Pueblos originarios: un reconocimiento pendiente

Para intelectuales y dirigentes de los pueblos originarios de Chile, la nueva Carta Fundamental que se elaborará debe contemplar, en su redacción y contenidos, la participación y reconocimiento de los pueblos indígenas que habitan nuestro país.

Por Pacián Martínez


Uno de los temas que ha adquirido particular relevancia para una coexistencia justa, respetuosa y armónica con los pueblos originarios de nuestro país es su reconocimiento constitucional, es decir, que la Carta Fundamental plantee a Chile como un país plurinacional, en el que se establezca la existencia de distintos pueblos dentro de un mismo Estado, y exista una descentralización política y administrativa, que permita la participación de diferentes culturas y puntos de vista en la toma de decisiones.

En Chile existen nueve pueblos indígenas reconocidos por el Estado: Mapuche, Aymara, Diaguita, Atacameño, Quechua, Colla, Rapa Nui, Kawésqar y Yagán. Los pueblos originarios, de acuerdo al Censo de 2017, representan un 12,8 % de la población nacional; es decir, 2.185.792 personas dicen pertenecer a algunos de estos pueblos. De ellas, un 79,84% adscriben al pueblo mapuche. Nuestro país es el único a nivel latinoamericano que no reconoce en su Constitución a los pueblos primigenios, lo que ha provocado distintos problemas y dificultades a través de la historia, especialmente en lo relativo a los derechos territoriales.

De acuerdo al histórico dirigente lafkenche y alcalde de la comuna de Tirúa, Adolfo Millabur, un reconocimiento del pueblo mapuche en la Carta Fundamental implicaría subir un peldaño más en la larga lucha que han librado por sus legítimos derechos.

“Nos gustaría que la nueva Constitución que se va a elaborar reconozca a Chile como un Estado plurinacional, con relaciones interculturales, lo que en la práctica sería aceptar lo que somos como país. Y cuando hablo en estos términos, no me refiero a la redacción de un determinado artículo o apéndice, sino que a la creación de una matriz de convivencia”, recalca Millabur.

“Hemos sido marginados por 200 años, lo que revela el hábito endémico de excluirnos. Siguen pendientes muchas tareas, como la recuperación, protección y autonomía de nuestro territorio”

Adolfo Millabur, alcalde de Tirúa.

Para el dirigente es fundamental que en la elaboración de una nueva Constitución Política estén representados, en la proporcionalidad justa, los pueblos originarios, asunto que está actualmente en discusión en el Parlamento. “Nosotros, los mapuches, podemos ser un aporte inmenso a este país en temas sociales, económicos y medioambientales. Tenemos 14 mil años de historia, signados por una relación armónica y respetuosa con la naturaleza. Por eso hemos planteado, junto a la Asociación de Municipalidades con Alcalde Mapuche (AMCAM) y decenas de organizaciones más, que existan 20 asientos para representantes de pueblos indígenas en la Convención Constituyente, con paridad de género y proporcionalidad en la distribución de escaños. En esta instancia, cada pueblo originario debiera tener por lo menos un representante”, señala.

Recientemente, la Comisión de Constitución del Senado reservó 23 escaños para miembros de pueblos indígenas, que se suman a los 155 contemplados para la redacción de la nueva Carta Magna. 14 de ellos debieran corresponderle al pueblo mapuche. La decisión debe ser ratificada por la Sala de la Cámara Alta y seguir su trámite en el Parlamento.

No es la última batalla

El alcalde tiruano es claro en afirmar que la lucha por los asientos en la Convención Constituyente no es la última batalla que están destinados a librar. “Hemos sido marginados por 200 años, lo que revela el hábito endémico de excluirnos. Siguen pendientes muchas tareas, como la recuperación, protección y autonomía de nuestro territorio. No son materias que sólo nos incumben a nosotros, sino que representan una oportunidad que debe darse Chile para acoger la diversidad, que es una de sus características fundamentales”, explica.

Respecto de la postergación y violencia sufrida a través de los años, enfatiza que “han sido conductas propias del pueblo chileno, y no de los españoles, como algunos historiadores quieren hacernos creer. Tuvimos 300 años de guerra y paz con España, período que culmina con el Parlamento de Tapihue, que nos reconoce soberanía desde el Río Bío-Bío al sur. Sin embargo, la mal llamada Pacificación de la Araucanía, que comenzó en 1861, fue un cruel genocidio de nuestro pueblo, que significó usurpación de territorios y empobrecimiento general de nuestra gente. Ese fragmento de la historia ha sido tergiversado hasta el cansancio, incluso por historiadores con amplia tribuna en los medios. Hoy se tiene acceso a otras fuentes de información, y deberán ser los grupos de la élite dominante los llamados a dar explicaciones veraces sobre lo que realmente ocurrió”, dice.

Millabur, quien fue el primer alcalde mapuche en la historia de Chile, en 1996, es prudentemente optimista respecto de lo que se avecina para nuestro país. “El estallido social se caracterizó por el protagonismo de los jóvenes; ciertamente sin liderazgos claros, pero con una mirada más profunda del Chile real. Aparece la bandera mapuche, la wenüfoye, que nos obliga a mirar la patria morena y el alma más profunda de este país. No es una mirada eurocéntrica, monocultural, ni orgullosa del falso espejismo del éxito que obnubiló a Chile por largo tiempo, sino que otra más abierta al debate y la aceptación de la diversidad cultural. Nosotros, los mapuches, queremos contribuir a crear ese país nuevo, no desde el resentimiento, sino que desde la instalación de nuevos paradigmas, que enriquezcan el diálogo y la convivencia”, culmina.

El papel de la mujer indígena

Gloria Callupe Rain es trabajadora social, académica, candidata a Magíster en Desarrollo Humano y dirigenta de la comunidad Bartolo Nahuelpán, de Lumaco. Para ella, el triunfo del Apruebo también abre una puerta de esperanza y luz para establecer nuevas reglas de convivencia. “En la actualidad, al no estar reconocidos constitucionalmente, no somos sujetos de derechos. Se nos sigue viendo como a minorías, a las que hay que proteger y tutelar. Lo que debe hacerse es reorganizar completamente el sistema político chileno; es decir, otorgar autonomía y autodeterminación a los pueblos originarios. Nosotros poseemos una estructura y figuras ancestrales, que son fundamentales dentro de nuestras creencias y la espiritualidad que cultivamos. Todos estos elementos deben ser incorporados al modelo imperante”, asevera.

Agrega que lo anterior “no se traduce en crear un Estado bajo otro Estado, sino que cedernos el derecho legítimo a decidir lo que queremos hacer y cómo pretendemos realizarlo. Hoy existe una lógica de mercado, que nos es ajena, pues no se relaciona con nuestra cosmovisión, ni con la vida que llevamos en las comunidades. Esa economía de subsistencia, que es tan propia de nuestro pueblo, se aleja de los paradigmas extractivistas y de acumulación de riqueza, que caracterizan a gran parte del mundo occidental”.

“En Concepción, las asociaciones indígenas están lideradas por mujeres, lo que constituye un hecho muy revelador, pues la sociedad mapuche no ha estado al margen del machismo dominante en nuestro país”

Gloria Callupe Rain, dirigenta y académica mapuche.

La investigadora dice que en estos cambios, las mujeres están llamadas a jugar un papel trascendental. “Si observamos las marchas, éstas son encabezadas por mujeres con convicciones muy claras y con la fuerza y energía para pedir la voz. En Concepción, por ejemplo, las asociaciones indígenas están lideradas por mujeres, lo que constituye un hecho muy revelador, pues la sociedad mapuche no ha estado al margen del machismo dominante en nuestro país”, comenta.

“El participar en la elaboración de una nueva Constitución y ser reconocidos en ella nos dará la oportunidad de apartarnos de estigmas injustos, que nos asocian con la violencia y el terrorismo. Los mapuches somos un pueblo dialogante, lo que se da incluso en quienes abrazan opciones más radicales. Nuestras demandas, que son compartidas en sus aspectos primordiales por todos los pueblos originarios de Chile, apuntan a descentralizar las decisiones, respetar las diferencias, y otorgarnos la representatividad que merecemos”, finaliza. 

El trabajo de las agrupaciones urbanas

Cecilia Collío Llanquileo es oriunda de la zona de Metrenco, ubicada en Padre Las Casas, lugar donde recientemente murió baleado, el joven carabinero Eugenio Nain Caniumil. Actualmente es presidenta de la agrupación mapuche Pewun Kimün, de Los Ángeles, desde donde ha seguido con gran interés el debate parlamentario destinado eventualmente a reservar escaños a los pueblos originarios en la Convención Constituyente. 

La dirigenta asegura que las agrupaciones urbanas del Bajo Biobío han desplegado un trabajo articulado para educar a la población; primero, en lo relativo al Plebiscito de octubre; y luego, en los pasos constitucionales imprescindibles para lograr un reconocimiento de todos los pueblos originarios del país, con los que, aclara, comparten objetivos comunes. “Nosotros somos un pueblo pacífico, que desea ser integrado al desarrollo de Chile. Hace unos días vimos cómo en Nueva Zelanda se nombró a una mujer maorí como canciller. En nuestro país definitivamente falta mucho para que seamos incorporados plenamente, por ejemplo, al Ministerio de Cultura, que debiera acoger la inmensa diversidad de nuestra sociedad”, enfatiza.

Argumenta que el estigma de caracterizarlos como personas violentas, e incluso terroristas, obedece a la perpetuación de los intereses de una oligarquía que no ha vacilado en apropiarse de tierras y recursos naturales, aprovechando la ignorancia y el analfabetismo de los ancestros mapuches. “No obstante, nuestros sueños, pese a las heridas abiertas que tenemos, no surgen desde la inquina hacia el pueblo chileno, sino que apuestan, con el corazón limpio, a un futuro mejor para todos”, indica.

Una reflexión que comparte Adolfo Millabur, cuando expresa, parafraseando al ex presidente uruguayo José Mujica, que “en nuestro jardín, los mapuches no cultivamos el odio”.