Duelo neo y perinatal: el dolor críptico que muy pocos comprenden

Se pierde un hijo, pero también se incumple una promesa: se trunca un amor infinito hacia alguien que, en no pocos casos, nunca se vio en la vida. La única foto que queda es una ecografía. Sin duda son vivencias acotadas que sólo logran dimensionar en su totalidad quienes la han vivido.

Por Paulina Pérez


“Yo sabía que, con 41 años, y pese a tener ya dos críos, era vieja para volver a engendrar. Pero ocurrió. Doce semanas alcancé a tener a este hijo en mi útero, porque en la semana diez, la primera ecografía, el médico dijo que el feto no estaba creciendo mucho. Ya en la sesión siguiente, no había signos vitales. Entonces me intervinieron. Fue una experiencia que nos devastó emocionalmente, a todos, pese a que sabíamos que un embarazo a los 41 era de riesgo”, recuerda A.O.U. “Me explayé mucho por las redes sociales, especialmente por Facebook. No me arrepiento, porque fue muy sanador. Sin embargo, mi círculo de amigos reaccionó de una manera más bien inesperada para mí. No quiero decir que percibí indolencia, pero sí falta de comprensión. Consejos como “bueno, gracias a Dios tienes otros hijos”… o “Más terrible hubiese sido que lo hubieses visto, o conocido, y que se hubiese muerto después”… fueron muchos de los “pésames” que recibí. Y ahí me di cuenta de que, este duelo, es muy diferente, y que sólo logran sintonizar contigo quienes lo han vivido, de cerca o en primera persona”, expresa la periodista.

¿Qué tan distinto es? “Es diferente, porque es un duelo invisibilizado”, señala Magdalena López, psicóloga del Programa “Contigo en el Recuerdo”, del Parque del Recuerdo. “Al entorno de la pareja le cuesta entender, porque no tuvieron experiencias con el bebé, de que para los padres es una vivencia muy dolorosa, y por lo mismo, no validan ese sufrimiento. No les entregan contención emocional y no hablan de lo sucedido, por lo que los padres, en especial las madres, comienzan a vivir su duelo en silencio. Son frecuentes los sentimientos de inadecuación social, de aislamiento, frustración y soledad”, establece la profesional, autora, junto con Parque del Recuerdo, de los libros “Abrazos Infinitos”, que buscan apoyar a niños en duelo y a familias que han debido sobrellevar una pérdida neonatal y perinatal.

“Debemos recordar que, frente a una experiencia de este tipo, se suman muchas más pérdidas, como la posibilidad de convertirse en padre o madre; de cumplir con ese rol, si se trata del primer hijo; se afecta la composición familiar y la proyección de futuro, y la pérdida de la inocencia con respecto al embarazo y al parto, al poder mencionar a ese hijo y la posibilidad de crear recuerdos”, agrega López. ¿Cómo regresar a la cotidianeidad? La psicóloga recomienda abrir espacios para poder hablar libremente de lo sucedido, de las emociones involucradas y también de los miedos, a otro embarazo fallido, a no poder convertirse en padres, a ser abandonados por la pareja, “y que se les reconozca en su rol parental. Esa experiencia sí existió, ese hijo/a está dejando una huella en su historia de vida y en su identidad y, por lo mismo, sí se le debe dar la importancia que conlleva”, enfatiza la experta del Programa “Contigo en el Recuerdo”.

“Los duelos silentes o prohibidos desencadenan procesos complejos y dolorosos. Por eso debemos, a toda costa, abrir el espacio de escucha activa, sin juzgar ni apurar el duelo” 

Magdalena López, psicóloga del Parque del Recuerdo.

“Los duelos silentes o prohibidos desencadenan procesos complejos y dolorosos”, advierte López, quien cuenta con más de 16 años de experiencia clínica. “Por eso debemos, a toda costa, abrir el espacio de escucha activa, sin juzgar ni apurar el duelo. Sin frases de consuelo, porque no las hay. Comentarios como “tendrás otro bebé”, “mejor antes que después”, “tienes un angelito que te cuida”, no son de gran ayuda. Sólo escuchar, validar y recordar que un abrazo es la mejor de las contenciones”, acota. 

Cómo comenzar a sanar

¿Qué hacer con los recuerdos, si los hubiese? “Mi consejo es crear una caja de recuerdos con todas las pertenencias o registros del bebé, ecografías, algunas prendas adquiridas o regaladas o los registros del parto, todo lo que ayude a recordar la experiencia ya que, aunque en el momento es dolorosa, al lograr elaborar el duelo las parejas, a lo largo del tiempo, la recuerdan con mucho amor. Como no se crearon recuerdos con el mismo bebé, son estos objetos los que representan la experiencia de su existencia que, aunque fue fugaz, sí estuvo presente”, manifiesta la psicóloga Magdalena López, quien también recomienda donar a una fundación o personas escogidas el resto de las pertenencias. 

“La mujer que sufre una pérdida reproductiva debe abordarse en forma integral y multidisciplinaria, tomando en consideración toda la dimensión humana, biológica, psicológica, social, y espiritual”, señala Jonathan Vásquez Barros, matrón, presidente de COMPIN Concepción en la Subsecretaría de Salud Pública. “Hay aspectos vitales que considerar relacionados a la gestación, como establecer si el embarazo se produjo en útero o fuera de él, aspectos que llevarán al equipo de salud a tomar decisiones y acciones clínicas relacionadas al manejo y prevención de hemorragias, infecciones y complicaciones relacionadas al sistema reproductor y procesos de reproductivos futuros. En el caso de gestaciones más avanzadas, se debe asistir el proceso de supresión de la lactancia”, aclara.

Y la atención no debe ser única de la mujer: es a toda la familia, como una unidad. “Se debe establecer un abordaje integral, competente en la técnica, muy humano y con sentido de trascendencia, enfocado a la mujer y a todo el núcleo”, complementa Vásquez. “Las personas podrían incluso olvidarse de nuestros nombres al realizar una intervención, pero jamás de cómo los hicimos sentir en momentos tan duros. Siempre recordarán que fueron padres con “brazos vacíos”, e incluso conmemorarán ese día. La “idea del hijo”, previa al nacimiento, los acompañará para toda la vida, y deberán acuñar y otorgar significado a esa experiencia. Nuestro rol es apoyarlos y encaminar sus primeros pasos a un reencuentro con la vida, su significado y sentido de trascendencia”, afirma el matrón.

Alcances legales

Para el legislador, en Chile son “personas” todos los individuos de la especie humana, cualquiera que sea su edad, sexo, estirpe o condición, que necesariamente deben, legalmente, nacer. “Los denominados “mortinatos”, esto es, nacidos muertos, se reputan inexistentes, según lo dispuesto por el legislador en el Código Civil”, explica el abogado Jorge Licanqueo Calfiqueo. “Conforme al inciso segundo del artículo 74, la existencia legal de toda persona comienza al nacer y, consecuente, el mismo establece que la criatura que muere en el vientre materno, o que perece antes de estar completamente separada de su madre, o que no sobrevive a la separación un momento siquiera, se reputará no haber existido jamás”, agrega. 

Esto trae consecuencias legales ya que, considerándose inexistente, la criatura no podrá entrar en goce de los derechos que se le reconocen a cualquier persona por el sólo hecho de ser tal, que forman parte de la personalidad y entre los cuales se encuentra un nombre, el estado civil, un domicilio o un patrimonio, entre otros. De esta forma, los mortinatos no se inscriben ni en el registro de nacimientos ni en el de defunciones. “Sin embargo, la situación ha sufrido una gran modificación, a raíz de la dictación de la Ley 21.171, conocida como “Tu nombre es mi recuerdo”, que creó el “Registro Nacional de Mortinatos”, que permite, precisamente, otorgar un nombre al bebé fallecido”, comenta el abogado Licanqueo. La Ley, impulsada por el Colectivo de Identidad NN, surgió para que padres y familias pudiesen transitar por un duelo respetado, a fin de visibilizar la existencia de ese hijo o hija que falleció. 

¿Por qué se produce la muerte intrauterina?

Jonathan Vásquez Barros aclara algunos conceptos sobre “muerte fetal”, término empleado cuando el hecho es posterior a las 13 semanas de gestación. “Es la ausencia de cualquier signo de vida, diagnosticado por ecografía, con anterioridad a la expulsión completa del hijo(a), independiente de la duración de la gestación”, precisa. Las clasificaciones para muerte fetal incluyen la “temprana”, con menos de 500 gramos de peso, o de 22 semanas de gestación (lo que corresponde a un aborto); “intermedia”, a edad gestacional mayor o igual a 22 semanas, y menos de 28 semanas, y “tardía”, fallecimiento del feto in útero, entre las 28 semanas de gestación y/o mil gramos de peso, y el parto. 

Cuando la pérdida ocurre más allá de las 12 semanas de gestación (sin intervención o acción intencional de producir aborto), las muertes se relacionan, entre otras, con fenómenos como hipoxia fetal (falta de aporte de oxígeno, 27%); complicaciones de la placenta y anexos ovulares (21%); complicaciones maternas del embarazo (16%); malformaciones congénitas (13%) y restricción de crecimiento (3%) explica Jonathan Vásquez, junto a Raquel Espejo, directora del Hospital de Simulación de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción.