Sobre la fraternidad humana y la amistad social

Pbro. Víctor Álvarez Tapia

Vicario Pastoral de la Juventud


“Fratelli Tutti” se llama esta tercera Encíclica del Papa Francisco, que son las palabras con las cuales comienza esta carta, citando un escrito de san Francisco de Asís, que se dirigía a todos los hermanos y las hermanas, para proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio. El tema de fondo que aborda el Papa es sobre la fraternidad y la amistad social, firmada el 3 de octubre junto a la tumba del santo de Asís.

En un espíritu profético, el Pontífice quiere iluminar y encauzar diversos aspectos que se dan en nuestra sociedad, teniendo la parábola del Buen Samaritano como hilo conductor de la carta Encíclica. En este sentido, nos anima a hacernos prójimos de los demás, para construir una vida digna, con un proyecto común para todos, teniendo una atención especial con los más débiles y frágiles de nuestra sociedad.


Pero así como esta pandemia, hay otras tantas situaciones que viven millones de hermanos y hermanas de las cuales tenemos que hacernos cargo. El Papa nos invita a cuestionarnos que significan hoy la democracia, la libertad, la justicia y la unidad. Es una invitación a romper los paradigmas en los que nos encontramos y transitar hacia la cultura del encuentro, teniendo como base la capacidad de escuchar al otro, a pesar de las diferencias que nos puedan separar. 

Siempre hay tiempo para recomenzar y sin la necesidad de esperar que otros lo hagan por uno

Por otro lado, es una llamada a la esperanza, ya que Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien. “La reciente pandemia nos permitió rescatar y valorizar a tantos compañeros y compañeras de viaje que, en el miedo, reaccionaron donando la propia vida”. (54).

Siempre hay tiempo para recomenzar y sin la necesidad de esperar que otros lo hagan por uno. Nos pide que “seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos” (77)

Nos propone, pensar y gestar un mundo abierto con otros, que tenga en el centro un amor universal, que promueva a las personas y eso implica diálogo, y amistad social. Así como también una mejor Política, puesta al servicio del bien común.(154)

En su carta nos dirige palabras que nos interpelan profundamente, sobre todo en el contexto que vivimos como país, cuando afirma que necesitamos caminos de reencuentro “En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia”.(225) y eso implica recomenzar desde la verdad, donde “la verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas”.(227)

Para todo esto las religiones deben estar al servicio de la fraternidad en el mundo. (271)
Una Encíclica que nos invita a replantear muchos aspectos de nuestra sociedad y que nos conecta con el mensaje siempre actual de Jesús, que brota del evangelio.