El riesgo de la indiferencia

Hoy, talvez con más ahínco que nunca, hemos de pensar seriamente cómo vamos a seguir a nivel personal, comunitario, social y político. Hemos llegado a niveles intolerables de violencia al interior de muchas familias y de las comunidades. Una sociedad donde abunda el temor, la desconfianza, no va a prosperar. 

Muchos, da la impresión que comienzan a hablar, a criticar desde el balcón, pero no se cuestionan respecto de sus propios actos, que a veces es indiferencia. Son muy diestros a la hora de mirar la paja en el ojo ajeno, pero incapaces de mirar la viga que llevan en el propio.

Es la indiferencia una de las causas de la compleja situación que estamos viviendo en Chile. La indiferencia ante el acontecer político y el no querer involucrarse activamente manifestando su preferencia en las urnas. 

Cuando no hay diálogo, cuando no hay empatía para comprender la posición del otro, cuando las ideas preconcebidas se privilegian ante una postura de escucha, es difícil que avancemos. Qué cierta la frase que escuché un día que decía: “el prejuicio está mucho más lejos de la verdad que la ignorancia”. 

Hoy están escuálidos de adherentes los partidos políticos, ello le hace daño al tejido social porque genera espacios para que personas sin las competencias, destrezas, habilidades y experiencia se hagan cargo del país. 

Eso es muy peligroso, porque genera polarizaciones que derivan en violencia y como si fuera poco se rebalsa el ambiente de frases hermosas pero inconducentes. Eso se percibe en los debates públicos. Este ambiente he penetrado en el tejido social y ha hecho crisis. Los conflictos, que suelen ser fruto de conversaciones no habidas, o mal habidas, se acentúan cada vez más y no se percibe un camino a seguir para resolverlos. 

Cuando no hay diálogo, cuando no hay empatía para comprender la posición del otro, cuando las ideas preconcebidas se privilegian ante una postura de escucha, es difícil que avancemos. Y todo ello en un clima de amenazas por doquier. Qué cierta la frase que escuché un día que decía: “el prejuicio está mucho más lejos de la verdad que la ignorancia”. 

Hoy, Chile está lleno de prejuicios. Se levantan como banderas con categoría de absolutas. Ello nos hace daño como sociedad. Sólo cabe recurrir a ese inmenso grupo de personas que viven día a día de manera honesta, que suelen ser personas de fe, que aman y cuidan su familia y que quieren un Chile más justo, más pacífico, más tranquilo. A ellos les digo que si quieren y buscan la paz, tienen que trabajar arduamente para lograrla. 

Será sus semillas de mostazas plantadas en sus barrios, comunidades, trabajo, familia las que darán buenos árboles en los cuales podremos encontrar buena sombra. Llegó la hora de vencer la indiferencia, de bajarse del balcón y asumir con responsabilidad un rol más protagónico. 

Para ello las elecciones son un espacio privilegiado, sino el único que nos permita salir de esta situación en la que nos encontramos, que como me lo ha dicho muchas gente, nos da miedo. A los creyentes, los invito a que este compromiso lo asuman con mucha fuerza. Cada uno desde sus lugares donde habitan y trabajan es mucho lo que pueden hacer. La oración, el testimonio de fe, esperanza y amor, y el compromiso por la paz, puede ir generando una corriente de diálogo que, de seguro, nos llevará por buenos caminos.