios permita que esta Navidad el Señor nos colme del don de la humildad, de la verdadera alegría y de la capacidad de ver en todos los acontecimientos la mano providente, poderosa y misericordiosa de Dios.

Que nada ni nadie nos impida admirarnos de su presencia en nuestras vidas y vivir con fe, esperanza y caridad cada segundo de nuestra frágil existencia. 

A pesar de todo lo doloroso que ha significado esta pandemia, no olvidemos que Cristo el Señor está con nosotros y que, por lo mismo, nada hemos de temer. 

Con esta confianza, en esta Navidad, pidamos la gracia de que siempre haya un himno de alabanza en nuestro corazón, en nuestra boca, en nuestra familia y comunidad, así podamos ser un regalo para los demás.

Les deseo también un año 2021 sereno, rodeado de las personas que quieren, con trabajo, sanos y alegres. 

Pido que, bajo el amparo de la Virgen María, Dios los bendiga y los cuide, que su manto de misericordia los abrigue y su ternura les sane todas sus heridas.