“A todos nos gustaría una cierta trascendencia”

Director de Extensión de la Biblioteca Municipal, Alejandro Mihovilovich Gratz, ha impartido clases en el Liceo Enrique Molina y en universidades. Su amor por la historia y Concepción es su sello, el que fue reconocido recientemente con el premio Ceres Comunidad.

Por Cecilia Díaz


– Al evocar su infancia, ¿cuál es la primera imagen que viene a sus recuerdos?

– La de mi abuela y de mi familia de origen griego en Arica, sus vivencias, comidas y costumbres que fui adquiriendo en esos primeros años hasta los siete, en que volví a Santiago, por barco, y pude conocer por primera vez a mi madre, ya que separada de mi padre me tuvo que enviar al año y ocho meses a vivir a Arica con mi abuela.

– ¿En qué ciudad están sus raíces?

– Mis raíces son complejas, con un padre puntarenense y una madre ariqueña, me tocó a los 15 años recorrer el país de punta a punta. Pero mi llegada a Concepción transformó mi vida y puedo decir que ha sido y será la ciudad de mis amores, donde hice mi vida de adulto y obtuve mis logros, familiares, sociales, académicos, etc. 

– ¿Qué libro influyó en sus primeras lecturas?

– Con una familia griega como la que tuve en mi infancia, en que los cuentos que me arrullaron no eran los tradicionales, sino los relatos de Ulises, Aquiles, de la Guerra de Troya tal como los cuentan ellos, creo que marcaron mi vida y luego pude volver, en la lectura de estos clásicos, a revivir esos sentimientos. 

– De las varias ciudades donde vivió, ¿en cuál están los mejores recuerdos?

– Mi adolescencia la viví con mi padre en Punta Arenas. Era un hombre excepcional y con muchos medios, lo que me permitió viajar, conocer América y lógicamente, en esta ciudad viví los amores de juventud, otros recuerdos y vicisitudes que se guardan en el alma. 

Un profesor que motiva

– En su opinión, ¿quién es el personaje más importante de la historia de Chile?

– Como penquista de corazón, Juan Martínez de Rozas, que, al igual que yo, extranjero avecindado en Concepción, tomó la ciudad como suya e impulsó, desde aquí, la Independencia de Chile.

– ¿Siente que los jóvenes han perdido interés por aprender sobre historia?

– Con 40 años dedicados a la enseñanza, pienso que es fundamental el profesor, que motive, que influya en el desarrollo del interés en los alumnos.  

– ¿Los penquistas valoran el patrimonio cultural de su ciudad?

– Hace algunos años partí con charlas en juntas de vecinos, explicando cómo había surgido nuestra ciudad a partir de la llegada de Pedro de Valdivia en 1550. Fue tal la acogida entre los vecinos, ávidos de un mayor entendimiento de su entorno, que partí, hace ya 10 años, con las visitas nocturnas guiadas en el Cementerio de Concepción. 

– Si tuviera la oportunidad de vivir en cualquier momento histórico, ¿cuál elegiría?

– Creo que el Renacimiento, pues responde a un momento histórico muy parecido al que hoy estamos viviendo con la ciencia y la tecnología. Es repensar la escala humana de las cosas y poner los avances a su disposición. 

– ¿Cuál ha sido, en su opinión, el hecho más relevante en la historia de Concepción?

– Creo que la firma del Acta de Independencia y el aporte que Concepción hizo a este proceso. El concepto de país libre y soberano nace aquí, se oficializa aquí. 

– ¿Cuáles son sus méritos como profesor?

– Difícil pregunta, pero que a uno lo saluden en la calle antiguos alumnos, es emocionante. Y, además, que se me haya reconocido con diversos premios, indicarían que al parecer algo he hecho digno de destacarse. Lo digo con la mayor humildad. 

– De todos sus libros, ¿cuál le ha otorgado mayores satisfacciones?

– Uno que está en el horno, y saldrá a la luz el 5 de octubre, día que conmemora la fundación de Concepción, sobre el nombre de las calles de la ciudad y un aporte a los fundadores y forjadores de la UdeC. 

Paciencia y tolerancia

– ¿Le gusta viajar? ¿Un destino inolvidable?

– Creo que la ciudad que más me ha impresionado y a la cual más veces he retornado ha sido Buenos Aires, impactan su cultura, bibliotecas, centros comerciales, su gastronomía y, en general, la forma de vida de los hermanos argentinos. 

– ¿Tiene algún pasatiempo? ¿Cuál?

– Conversar con mis amigos, tomar café, leer y escribir, a pesar de que, según mi nieto, “se sienta a leer, luego se para, toma un café, conversa… no hace nada, yo quiero ser como él”. Tengo la duda si es un desprecio por el trabajo intelectual o un halago. 

– ¿Le gusta cocinar? ¿Tiene alguna habilidad como chef?

– Mis amigos me reconocen como tal, y sus señoras se enojan por mis críticas. En síntesis, gozo el buen comer y la cocina, sobre todo compartida.

– ¿Tiene alguna colección?

– Tan solo mi biblioteca personal, la cual abastece a una serie de consultores que llegan a verme. 

– ¿Cuál es la clave de 40 años de matrimonio?

– La paciencia, la tolerancia y otros valores que se han ido perdiendo en la juventud, que, a la primera dificultad, toman sus cosas y se van. Debe haber cierta complicidad, amor y respeto. 

– ¿Qué tipo de música prefiere?

– Óperas y clásicos, los que con frecuencia me acompañan, tanto a mí, como a mi mujer. 

– ¿Algún placer culpable que quiera confesar?

– Vivo pensando en comer, en algún plato nuevo que ejecutar y disfrutar, en compañía de los seres queridos. 

– ¿Tiene algún sueño pendiente?

– Creo estar en la recta final, pensando en desencarnar, como decía mi padre, más que en sueños pendientes, pero con un balance positivo de todo lo vivido. 

– ¿Con qué cree que nos encontraremos después de la muerte?

-Creo que con nada, pero reconozco que a todos nos gustaría una cierta trascendencia. Es un tema complejo y, como laico, difícil de entender o explicar.