Dios en la esfera pública

En momento en que como ciudadanos debemos y queremos decidir el futuro de nuestro país, la reflexión sobre la presencia de la fe en el mundo social cobra especial atención, sobre todo en torno al rol de los laicos.

Por Carolina Astudillo


Si hay un espacio hoy para conocer posturas u opiniones -con las que se esté de acuerdo o no-, ese es el mundo de las redes sociales, y especialmente, Twitter. No solo ello: ese mundo -tal vez reflejo de la sociedad actual- se ha vuelto un campo de batalla. Basta con un personaje, algún tema de coyuntura, y la pelota comienza a rodar. No obstante, es difícil encontrar un debate o diálogo enriquecedor en ideas. Por el contrario, las corrientes sociales actuales están buscando acallar a quien piense distinto.

Este escenario es reflejo de la vida pública, y no parece muy acogedor, especialmente en momentos en que, como ciudadanos, se está pronto a tomar decisiones importantes para el futuro de la sociedad chilena. ¿Qué tan presente está Dios en la esfera pública?

El contexto

La sociedad contemporánea está viviendo una profunda deslegitimación de las instituciones y las autoridades, junto a un fuerte individualismo, relativismo y pragmatismo, fenómenos hostiles para quienes tienen fe, y a muchos afecta en su actuar. Álvaro Ferrer, Director ejecutivo de “Comunidad y Justicia”, indica que hay diversas razones que están detrás del modo de proceder actual en sociedad. Una de ellas está en el ámbito teológico: se observa un recelo sobre aspectos sobrenaturales, y se asumen como distinguibles los argumentos de orden sobrenatural y otros de orden natural o científico. “El problema es cuando el creyente asume que es solo en el plano de la naturaleza que es posible argumentar”. 

El sacerdote Víctor Álvarez, Vicario Episcopal para la Pastoral de la Juventud, indica que es vital hacerse cargo del desafío de tener a Dios presente. “Hemos transitado de una sociedad occidental donde el cristianismo era fundante, y con el pasar de los siglos hemos visto que Dios se le ha ido relegando de la esfera pública. No tenemos a Dios tan presente, por el tipo de sociedad donde prima lo individual. No tenemos una teocracia, que sí hay en otras sociedades” explica, agregando que, en el concepto actual del hombre y la mujer, con una perspectiva individualista, se ha tomado a Dios como un competidor. 

“Nos dedicamos a quejarnos en las redes sociales, pero es poco lo que hacemos, el mal avanza cuando el bien retrocede, y eso hay que cambiarlo, lo laicos tenemos una responsabilidad ineludible”

Álvaro Ferrer, Director ejecutivo de Comunidad y Justicia

Al cerrarse esta puerta de la fe y la trascendencia, sobre todo en este contexto de pandemia, nos encontramos ante una sociedad que no se detiene a hacerse preguntas más profundas, “tratamos de responder a problemas cotidianos, se nos olvida Dios y las preguntas más profundas sobre el misterio de la humanidad y lo que tiene que ver con la dimensión trascendente de Dios”, detalla el Padre Víctor.

Ante la primacía del pragmatismo, lo espiritual ha sido relegado a un segundo plano. Esto en parte provoca que sea difícil hablar de Dios, “nuestra Iglesia ha estado muy golpeada, ha renunciado a sacar la voz, y se ha producido una suerte de orfandad, como una oveja sin pastor” indica Álvaro Ferrer. 

“Veo en la crisis de las instituciones y la política entera, la familia, la desaparición del principio de autoridad. Este principio es manifestación de Dios: la autoridad pone límites, reconoce que somos criaturas. Esto tiene por raíz y como efecto final, la dificultad de que Dios tenga relevancia. En ese sentido los laicos tienen un rol que jugar. Tenemos que dar el ejemplo. En lo privado y en lo público, falta mayor organización de los laicos. Nos dedicamos a quejarnos en las redes sociales, pero es poco lo que hacemos, el mal avanza cuando el bien retrocede, y eso hay que cambiarlo, lo laicos tenemos una responsabilidad ineludible”.

Por otra parte, desde una concepción filosófica, se presenta el problema de la existencia de Dios, y el cristiano siente que mucho se juega al tratar de mostrar su existencia, y desde el punto de vista moral, la discusión sobre la naturaleza del bien humano, indica Ferrer, tiende actualmente a una “dictadura del relativismo. (…) No es que prime la opinión individual sobre lo que es bueno o lo que es malo, lo que permea es algo más profundo y se relaciona a una teoría sobre los juicios morales, que no serían juicios sobre la naturaleza de las cosas, sino que tienen que ver con nuestras emociones. Solo serán una expresión emocional de aprobación o desaprobación sobre las cosas”. Ferrer, quien es también académico, enfatiza en que cuando se habla de moral se supone que hay que hablar de reglas claras, pero se ha olvidado la naturaleza práctica y política de la moral, y es ahí donde se esperaría que un ciudadano y un político participara en la discusión pública haciendo notar más su fe. 

En este sentido, Álvaro Ferrer apunta a que esta corriente social ha permeado al Estado, con una premisa que él considera falsa: concebir que el Estado debe ser neutral sobre nuestras comprensiones del bien humano. “El ideal de una sociedad abierta y libre, es aquella que tiene reglas claras que permiten convivir pacíficamente, pero que no ingieren en nuestra concepción particular del bien humano. Este modo de entender la razón pública, es lo que se conoce como la neutralidad del liberalismo contemporáneo. Esta ha sido abrazada por muchos cristianos por razones estratégicas” critica el abogado.

Por el contrario, dice Ferrer, el Estado no puede ser neutro, pues si pretende ordenar la vida en común, sin la existencia de Dios, ya se es militante. “Siempre hay una premisa tácita sobre la persona, y esa mirada antropológica está presente. Estoy muy de acuerdo que en la sociedad se ha mostrado una suerte de odio antirreligioso, no es casualidad ver ataques a iglesias, o un desprecio a la libertad de culto, (…) y particularmente anticatólica”, detalla el abogado, indicando que, ante este contexto, ve con preocupación el lugar que se les va a reconocer a los católicos, y a los principios fundantes, en una futura discusión sobre la Constitución. 

“La responsabilidad que tenemos los cristianos, es tratar de hacer presente la vida de Cristo en este mundo, reconocer que desde nuestra vocación bautismal, tenemos la vida de Cristo en nosotros, y estamos llamados a compartirla”

Pbro. Víctor Álvarez

Por ello, tener a Dios presentes en nuestras vidas, es para el profesional un tema de relevancia permanente, sobre todo de cara a nuestro futuro como país. Ferrer indica que será un debate fuerte, y para él una pregunta relevante es cuál será la actitud del Estado cuando reconozca la existencia de los credos. ¿Solo reconocer su existencia, o apoyarles? El Director Ejecutivo de Comunidad y Justicia señala que es de gran relevancia este punto, pues así como la Iglesia es importante para el bien común, se debe mantener el rol de apoyo del Estado reconociendo los beneficios tributarios que existen hoy en día.

Tener a Dios presente

Ante todo ese ruido social, los laicos también se deben dar espacios para la reflexión, pues para ser Iglesia misionera, hay que prepararse, sobre todo en momentos tan agitados como estos. “Falta silencio, tomar distancia, pensar mejor las cosas, hacerse preguntas en el día a día, y según eso ir tomando decisiones, sin imponer nada a nadie. Lo que normalmente ocurre es organizarnos entre los más cercanos, que es lo natural de la convivencia social. No soy muy amigo de soluciones centralmente definidas, creo honestamente que los laicos, y sobre todo los padres de familia, si reflexionamos, van a empezar acciones interesantes, aunque sean atomizadas” indica Ferrer.

En tanto, para el Padre Víctor Álvarez, debemos reconocer que tenemos un Dios de vida, que está actuando fuera de las estructuras visibles, en la entrega generosa y en las muestras cotidianas de solidaridad. “Desde ahí la responsabilidad que tenemos los cristianos, es tratar de hacer presente la vida de Cristo en este mundo, reconocer que desde nuestra vocación bautismal, tenemos la vida de Cristo en nosotros, y estamos llamados a compartirla, y discernir donde está actuando Dios para colaborar donde él se está haciendo presente”.

Esto es en cierto modo, repetirnos constantemente la pregunta ¿Qué haría Cristo en mi lugar?: Desde las cosas más sencillas, como identificar si a mi vecino le falta algo, hasta las decisiones que debamos tomar en sociedad. “Nuestra fe cristiana no tiene que ver tanto con ciertas prácticas religiosas, nuestra vida cristiana tiene que ver con un modo de vida distinta a través del don de la fe que hemos recibido” indica el vicario, recordando la nueva encíclica del Papa Francisco, Fratelli Tutti. “El Papa no solo nos habla a los católicos sino a toda la sociedad, con un hilo conductor en torno al buen samaritano. Hay muchas semillas de bien en la humanidad. A propósito de esta pandemia, nos permite destacar a hombres y mujeres, que a pesar del miedo, entregaron su vida por otros, y por otra parte, en una sociedad polarizada y con heridas, hay que buscar caminos de reencuentro. La invitación ayuda a comprometerme, y reconocer que yo también he estado botado en el camino y Dios me ha ayudado a levantarme”.